29 de diciembre de 2009 15:38 PM
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Mejorando el ensilaje

Obtener la mejor calidad de un forraje puede ser una tarea difícil y complicada. Los forrajes son la parte predominante en las raciones del ganado lechero y una de los factores determinantes en la rentabilidad de la empresa. La calidad de un forraje se ve afectada por varios factores, y la meta de un productor deberá ser controlar tantas variables como le fuera posible para maximizar la calidad de sus forrajes.

Hablar de la calidad de forrajes ensilados implica un reto extra, ya que hay que tomar en consideración las variables durante el proceso de conservación que pueden afectar la calidad final del forraje.

Ensilar no mejora la calidad del forraje. La calidad del forraje que se obtiene al final en un forraje ya ensilado no será mejor que la calidad del forraje original que ingresó al silo (Hutton, 2003).

Una vez que se tiene un forraje ya ensilado, los componentes del resto de la ración deberán ajustarse en base a la calidad del ensilado que se obtuvo con el fin de alcanzar las metas de producción que se hayan establecido. Los ensilados de mala calidad pueden tener serias implicaciones:

* Que no sea posible alcanzar las metas de producción.
* O bien, para poder alcanzar esas metas será necesario recurrir al uso EXTRA de otros ingredientes.

Esto puede tener consecuencias financieras significativas y serias

Es por eso importante que uno de los objetivos de la producción de forrajes ensilados sea mejorar (o perfeccionar) las prácticas de manejo del ensilaje para: a) maximizar lo más posible la calidad de los forrajes que serán ensilados, y b) maximizar la "conservación" de esa calidad durante el proceso de ensilaje, asegurando que llegue al ganado.¿Cómo se determina la calidad de un forraje ensilado?

La calidad de un forraje nos indica su aporte de nutrientes. Como con cualquier forraje, para conocer el valor nutritivo de un ensilado es necesario determinar su contenido de: humedad (materia seca), proteína cruda (PC), proteína degradable en rumen (PDR) proteína no degradable (PND), extracto etéreo, cenizas, fibra ácido detergente (FAD), fibra neutro detergente (FND), energía neta de lactación, nutrientes digestibles totales (NDT), lignina y almidón (en el caso de cereales como el maíz).

El hecho que los nutrientes estén presentes no implica que puedan ser utilizados por el animal. Es por ello importante determinar su "digestibilidad", particularmente de la FND. La digestibilidad de la FND (Figura 1) se utiliza para estimar el contenido energético de los forrajes (Hoffman y Combs, 2004).

En el caso de los ensilados, además es necesario hacer un análisis del resultado del proceso de fermentación. Los análisis de fermentación también contribuyen a determinar la calidad de un forraje ensilado. Estos análisis incluyen determinación de: pH, ácidos láctico, acético, propiónico y butírico, amoniaco y etanol. Los valores de estos análisis pueden ayudarnos a saber si el proceso de fermentación fue excelente, promedio o deficiente.

En algunos casos los análisis de fermentación pueden explicar el pobre valor nutritivo de un ensilado o bien el bajo consumo de éste, pero esta información no se puede utilizar para balancear una dieta (Kung y Shaver, 2001). Esta información debe utilizarse en conjunción a la de un análisis bromatológico (FAD, FND, PC, etc).

Principales factores que afectan la calidad de un ensilado

* Genética.
* Población de plantas (densidad de siembra).
* Estado de madurez a la cosecha.
* Procesamiento mecánico.
* Uso de aditivos en el ensilaje.
* Proceso de ensilaje y manejo durante la alimentación.

Es bien sabido que la producción de leche depende en gran medida de la cantidad de energía que consume una vaca. Además de la energía, la vaca requiere de fibra para el funcionamiento normal de su rumen. Por lo que la necesidad de un forraje altamente energético es obvia.

