29 de diciembre de 2009 21:40 PM
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Uruguay    –    Cuál estrategia de desarrollo

La rápida recuperación de los mercados de exportación luego de la crisis global de 2008, junto a la ágil respuesta de las cadenas agrarias, han contribuido decisivamente a la sustentación del ritmo de inversiones y al dinamismo de la producción, el empleo y las exportaciones del país. Se ha superado la crisis mundial y la severa sequía 2008/09. Los pronósticos coinciden en anunciar para 2010, la recuperación de los niveles de crecimiento que se venían registrando desde la salida de la crisis 2002.

El año 2009 quedará como un diente de sierra imperceptible en una tendencia de crecimiento que hará posible superar el subdesarrollo en pocos años. Esta prosperidad ha permitido fortalecer las políticas sociales, la educación y la salud y hoy es viable programar inversiones que habían quedado rezagadas, como la seguridad, la generación energética o la infraestructura logística. Pero el crecimiento de la riqueza, es apenas una condición necesaria para fundar el desarrollo. Nos queda pendiente el componente que caracteriza más categóricamente a las sociedades desarrolladas que es la equidad social. Es el aspecto en el cual hemos tenido peor comportamiento en las últimas décadas. Hemos presenciado un proceso de descomposición de la sociedad que ha causado los principales problemas que hoy percibe la ciudadanía. Hemos aprendido a producir riqueza, pero no estamos construyendo una sociedad equitativa. Alcanzar estos logros, no es un problema de plata y de reparto como generalizadamente se concibe, sino de estrategia, de inteligencia y de calidad de procesos. El espectro político ha cobrado conciencia acerca de esta debilidad de nuestro desarrollo y desde todas las tiendas se aspira a lograr un mejoramiento sustantivo en el futuro próximo. En lo que hay menores coincidencias es acerca de cuáles son las herramientas mas apropiadas para lograr resultados positivos con costos compatibles con el crecimiento económico. Modelos de apoyo a las MIPYMES1 Aunque los límites son difusos, las políticas de cohesión social podrían separarse en dos conjuntos. Por un lado, las mas "blandas" y asistenciales, como la seguridad social, la atención de los segmentos vulnerables de la población y la atención de emergencias. Por otro lado, las más "duras", orientadas a fortalecer el capital humano, elevar la productividad y los ingresos, mejorar el acceso al empleo y la promoción de las MIPYMES. De estas últimas cosas, trata esta nota. Desde diversas agencias del Gobierno, se implementan políticas que difieren substancialmente. Por un lado se impulsan políticas orientadas a alentar la inversión, la competitividad y la innovación. Existen instrumentos para favorecer la inversión extranjera, el acceso a mercados externos, la elevación de la productividad, los ingresos y el empleo de calidad. Sin que signifique una postura oficial, se respira respeto por emprendimientos como Botnia, Stora Enso, los pool de siembra, las actividades que se desarrollan en las zonas francas, las TICs, el puerto y el aeropuerto, la Bolsa de Valores, las alianzas público privadas, el mercado de capitales los incentivos al emprendedor. Se trata del tipo de estrategias que siguen los países que son más exitosos en el logro simultáneo de la prosperidad y la equidad social. Respecto de la MIPYMES, los enfoques apuntan a elevar la competitividad a través de instrumentos que giran alrededor del concepto de incubadoras de empresas. Herramientas enfocadas al fortalecimiento de las capacidades humanas, tanto individuales como colectivas para superar los problemas que enfrentan las MIPYMES. Crear capacidades para viabilizar el acceso a las oportunidades, como concepto antagónico con el de facilitar el acceso deprimiendo las exigencias competitivas. Cuando se habla del sector rural, la visión es casi la contraria. Se enjuicia la inversión extranjera, la forestación y la expansión agrícola. Precisamente los fundamentos que explican la explosión productiva del agro y del país, y que constituyen el principal sustento del aumento de la riqueza que ha permitido tantos logros para mejorar el bienestar de la gente. Las políticas diferenciadas que se impulsan para la agricultura familiar, consisten esencialmente en crear una cápsula de protección para mantener un statu quo. Se subsidia la tierra y el crédito, y se levantan barreras a la importación, haciendo a la explotación permanentemente dependiente del favor de políticas y burócratas. El foco no está puesto en el fortalecimiento de la innovación y la competitividad, sino en la creación de un ambiente protector. Más que aportar recursos al desarrollo, se trata de sustraer recursos al resto de la