1 de noviembre de 2011 23:33 PM
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La FAO dice que fracasó la política de Moreno / Echegaray

El Foro de la Cadena Agroindustrial Argentina se reunió en la ciudad de Santa Fe, y es interesante conocer qué ocurrió en el evento. Un economista de la FAO sostuvo que las restricciones no consiguieron reducir los precios internos (limitaciones impuestas por Guillermo Moreno, desde Comercio, y Ricardo Echegaray, cuando estaba en la ONCCA). Y hubo un documento: “El aporte de la agroindustria: hacia un progreso sostenible”.

El economista senior de FAO (Food and Agriculture Organization, dependiente de la ONU) y especialista en el análisis de las negociaciones agrícolas de la OMC, Ramesh Sharma, consideró durante la 8va. Jornada del Foro de la Cadena Agroindustrial Argentina que se realiza en la ciudad de Santa Fe, que las políticas de restricciones adoptadas por varios países “no han  conseguido de que se reduzcan los precios internos” de los productos que utilizan como insumos a los commodities, por ejemplo el pan,  los quesos, y otros derivados de insumos primarios.

 
Al disertar de la 8° Jornada del Foro de la Cadena Agroindustrial Argentina que se realiza en la ciudad de Santa Fe,  Sharma advirtió que se ha “visto un mayor intervencionismo de parte de los gobiernos en la economía granifera”.

“Las restricciones a las exportaciones son impopulares, pero en muchos países las aplicaron, entre ellos la Argentina”, aseveró Sharma 
 
El especialista instó a “promover el diálogo y el debate en este tema para ver cómo se puede volver a implementar buenas políticas”.
 
“En el caso de un país grande como la Argentina  entra en juego los términos  de intercambio, entonces el bienestar total puede ser positivo o negativo, pero dependiendo del poder de su mercado, y esto se convierte en un problema  internacional, porque lo que uno hace tiene implicancia para otros países”, indicó Sharma.
 
Sharma declaró que “los países puede imponer impuestos a las restricciones, no hay límites”,  pero recalcó que los que “aplicaron las restricciones ocasionaron muchos problemas”.
 
Regúnaga
  
A su vez, el ex secretario de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, Marcelo Regúnaga, destacó que el sector agroindustrial “puede contribuir al crecimiento económico de la Argentina, en la significativa generación de empleo y en el eje básico de lo que es el desarrollo regional y la integración territorial del país”
 
“Argentina está viviendo circunstancias muy especiales que le brinda el contexto internacional una oportunidad histórica para que el país pueda crecer de una manera sustentable, con un sector que tiene un alto potencial de crecimiento como es el sector de las cadenas agroindustriales”. 
 
 Al respecto, remarcó en la necesidad de establecer una “política de Estado a largo plazo para promover  el crecimiento del empleo,  la economía y el desarrollo territorial de la Argentina”.
 
Regúnaga  sostuvo que la cadena agroindustrial tiene un “un enorme potencial en todos los sectores”.

“Estamos convencidos que el  bienestar de la sociedad argentina depende en buena medida de cómo evolucione su agricultura, sus agroindustrias y sus proveedores de insumos y servicios”, agregó Regúnaga.
 
ara el ex secretario de Agricultura, “en la mayor parte de los territorios las cadenas agroindustriales son las principales fuentes de crecimiento de la producción y del empleo”.
 
Documento
 
El Foro difundió un documento que sintetizó las ponencias, compiladas por el economista Enrique Szewach:
 
 
1. La favorable evolución de los términos del intercambio (precios de nuestras exportaciones vs. precios de nuestras importaciones), de los últimos años, parece responder no sólo a la coyuntura particular de la debilidad del dólar y la liquidez global, si no a cambios estructurales de largo plazo:

a) Cambios en la demografía y crecimiento de la clase media global.

En los últimos veinte años 1.200 millones de personas salieron de la pobreza extrema y en los próximos veinte se espera que se
incorporen, al menos, 1.000 millones más. Mayor demanda de alimentos más sofisticados.

b) Demanda creciente de biocombustibles.

c) Mayor producción de materiales biotecnológicos por razones económicas y, sobre todo ambientales.

