29 de diciembre de 2009 21:55 PM
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Uruguay   –   Cosechón triguero

La cosecha de trigo es histórica. Pese a los problemas que trajo el clima (con un Niño que provocó una primavera extremadamente llovedora), la nueva agricultura uruguaya está demostrando que aún en condiciones difíciles es capaz de expresar un gran potencial. Un área triguera de cerca de 550.000 hectáreas y un rinde que se ubicará en torno a 3,4 ton/há (nuevo récord histórico), llevan la producción a un volumen sin antecedentes, estimado en 1.850.000 toneladas (ver gráficas 1 y 2). Los más optimistas aún mantienen que se pueden alcanzar los dos millones de toneladas

El sistema de siembra directa con cultivos continuos -que mejora año a año el potencial de las chacras-, asociado a nuevas y mejores variedades de trigo, y nuevos insumos agroquímicos, explican la tendencia reciente de crecimiento en los rindes. A su vez, la moderna gestión de las nuevas empresas agrícolas y las inversiones en maquinarias de mayor capacidad de trabajo, permitieron al sector agrícola levantar una enorme producción, que derivará en un gran volumen de exportación con el consecuente ingreso de divisas al país. Lamentablemente, no todo el trigo es de aptitud panadera. Al momento de elaborar esta nota, se estimaba que entre 5 y 10% del volumen total debía ser destinado a uso forrajero, por problemas de pregerminado: la lluvia provoca la germinación prematura del grano, lo que no lo hace apto para panificación. El problema se diagnostica por un bajo Falling Number (FN). Este problema se dio sobre todo en el norte y noreste del país, donde se registraron las mayores lluvias justo cuando el trigo estaba pronto. Esto implicará un volumen estimado entre 100.000 y 150.000 toneladas de trigo forrajero, una cantidad de grano impactante en términos históricos que equivale a la mitad de la última cosecha maicera. Sin embargo, hay que poner las cosas en su justo contexto; si Uruguay mantiene o incrementa su cosecha triguera (algo previsible dada la dinámica agrícola), será frecuente la presencia de importantes volúmenes de trigo forrajero, año a año. Para el chacarero que tiene el problema, obviamente no es agradable, pero no hay mal que por bien no venga: el trigo forrajero podrá ser consumido a su justo precio por la ganadería o la lechería. En la zona sur (Colonia, San José) los trigos tienen ciclo más tardío y por eso se registró una presencia mayor de fusarium, con algunos lotes muy afectados. Pero el problema no es generalizado y los rendimientos –si bien menores al potencial que mostraba el cultivo previo a la cosecha– serán buenos también en dicha zona. Así, el grueso de la producción triguera no tuvo problemas de calidad serios, si bien el Peso Hectolítrico (PH) promedio de los lotes es menor al de años previos, por efecto de las lluvias (el trigo "se lava"). Esto provoca cierta preocupación en el sector, tanto en productores como en exportadores. Sucede que las últimas cosechas uruguayas habían generado un trigo excelente, que había sido muy bien valorado en la industria molinera brasileña, su principal destino. Este año, no se llegará a cualidades similares. El bajo PH no descarta al trigo como panificable, pero reduce su rendimiento industrial, con el consecuente mayor costo para el molino. Según productores y empresas originadoras de grano consultadas por nuestra revista, el asunto no es serio, pero genera problemas en la comercialización. El Peso Hectolítrico (PH) mínimo para que el trigo se considere grado 1 (la mejor categoría), es 78, y la mayor parte de los lotes registra valores cercanos a ese nivel. Con valores entre 76 y 78 de PH, el trigo es grado 2. Si cae por debajo de 74, es posible que el comprador no lo considere trigo pan, pero estos casos son excepcionales. La discusión pasa por los descuentos que se aplicarán cuando estos parámetros no dan la mejor categoría. También aparecen algunos problemas de fusarium en numerosas chacras del Sur, cuya cosecha está todavía en marcha al cierre de esta nota, lo que deja abierta otra incertidumbre