sociedad. El sustento conceptual de la estrategia, es pariente cercano de las propuestas de los organismos multilaterales de cooperación y financiamiento, de las tradiciones agraristas latinoamericanas de 70 años atrás, o de la ya olvidada Alianza para el Progreso. Son estrategias concebidas para realidades completamente diferentes a las que predominan en nuestro país. Dirigidas a contextos que ofrecen muy reducidas oportunidades para un desarrollo productivo competitivo y sostenible. Asimismo, una elevada proporción de la población habita el medio rural en condiciones de marginalidad y pobreza, con escasas oportunidades para mejorar. En ese entorno, se explica que las estrategias vayan por la vía de las transferencias del resto de la sociedad hacia el campo. En nuestro país, las condiciones son las opuestas. No hay ningún sector de la economía más competitivo que el campo. El potencial de los recursos humanos, la aptitud de los recursos naturales, las instituciones, y la organización para la producción, soportarían un desarrollo productivo incalculable. Estamos entre los productores de mayor competitividad del planeta y como empezamos mucho después, la velocidad que tendremos en los años que vienen permitirá lograr metas insospechadas. En la actualidad, la principal limitante para acelerar el crecimiento, es la disponibilidad de recursos humanos calificados. No existen restricciones de financiamiento, ni en el potencial de los suelos, ni en los mercados ni en la tecnología. En este contexto no tiene sentido proponerse un modelo austero de desarrollo, dependiente del favor burocrático y basado en transferencias del resto de la sociedad. Siguiendo a Sen2, se podría repetir que el desarrollo consiste esencialmente en la libertad para elegir, la cual se pierde cuando la suerte está tutelada. La libertad es una resultante de las capacidades individuales y colectivas. Habría que desconfiar entonces de los modelos en los cuales el destino depende de favores permanentes y de decisiones ajenas tomadas por motivaciones que también son ajenas. Como muchos gobernantes lo tienen claro, el modelo debería ser más parecido a Nueva Zelanda que a Centroamérica, y la estrategia debería estar fundada en viabilizar el acceso universal a oportunidades que parecen infinitas. Escala, productividad, e ingresos Los avances en la tecnología, la gerencia y la organización empresarial, contribuyen a la elevación de la productividad. Nuevas prácticas de gerencia y la adopción de nuevas tecnologías hacen posible y a la vez requieren mayores escalas de producción. Es una regla de la historia. Mayor escala significa mayor productividad y consecuentemente mayor remuneración del trabajo y mayores rentas del suelo. No así respecto de la remuneración del capital y de la empresa cuyos retornos no se elevan con el progreso técnico. El aumento de la remuneración del trabajo y de la tierra representa a su vez, el principal incentivo para la elevación permanente de la productividad. En menos palabras, el aumento de la productividad, la generación de riqueza y el bienestar material, estarán permanentemente asociadas a la escala de producción. Si a través de las políticas se ponen límites a la escala, se garantizará una reducción de la productividad del trabajo y consecuentemente de los ingresos empresariales y salariales. Datos del BPS permiten ilustrar el concepto, comparando los salarios percibidos según tamaño de las empresas. Tamaño de la empresa Salario promedio ($) Microempresas 3.526 Pequeñas empresas 7.665 Medianas empresas 11.775 Grandes empresas 17.129 Como muchas veces se ha comprobado, las MIPYMES suelen caracterizarse por la autoexplotación del trabajo familiar, ya que las remuneraciones que se obtienen son muy inferiores a las que alcanzarían como trabajadores asalariados. En este contexto, habría que tener claro cuáles serían los argumentos para invertir en el fortalecimiento de un sistema que no satisface los objetivos del desarrollo nacional. Consolidar esta circunstancia, es consolidar la pobreza, a menos que se eleve el nivel de vida a través de transferencias permanentes empobreciendo a otros. Los efectos no deseados de las transferencias Cuando se impulsan modelos basados en transferencias provenientes del resto de la sociedad, habría que tomar en cuenta el conjunto de efectos que se derivan de esta estrategia. En muchas partes se ha estudiado y se ha llegado a ciertas recomendaciones. Entre las principales: • Las transferencias, deben ser técnicamente correctas. Esto quiere decir que debe estar adecuadamente explicitado qué es lo que se persigue y conocer que el instrumento que se emplea es el más eficaz para lograr el objetivo y el de mejor balance entre costos y beneficios. Por ejemplo, para enfrentar las debilidades de las