Por ello el ensilaje de la planta completa de maíz es con frecuencia una decisión acertada para programas de alimentación de ganado lechero. Además de ser un forraje altamente energético, el rendimiento de energía digestible por hectárea es mayor comparado con otros cultivos. El número de plantas que se siembran, las condiciones de crecimiento (riego, fertilización) y las prácticas durante la cosecha determinan no sólo el rendimiento de materia seca por hectárea, sino también el valor nutritivo del forraje que se ensilará.

La selección del material genético que se sembrará es fundamental, ya que puede influir en el resultado final de tres maneras manera: 1) rendimiento del material cosechado (ton MS/ha), 2) contenido de grano del forraje cosechado (en el caso de maíz) y 3) digestibilidad del forraje.

El contenido de grano puede variar significativamente entre híbridos en una etapa similar de madurez. El porcentaje de grano puede variar de 20 a 50% del total del forraje cosechado (en base seca). Igualmente existen diferencias en la digestibilidad de la fibra, de manera que la selección del material genético adecuado deberá hacerse no sólo en base a su rendimiento potencial, sino también tomando en cuenta en la calidad del forraje que se podrá producir (Cuadros 1 y 2).

Además de la selección del material genético y del manejo agrícola que se haga hasta la cosecha del forraje, es importante considerar el efecto que las prácticas que se realicen durante la cosecha y el ensilaje pueden tener sobre la calidad del ensilado.

Es crucial para la calidad de un ensilado determinar el momento oportuno de la cosecha. En el caso de la alfalfa recientemente un estudio realizado en Québec, Canadá (Brito et al., 2007) muestra el impacto que pueden tener las condiciones al momento de la cosecha sobre el ensilaje de producto y el desempeño del animal.

En el estudio se cosechó alfalfa por la mañana (6 AM) y por la tarde (6 PM) observándose que la alfalfa segada por la tarde tenía un contenido mayor de azúcar y carbohidratos totales no estructurales (12.6 % vs 9.9 %). El henilaje de esas alfalfas se ofreció como única fuente de forraje a vacas en el segundo tercio de lactación. El consumo de materia seca y la producción de leche fueron mayores para el grupo de vacas que consumió el henilaje de la alfalfa cosechada por la tarde. Se reportó en esas vacas un contenido menor de nitrógeno ureico en leche, lo cual sugiere una mejor utilización del nitrógeno con ese henilaje.

Igualmente en relación al efecto que tienen las prácticas de manejo durante la cosecha y el ensilaje, se ha reportado que el ancho de los camellones de la alfalfa durante el proceso de secado previo al ensilaje no sólo tiene un efecto sobre el tiempo de secado de la planta, sino también sobre la calidad final del henilaje.

Un estudio de la universidad de Delaware (Kung Jr. Et al, 2007) reporta no sólo una reducción del tiempo de secado con camellones más anchos (2.45-2.75 m vs. 1.2-1.5 m), sino que la alfalfa de los camellones anchos al momento de ser ensilada tenía un contenido mayor de carbohidratos solubles en agua (que representa más sustrato para la fermentación bacteriana) que resultó en un menor pH del ensilado.

El uso de aditivos biológicos tiene también un efecto sobre la calidad final del ensilaje (Uriarte-Archundia et al., 2002). El uso de inoculantes bacterianos permite tener un proceso de fermentación más eficiente con una mayor y mejor conservación de los nutrientes presentes en el forraje.

Conclusión:

Es evidente que son varios los factores que determinan la calidad de un ensilado. Para poder alcanzar las metas productivas y hacer de la producción de leche un proceso rentable, es importante hacer énfasis en el programa de producción y ensilaje de forrajes, considerando aspectos como la genética de los cultivos y su manejo pre y post-cosecha.

Ma. Estela Uriarte Archundia, Ph.D.
"Memorias del III Congreso CLANA, México 2008"
Asociación Mexicana de Especialistas en Nutrición Animal, A.C

Fuente:

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