negativa. Exportadores y comercializadores consultados, se mostraron algo más preocupados. Expresaron que Uruguay tendió a comprometer una calidad que le será difícil cumplir, al menos en todos sus embarques. "En las últimas zafras, Uruguay había logrado emparejar sus precios con los del FOB argentino y trabajar sin descuentos. Este año, es posible que esos descuentos vuelvan dado que la calidad no es la mejor", señaló a El País Agropecuario Andrés Mesa, de LDU. Teóricamente, es posible diferenciar trigos y manejar distintos grados, pero para Uruguay, pequeño exportador, esto no es tan sencillo: el país había comprometido una determinada calidad y salir ahora a plantear que la misma no se logró, es un problema. "El cliente siempre tiene la opción de reclamar lo comprometido o ir a otro mercado, como el argentino, donde la calidad se consigue", nos explicó Fernando Villamil, de Agrosud. Este escenario genera cierta incertidumbre sobre lo que puede suceder con los embarques cuando la comercialización exportadora avance, a lo largo del año próximo. Los principales exportadores tuvieron reuniones a mediados de diciembre para discutir estos asuntos y definir criterios comunes. Vuelven a reunirse por estos días para tomar definiciones ya con la cosecha terminada. Lo mismo a nivel de la Mesa del Trigo, donde productores, industriales e instituciones de investigación han trabajado para hacer recomendaciones sobre cómo gestionar el trigo en condiciones adversas y qué pautas de comercialización manejar. Algunos lotes de trigo han sido recibidos como "condicionales", con bajo FN y a la espera de nuevos análisis para ver su calidad final. De todas formas, la cosecha uruguaya es buena y ya se han registrado más de 3 embarques de trigo desde Nueva Palmira, con precios que se han afirmado, entre otros factores porque la región enfrenta una escasez muy grande de trigo, consecuencia del gran consumo brasileño y la históricamente baja producción argentina (ver gráfica 3). Al cerrar esta nota los valores del trigo puesto en Nueva Palmira se ubicaban en torno a 210-215 U$S/ton. Logística "No hubo cinco días corridos de trabajo", nos comentaba un técnico desde Paysandú, con cierta frustración. La lluvia no solo afectó directamente la calidad del trigo en algunas chacras, sino que complicó las tareas de cosecha, que sufrió permanentes interrupciones, aumentando los costos. Esto se combinó con los problemas de calidad, que obligaron a segregar algunos trigos, todo lo cual generó varios problemas logísticos. "Por suerte hay una gran capacidad de cosecha, con nuevas sembradoras de gran rendimiento", remarcó Oscar Tersaghi, técnico de Cadel Consultores (Young). Las cosechadoras de última generación pueden levantar hasta 100 hectáreas por día y se han constituido en el eslabón más fuerte de la cadena. "La cosechadora no puede estar parada y -si no hay camiones- embolsamos el grano y luego lo transferimos al silo cuando haya flete", nos explicaba un productor desde Soriano. Además, al hacerse la agricultura en siembra directa, las máquinas pueden reiniciar la cosecha pocas horas después de la lluvia. "Hace unos años, una cosecha con un clima como este podría ser caótica, pero hoy es posible gestionarla con más agilidad", agregó Tersaghi. Todo esto permite aprovechar más los días aptos. Sin embargo, también genera presión sobre el resto de la cadena logística, que presenta algunos cuellos de botella. El más notorio han sido los secaderos. En una cosecha normal, el trigo no necesita ser secado, pero este año –al inicio de la cosecha– los productores optaron por levantar el cultivo con humedad, para evitar que nuevas lluvias comenzaran a provocar más problemas de germinado. Por eso hubo que secar muchos lotes (la mayoría en el norte y litoral-centro). Así, si bien las empresas incorporaron recientemente nuevas capacidades de depósito y secado, era frecuente ver largas colas de camiones ante los recibos, con la consecuente com-plicación para los camioneros. Todo esto generó muchos problemas y algunos enojos, pero visto con más distancia pueden catalogarse como los "dolores del