2. La Argentina en las últimas décadas tuvo un salto espectacular en su producción agroindustrial resultado de un marco institucional adecuado para la adopción y difusión de nuevas tecnologías, y por la estabilidad de las reglas macroeconómicas y específicas para el sector. El cambio fue luego potenciado por el incremento de los precios, pero fue previo y simultáneo. El efecto cantidades no debe ser subestimado. La producción pasó de 20 millones de toneladas a casi 100 millones y el valor de las exportaciones más que se duplicó, llegando a los 30.000 millones de dólares.

3. Se generó una nueva organización de la producción. Un cambio estructural en las cadenas de valor, en el empleo y en la
“democratización” del uso de los avances tecnológicos.

4. Sin embargo, en los últimos años el entorno institucional se ha ido desdibujando. Las sociedades exitosas han resuelto el dilema entre eficiencia y distribución, con las señales adecuadas para maximizar la producción y redistribuyendo ingresos a través de la política de gasto público.

5. La Argentina, en cambio, actúa con medidas regulatorias, impositivas y de controles de precios que tienen efectos negativos sobre la producción, mientras el gasto público no necesariamente llega a los sectores más necesitados, ni en cantidad, ni en calidad.

6. Un ejemplo típico de lo antes descripto fue la intervención en el mercado de la carne. Se mantuvieron los precios controlados, se prohibió la exportación y el resultado fue la fuerte caída de la oferta, la duplicación de los precios al consumidor en dos años y la merma del consumo interno y de las exportaciones.

7. Otro tanto sucedió en el mercado del trigo y el maíz, en dónde apenas llega a los consumidores de más bajos recursos el 20% del costo total para los productores de los derechos de exportación y las restricciones cuantitativas, mientras el resto se filtra a consumidores de mayores recursos y a otros sectores y competidores externos.

8. Por lo tanto, resulta razonable eliminar las restricciones cuantitativas y, gradualmente, los impuestos a la exportación. Para esto último se requiere un rediseño de la política fiscal en sentido amplio incluyendo, el sistema impositivo, el gasto público y la Coparticipación Federal. Estos cambios más las mejoras institucionales, adecuadas negociaciones internacionales para abrir mercados, la inversión en infraestructura y en educación, permitirían aprovechar plenamente el escenario global.

9. La política social hacia los sectores de menores recursos puede canalizarse aprovechando el esquema ya existente de transferencias directas de dinero a través de tarjetas de débito, sin intermediarios y con incentivos a la educación y capacitación.

10. La macroeconomía para hacer compatible estas políticas con la competitividad del resto de los sectores productivos de la Argentina, requiere una política fiscal, monetaria y cambiaria moderadora del ciclo y de la expansión de la demanda, para evitar una caída insostenible del tipo de cambio real.

11. el problema del tipo de cambio real no surge por sobreoferta de divisas, sino por un manejo procíclico de la demanda agregada, del gasto público y de la política de ingresos.

12. Como lo prueba la historia argentina y lo sucedido en los últimos años, subir los salarios en términos reales de manera sostenible en el tiempo,requiere reducir los costos de capital en sentido amplio y crear espaciofiscal para compensar y financiar la transición de otros sectores. El dilema no es agro o industria, es macroeconomía sustentable o insostenible. Esta macroeconomía insostenible es la que ha impedido el desarrollo del sistema financiero y el mercado de capitales en moneda local. Por ejemplo: La relación préstamos al sector privado/PBI no supera el 14%, mientras es el 57% en Brasil, o el 90% en Chile. Si se toman países con dotación de factores originalmente similares a la Argentina, como Australia, Nueva Zelanda o Canadá, esta relación sube al 127%, 147% o 128%, respectivamente.

A modo de síntesis, entonces:

1. La evolución del mundo emergente seguirá permitiendo que vastos sectores de la población mundial abandonen la economía de subsistencia y la pobreza extrema, y se incorporen a la actividad económica más organizada, con cambios importantes en sus patrones de consumo, en particular de alimentos.

2. Estos cambios en los patrones de consumo hacia alimentos de mejorcalidad, implican una gran oportunidad para los países con capacidad para producir dichos alimentos.

3. Asimismo, se avizora un crecimiento sostenido de la demanda de biocombustibles y de otras variantes de la producción de base biotecnológica durante las próximas décadas. También aquí se presenta una oportunidad importante.

