29 de diciembre de 2009 21:40 PM
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INAC  :   Darle cristalinidad al mercado

En extenso diálogo con El País Agropecuario, aprovechando como ocasión la próxima presentación de los resultados del año y también del ejercicio quinquenal en el que le tocó ejercer la presidencia de INAC, Luis Alfredo Fratti reconoce que para tener una visión que contemple todas las partes, debió desprenderse de su condición de dirigente rural, sector con el que se encuentra consustanciado y al que afirma que la sociedad le debe un reconocimiento y mayor apoyo, especialmente a los pequeños productores y a los pobres del campo.

Fratti, hoy con 53 años, es un veterinario y productor rural de Cerro Largo, proveniente de filas del Partido Nacional, que se vinculó con el sector del entonces senador Mujica antes de las elecciones del 2004, de quien se declara temprano seguidor, con quien ha desarrollado una estrecha relación personal y por quien dice tener cariño. Fratti ejerció la titularidad de la gestión del organismo cárnico durante el actual gobierno y habrá de continuar durante el próximo, según ha trascendido. Nuestro entrevistado afirma haber recibido de Mujica un apoyo sólido mientras este fue ministro de ganadería, lo que es fundamental para llevar adelante la tarea en la que se encuentra. INAC cuenta con unos 150 funcionarios fijos y otros 30 zafrales, que se contratan cuando se necesitan, pero que no integran la plantilla. Fratti afirma que el Instituto, además de las funciones conocidas podría y debería desarrollar otras actividades, como la capacitación y formación de posgrado de profesionales vinculados a la producción de carne. Así, ingenieros de la industria de la alimentación, veterinarios, también agrónomos, químicos, y hasta ingenieros y arquitectos especializados en la construcción de instalaciones industriales. "La carne es como nuestro petróleo y tenemos que saber mucho más" (de este recurso), afirma enfáticamente. –Termina un año complicado para el sector cárnico, que arrancó con grandes incertidumbres pero lo termina con buenas perspectivas, ¿cómo lo está viendo desde INAC? –Arrancamos el año con augurios de todo tipo, como que iba a venir un tsunami, pero desde INAC decíamos que el país estaba mejor preparado que en el pasado para soportar una crisis. El tiempo nos dio la razón: no sólo no hubo recesión, sino que vamos a terminar con un crecimiento del 2 % del PBI. En la carne, nosotros consideramos al 2008 como un año burbuja, absolutamente excepcional, porque operaron factores especulativos –no solo en la carne sino en todos los commodities–, que inflaron los precios artificialmente: hubo momentos del año pasado donde no se concretaban los negocios porque la carne subía todos los días. Era como una calesita: los compradores querían comprar más y los vendedores retaceaban porque quedaban desactualizados frente a los valores que cambiaban. Faena y exportaciones Este año se da un hecho inédito: en el 2º semestre se va a faenar más que en el primero. Esto demuestra la gran adaptabilidad del sector productivo a los problemas –climáticos en este caso–. Exportaremos tal vez unas 10 mil toneladas más que en el 2007, por tomar un año normal. Si sacamos el 2008 podemos trazar una gráfica que incluya el 2004 y tenemos un precio en dólares ascendente: este año vamos a cerrar con promedios en torno a los U$S 2.500 por tonelada carcasa, unos U$S 300 por encima del 2007, La crisis va a afectar menos a Uruguay que a otros países. Ocurre en el mundo algo parecido a lo del mercado interno: cuando aumenta el ingreso los que aumentan el consumo son las capas medias y bajas. Incluso en los países de alto consumo de cerdo y de pollo, si mejoran su poder adquisitivo aumentan el consumo de carne vacuna, la vedette de las carnes. –Precisamente: ¿considera que los buenos precios externos se están reflejando cabalmente en el precio de la hacienda? –Actualmente hay una diferencia del 12% entre el precio de la carne exportada y el de la hacienda. En el 2008 fue el año que hubo el mayor desacople: en algunos meses fue hasta 40%, con ganancias extraordinarias de la industria. En 10 años el promedio de la diferencia entre los precios era del 6%; en algunos años fue 0 y en otros 10–12%, como ahora. Crisis y señales La crisis no tuvo la profundidad que se decía que tenía por parte de la industria: no perdimos todos los mercados, ni siquiera dejamos de vender a Rusia, que era el principal. Se pasaron mensajes erráticos a la producción. Precisamos sustentar la producción, pero las señales que le pasamos son como un carro con una rueda cuadrada: una vuelta y un golpe. Algunos operadores anunciaban el Apocalipsis: en la ganadería hay años difíciles pero nunca hay Apocalipsis. Lo que afectó fue la falta de financiación, que en (el comercio de) la carne es muy importante, porque son montos voluminosos. Hubo algunos negocios que se