crecimiento" propios de un sector que aumenta su capacidad de producción. Prácticamente todas las empresas están desarrollando procesos de inversión en infraestructura (silos, recibos, laboratorios), y los transportistas han invertido en nuevos camiones, con las ventas llegando a niveles récord (ver gráfica 4). Se confirma así el impacto multiplicador de la agricultura, que moviliza el comercio local, la construcción y la industria. Considerar la exportación de granos como "primaria" y sin valor agregado es equivocado: de hecho, es uno de los sectores más pujantes y modernos de nuestra economía y ha liderado la recuperación del PBI en Uruguay, como lo muestran las propias cifras oficiales. La cebada, "para atrás" Todo lo dinámico que se presenta el trigo, contrasta con una zafra de cebada mala, en todo sentido. Por un lado, el clima afectó más seriamente a este cultivo, que madura antes y por tanto fue más perjudicado por las lluvias de primavera. Además, la cebada es un grano que se comercializa "vivo" (tiene que mantener el poder germinativo para poder transformarse en malta), lo que lo hace más sensible a los problemas de germinado y humedad (tiene limitaciones en el secado, que no puede ser llevado al extremo de matar el grano). Por todo esto, hubo al comienzo de la zafra varios lotes rechazados en los recibos de las malterías. Se generó una situación irritante para muchos productores, que se enfrentaron al hecho de no poder comercializar su grano, pagando fletes de ida y vuelta. Las malterías -al menos en principio- no estuvieron a la altura de las circunstancias: productores consultados por esta revista, llegaron a estimar que cerca de la mitad de la cebada debía ser comercializada como forrajera. Pero el Gerente Agronómico Regional de Ambev (la principal maltería), Gustavo Astuni, rechazó ese extremo e informó a El País Agropecuario que su empresa flexibilizó el estándar de recibo. Lo normal es que se acepte grano con 98% de poder germinativo, aceptándose un mínimo de 95%. Este año, dijo Astuni, se redujo la exigencia a 90%, en función de los problemas. "Con esta flexibilización, estimamos que el porcentaje de cebada no mal-teable va a estar entre 5 y 8%", agregó. Remarcó que la cosecha comenzó muy complicada, con cerca del 80% de la cebada que llegaba húmeda y, por lo tanto, era difícil acondicionar en depósito. Desde el punto de vista de los productores de cebada, hubo otros dos factores que sumaron al descontento: por un lado, problemas en los lotes de semilla a la siembra, con denuncias de mezclas de variedades. Al respecto, Astuni no quiso hacer comentarios y se remitió a remarcarnos que "todos los productores que plantearon problemas, tuvieron una solución". El otro punto es el precio: en cebada se forma en un 80% según el precio del trigo en Chicago, por lo que hubo un rezago respecto al trigo de entre 25 y 35 U$S/ton, pues el precio del trigo local está recibiendo el beneficio de un mercado regional entonado. Esto motivó a muchos productores a dejar la cosecha de algunos lotes de cebada para el final para priorizar el trigo, lo que es excepcional (uno de los beneficios de la cebada, precisamente, es cosechar antes, para entrar temprano con la soja de segunda). No cabe duda que la cosecha de invierno puso a prueba no solo la capacidad logística del sector, sino también los vínculos comerciales entre todos los actores. En aras de mejorar el funcionamiento de la cadena, sería de-seable que las pautas de calidad a aplicar en la cosecha estén mejor definidas previamente y no que sean discutidas en plena cosecha. Lo clave es mantener la transparencia en el mercado y manejarse con criterios objetivos, segregando lo que es diferente –a pesar de tratarse de un mercado de commodities– y manteniendo la confiabilidad entre los actores comerciales. Ni más ni menos. Más allá de todo esto, pese a las dificultades que trajo el clima y los problemas con la calidad del producto, la zafra de invierno arroja buenos retornos promedio para los agricultores, que ya piensan en la zafra de verano.

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