4. Este aumento de la demanda a un ritmo naturalmente superior a la evolución de la oferta, permiten proyectar términos del intercambio, precios relativos, altamente favorables hacia los commodities alimenticios y sus derivados de mayor valor agregado.

5. La Argentina produjo un salto de gran magnitud en su producción agroindustrial, gracias a la combinación de cambio tecnológico, un ambiente institucional favorable a la difusión de las nuevas tecnologías; estabilidad de las reglas de juego macroeconómicas y cambios extraordinarios en la organización de la producción, el Management y la calidad de los recursos
humanos.

6. Estas condiciones, en especial las referidas a la estabilidad de las reglas macroeconómicas, y a la incorporación de innovaciones tecnológicas, se han desdibujado en los últimos años, y están poniendo en riesgo la evolución futura
del sector o, al menos, no se generan las condiciones para maximizar la producción agroindustrial en sentido amplio, desincentivando la diversificación, y la ampliación de cadenas de mayor valor agregado en el sector.

7. Estas limitaciones de la política económica a la maximización de la producción agroindustrial han perdido el sustento teórico y empírico. Como seseñalara, los términos del intercambio parecen presentar un cambio estructural favorable y el sector, en su nuevo esquema de organización de la producción demanda más empleo y de mejor calidad.

8. El uso de derechos y restricciones cuantitativas a la exportación como mecanismos para independizar el precio interno de los alimentos, del internacional y favorecer a los sectores locales de más bajos recursos resulta poco efectivo. En algunos mercados, como el de la carne, desincentivó tanto la oferta, que los precios al consumidor se duplicaron forzando una baja del
consumo. En el caso de otros productos, las filtraciones hacia sectores de mayores ingresos y la redistribución en contra de los productores primarios han sido de magnitud. Los derechos de exportación se han convertido sólo en un recurso fiscal más y las restricciones a la exportación, en instrumentos discrecionales y poco efectivos para su propósito original.

9. Por lo tanto, la eliminación de las restricciones cuantitativas pueden hacerse de inmediato sin efectos sustanciales sobre los precios pagados por los consumidores de más bajos ingresos, que, en todo caso, podrían ser ayudados de otra forma. Mientras que los derechos de exportación, podrían ser gradualmente eliminados en el marco de una reforma fiscal, impositiva, del gasto público y de la coparticipación federal. De esta manera se generaría un esquema de incentivos a la producción agroindustrial diversificada, no sólo por los efectos precio directos de estas medidas, si no también por la importancia de una “señal” institucional de esta naturaleza sobre las decisiones inversión de mediano y largo plazo.

10. Los supuestos efectos negativos de una sobreoferta de divisas por el crecimiento de las exportaciones agroindustriales, sobre el tipo real de cambio, no deben ser imputados a dicha mayor oferta de divisas, si no a la política fiscal, monetaria-cambiaria y de ingresos procíclica que aceleró y acelera la caída del tipo de cambio real, por alterar los precios relativos artificialmente.

11. En ese sentido, lo que se impone es una política macroeconómica compatible con un escenario internacional favorable a la exportación agroindustrial y no limitar las mismas, conspirando contra el crecimiento y el progreso.

12. Estos cambios macroeconómicos deben ser acompañados por modificaciones en el marco institucional general y particular del sector y por acciones positivas en las negociaciones internacionales, de manera de amplificar los efectos benéficos de dichos cambios y facilitar la transición del resto del sector productivo de bienes y servicios para adaptarse a las nuevas
condiciones globales.

13. Es necesario complementar lo arriba expuesto con una aceleración de la inversión en infraestructura de transporte y logística que permita canalizar eficientemente los incrementos de producción, reduciendo, a la vez, los costos y la discriminación en contra de las regiones más alejadas de los centros de consumo y los puertos de exportación.

14. Todo esto debe ser acompañado de una política educativa que permita la oferta de capital humano calificado y que brinde genuina igualdad de oportunidades.

15. Y de una política social de ayuda a los sectores de menores ingresos, con subsidios directos a la demanda, con transferencias automáticas y sujetas a contraprestaciones educativas y de formación laboral, para reducir la dependencia de dichos sectores a la ayuda pública, con su inserción en el mediano plazo en el mercado de trabajo.

Martes 1 de noviembre de 2011, Ciudad de Santa Fe
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