mipes3 rurales, es mucho mas barato y da mejores resultados mejorar la educación que distribuir tierra. Establecer una familia en una fracción de tierra tiene un costo superior a los U$S 350.000. Lógicamente, por su costo, una solución para muy pocos. Por su parte el costo de educar a un niño durante 15 años no supera los U$S 50.000, y se garantiza su inserción en actividades de alta productividad y remuneración, ya sea como empleado o como empresario. • Deben ser transparentes, en el sentido que las transferencias no estén ocultas trasmitiendo distorsiones en cadena. Si un productor de pollos tiene problemas de ingresos, es preferible hacerle mensualmente una transferencia directa de ingresos antes que prohibir la importación de pollos y elevar así el precio de los pollos en el mercado local. De esta forma se favorecería a algunos productores que no necesitan subsidio, se encarece el consumo, se reduce la competitividad general de la economía y se perjudica el consumo de los ciudadanos de menores ingresos. • Deben ser transitorios. No tiene sentido favorecer actividades productivas que eternamente necesiten asistencia para subsistir. • También deberán ser equitativos. Instalar a un tambero con 100 has le cuesta al Estado más de U$S 300.000 por familia. ("El Timote") Al ser tan caro, muy pocos pueden recibir ese beneficio. Establecer a 2.500 nuevas familias con fracciones del INC, tendrá un costo cercano a los U$S 1.000 millones. Y solamente se habrá atendido a poco más del 1% de las 193 mil microempresas que registra el BPS. No parece ser una política ni equitativa ni replicable. Si efectivamente se persigue el bienestar rural, habrá que buscar otras vías más prácticas. Un conjunto de dilemas espera una reflexión esencial En estos momentos de efervescencia de ideas y programas debiera estudiarse cuál es la estrategia óptima para perseguir la equidad de acceso a oportunidades en el medio rural. El modelo colonizador, junto al cierre de mercados y el manejo de transferencias más o menos caprichosas, con fondos que operan con una gran informalidad, no parece ser un camino eficaz y mucho menos viable por el altísimo costo por familia que involucra. Por su parte, mientras se habla de escuelas de tiempo completo para contextos críticos, la escuela rural sigue siendo una escuela donde se aprende poco y no allana el camino para fortalecer una educación ulterior que facilite la inserción en la vida económica. El problema son los plazos. Una estrategia basada en el fortalecimiento de las capacidades, madura más lentamente que un subsidio por la sequía, el perdón de deudas o el arrendamiento de una fracción por valores muy por debajo de los de mercado. Pero una cosa es diseñar una estrategia de transición y otra, consolidar un modelo que depende permanentemente de un pulmotor. Sería una buena cosa poner en discusión una doctrina que tiene 70 años. Pero también existen otros dilemas sobre los cuales sería necesario tener mayores coincidencias para fundar el rumbo de las políticas y los instrumentos para combinar crecimiento con equidad. Entre ellos, se podrían mencionar dos grandes capítulos: la concentración de los negocios y la extranjerización de los mismos. Aquí surge otra cuestión: ¿habría que prohibir la inversión extranjera y poner límites a la dimensión de los negocios, o habría que democratizar las capacidades y los instrumentos, para que muchos más agentes compitieran y participaran en estos negocios? Son respuestas largas y desafiantes. El tipo de respuestas inexcusables para aspirar a un desarrollo equilibrado. l 1 MIPYMES. Micro, Pequeñas y Medianas empresas 2 Amartya Sen, economista indio, premio Nobel de Economía 1998 por su contribución a la Economía del Bienestar. Nueva Zelanda  En Nueva Zelanda, el tambo promedio produce unos 10mil litros diarios. Unas 10 veces más que el tambo promedio en ROU. Se trata de empresas de mayor escala, lo cual les permite aproximarse al óptimo de la tecnología y la gerencia. Asimismo, se trata de un país donde el Estado es barato y a cambio de los impuestos que recauda, devuelve a los ciudadanos servicios de calidad. En conjunto, la eficiencia privada y la eficiencia pública, hacen posible que el salario mínimo de los peones de tambo sea de U$S 2.000 mensuales y las rentas (y los precios) de la tierra entre 6 y 8 veces mayores que las nuestras. Todo para producir la misma leche que aquí producimos y que se vende al mundo al mismo precio. Es una buena ilustración de lo que significa "costo país" Aquí, los pequeños tambos sin escala no pueden –ni podrán con las medidas que se trata de implementar– pagar salarios razonables, ni remunerar aceptablemente la mano de obra familiar ni hacer frente a las rentas de mercado.

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