renegociaron, pero no hubo rechazo de carne uruguaya, barcos que volvieran con carne. Sí ocurrió que algunos brokers estaban subidos al carro de la especulación y compraban más de lo que podían colocar y tuvieron problemas financieros. Actualmente las empresas industriales están trabajando bien, y así lo reflejan sus balances. En su momento, con los productores podrá haber habido alguna renegociación de los ganados comprometidos, alguna adecuación a los precios más bajos, pero fueron acuerdos entre privados que se cumplieron. Por lo menos no hubo denuncias. –Entonces: el complejo cárnico transcurrió por una de las crisis más graves sin quiebras significativas, mostrando una fortaleza económica y financiera interesante. –En el largo tiempo los precios de exportación pasan a los productores, pero cuando hay desacoples muy importantes, aunque sean puntuales, es muy negativo para la producción (afirma enfáticamente): el problema es que no existe "cadena" en la carne, es un brutal error de la intelectualidad agropecuaria de nuestro país afirmar lo contrario; una cadena requiere que los distintos eslabones se reúnan a negociar condiciones de comercialización, precios y demás, para potenciarse sinérgicamente, con beneficio para todos, y nada de eso ocurre acá. Hay ocasiones, como en el verano pasado, cuando los criadores debieron vender a muy bajo precio sus terneros "porque hay seca, se les dijo"; que es como decir: "si producís mucho te pago menos", lo que da una pésima señal a la producción. Se requieren precios inclusivos, que conformen a todos, el (kilo de) ternero tiene que valer 30 o 40 % más que el de novillo gordo, como en todas las ganaderías que funcionan bien. Esto viene sucediendo desde siempre y así no vamos a desarrollarnos, hay que encontrar la manera de resolver el problema. Para poder entorar hay que destetar precozmente a los terneros, y mejorar la comida de las vacas, pero eso requiere más dinero, más trabajo, más riesgo, y si la industria, que es la que maneja la colocación de la carne en el exterior, me dice que para el futuro sólo tiene incertidumbre, que caen los precios, entonces no hay motivos para invertir y arriesgar: ´me quedo con las vacas falladas para invernar y no me complico´. El contrasentido es que la industria sabe que la ganadería es un sector pujante y que ha invertido mucho en sus fábricas, porque cree en el negocio. Uruguay va en camino a ser un líder mundial en calidad de carne y no se pue- den dar señales equívocas que perjudiquen ese proceso. Lo que diga el ministro de ganadería o el presidente de INAC no tiene importancia, porque ninguno de los dos compra ganados: la gente se guía por realidades. Por eso hoy tenemos herramientas que pueden ayudar, como el novillo tipo, aunque va a llevar bastante tiempo hasta que la producción pueda usar e interpretar fluidamente este indicador. Apuntamos a dar mayor información, más cristalina y democratizada, haciéndola visible para todo el mundo, no solo a los especialistas. El año próximo vamos a publicar dos veces por semana el precio de la hacienda, y el novillo tipo, que se actualizaba cada tres meses, ahora se va a llevar a un mes, porque vimos que la variabilidad mensual no es tan importante. Actualidad de los mercados. Los principales destinos actuales son Rusia y la Unión Europea, con el NAFTA como alternativa. En breve va a aparecer carne de Argentina y Brasil, pero nos ayuda la seriedad, el cumplimiento de los compromisos, la imagen de país serio de Uruguay. El NAFTA es un piso, un reaseguro que permite afirmar la negociación, por lo menos hasta que vendamos mayores productos diferenciados. México se está acomodando para exportar carne a algunos mercados que tiene abiertos, como Japón, y no competir tanto en el mercado interno como hoy lo hacen. Hoy están en crisis, por el contagio de EEUU, y los proyectos de adecuar las plantas frigoríficas están parados. Estamos impulsando negocios con algunos restoranes. Seguimos teniendo un par de veterinarios mexicanos, con poco trabajo, pero el año próximo espero que podamos exportar carne ovina con hueso a México, y eso sería un batacazo. Por ahora solo nos habilitaron carne ovina sin hueso Tenemos una muy buena relación con el ministro actual –Secretario de Agricultura–, que asumió hace un par de meses. Él coincidía con nosotros en el sentido de que la carne ovina ofrece menos riesgo que la vacuna, aunque siempre entramos primero a los mercados con la vacuna, lo que desde el punto de vista técnico no tiene sentido. En ese país, el consumo ovino es muy alto, y compran en Australia y Nueva Zelanda, algunos casos en pie. La ventaja que esos países tienen con nosotros al venderle a los países árabes es la que tenemos nosotros para venderle a México: la cercanía, y además el Tratado de Libre Comercio; ellos tienen que pagar aranceles de más del 20 %. Los temas sanitarios son fundamentales, pero también las decisiones políticas, que sirven para destrabar: México nos abrió para la carne ovina antes que abriera USA, lo que parecía impensable. Otros El ministerio está desbordado atendiendo misiones de los países asiáticos, algunas debieron ser pospuestas para el año próximo. Nosotros esperábamos que se abriera Corea, lo que es inexorable, pero nos equivocamos en los tiempos. En este momento está una misión cubana, un mercado pequeño pero importante para la diversificación. No sólo por el popular tasajo (carne Montevideo, la llaman); tiene potencial para colocar cortes nobles en el circuito turístico, restoranes de lujo, hoteles. Reciben 2,5 millones de turistas al año, la mayoría europeos de alto nivel de consumo: los platos valen lo mismo que en los mejores restoranes europeos. El consumo local No quiero dejar de mencionar la labor de INAC en el mercado interno: no solo por las garantías que se le otorgan al consumidor sino también por administrar las tensiones en el mercado interno. Este mercado no había sido considerado con la importancia que tiene. El año pasado, cuando la carne en el mercado internacional se disparaba teníamos el problema de cómo hacer para que no se desplomara el consumo interno, y ahí el INAC jugó un papel en administrar ese mercado, consiguiendo un precio diferencial para el mercado interno y esa actuación demostró que cuando hay voluntad se administra en beneficio general. Ahora hay un aumento en el precio internacional y en el mercado interno tenemos estabilidad. En cuanto a la promoción de los mercados exteriores, nos posicionamos en las ferias y en el comentario de los demás, mediante los acuerdos con los restoranes (el franquiciamiento de la marca). También impulsamos la marca país: era muy fácil que la carne uruguaya se vendiera como de otro origen, como "carne argentina"; ahora puede empezar a cambiar. Todas las cajas de carne que salen del país, sea de carne vacuna, ovina, de cerdo, equina, o de ave, llevan el logo de las barras y el pasto, de Uruguay, dónde está ubicado en el mundo, lo que también va en los cortes envasados al vacío. Iniciamos un camino, el tiempo va a decir si teníamos razón. Algunos compradores no estaban contentos, compran con envases de su propia marca, pero después de un período de ajuste, se convino en que llevan también la marca país. Lo hicimos en consenso con la industria frigorífica, si no, no hubiera sido posible. Es una obligación autoimpuesta que se reglamentó desde INAC. Después del 1º de noviembre está plenamente operativo. –La Trazabilidad y las Cajas Negras: ¿estas son las principales innovaciones? –A estas cosas todavía no les damos el valor que tienen. Habrá un antes y un después. Les sacamos una ventaja indescontable a los competidores. Hay problemas, como en todas las cosas nuevas. Lo de las cajas negras completa la trazabilidad y eso se está haciendo en conjunto con el SIRA. Nos da posibilidades de información que ni siquiera estaban calculadas. En minutos se consiguen datos fundamentales sobre movimientos de ganado, orígenes, destinos. Cuando les mostramos a las delegaciones del exterior los sorprende. El proyecto de cajas negras compitió en el mundo con proyectos tecnológicos de todos lados y salió cuarto, detrás de unos del Departamento de Estado de USA. –¿Las haciendas no se deberían pagar por calidad de carne? –Eso va a demorar: no nos podemos sal-tear etapas. Hay que cristalinizar el proceso, hay mucha desconfianza entre la producción y la industria. El primer paso sería pagar los ganados por la balanza antes del dressing, dato objetivo que se conoce con precisión, que se procesa por los técnicos de INAC sin influencia de ningún tipo. El productor, aunque se le explique que el dressing se realiza de acuerdo a un reglamento, al haber plantas que tienen 4% de pérdida en el dressing y otros 12%, con un promedio de 8%, hace muy difícil al productor saber dónde queda su ganado. Si no acordamos en este punto, tendremos problemas para avanzar en otros puntos más complejos, como los pagos por calidad, los que vienen después del dressing. Esos deberían pactarse previamente como un premio a un precio base acordado antes del dressing, en la 3ª balanza. Se dice que los novillos buenos subsidian a los malos, porque hay un mismo precio para todos. –El diferente porcentaje de merma en el dressing, ¿no corresponde a que se trata de animales diferentes, o es la mano del operario la que hace la diferencia? –Es la mano, afirma rotundamente. El dressing es una operación industrial, que se hace para el mejoramiento de la res, como el desosado, y le corresponde a la industria determinar cómo lo va a hacer, de acuerdo al mercado hacia el que va a destinar su carne; el productor no incide nada ahí. Por eso es que los negocios deberían pactarse en base al peso antes del dressing, aunque en la práctica todavía no se concretan negocios en esta modalidad.

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