4 de noviembre de 2011 17:31 PM
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“Demasiado poco, demasiado tarde…” (Susana Merlo)

Lo mismo que opinan los principales analistas económicos internacionales respecto a las medidas para contener la crisis europea, especialmente la griega, parecen valer ahora para la Argentina que, tras 101 meses de Administración Kirchner, recién parece descubrir que buena parte de los subsidios son insostenibles, además de arbitrarios, injustos y discrecionales.

La revelación alcanza, además, al valor del dólar y a la interpretación de las razones por las que la fuga de capitales viene siendo una constante desde hace tiempo en el país.
¿Demasiado poco, demasiado tarde?
Las medidas económicas adoptadas con urgencia por el Poder Ejecutivo durante el fin de semana pasado no sólo dejaron una sensación de precariedad e improvisación, sino que también provocaron alteraciones adicionales en la economía y asustaron más de lo conveniente al público.
Mientras tanto, el rockero ministro de economía tuvo un aterrizaje forzoso. Lógicamente, hasta que se ponga en autos de los problemas, después de tantos meses de shows y campaña política, le va a llevar un tiempo. Pero en algún momento los costos saltan y la improvisación se nota. Y eso ocurre justamente ahora.
También es lógico que para algunos funcionarios constituya una sorpresa que apenas una semana después de haber ganado holgadamente las elecciones, muchos de los que pusieron el “voto político” a favor, ahora estén preocupados – e inquietos – por sus ahorros y fondos, mientras los problemas reales del país, que venían contenidos, comiencen a evidenciarse geométricamente lo que es acentuado, en algunos casos, por la propia actitud oficial.
El campo, naturalmente, no es ajeno a la situación general, aunque en muchos aspectos se le adelantó esta crisis.
Por caso, el brutal desfase de cultivos a favor de la soja, y en detrimento de cereales como el trigo y el maíz, provocados por la intervención oficial en los mercados agrícolas, ya lleva más de 5 años.
Y no es solamente el tema de las retenciones, reimpuesto en 2002 y en crecimiento continuo desde entonces, sino las “otras” intervenciones como los cupos, Roes, manejo arbitrario de los registros de exportación, controles de precios disfrazados y otra cantidad de etcéteras que significaron transferencias millonarias de recursos del campo hacia otros eslabones comerciales e industriales; sumado al resultado del achicamiento relativo de las áreas de cultivo a favor de la Reina Soja, a la sazón, la que más divisas y recursos fiscales deja.
Con la carne pasó algo similar al forzar precios de quebranto para los ganaderos, especialmente criadores, durante al menos 5 años. El resultado fue que se perdió más de 20% del rodeo, la Argentina cayó a sus mínimos históricos en exportación (incluso por debajo de los vecinos como Uruguay), el kilo vivo pasó de US$ 0,70 hasta picos superiores a los US$ 3; ante esto el sistema frigorífico colapsó y, como si fuera poco, los consumidores tuvieron que dejar de comer carne por la suba extraordinaria en los precios de mostrador.
Que decir de la leche estancada en su producción desde hace 10 años, mientras siguen desapareciendo tambos. Y así sucesivamente.
El campo perdió mucho, pero la Argentina perdió más.
Mientras se cuidaba (mal) la “Mesa de los argentinos”, se descuidaban los costos internos que seguían impertérritos su escalada, en tanto discrecionalmente se derivaban fondos a sectores “más amigos”, o mejores lobistas, y se catalogaba a los críticos y a los que alertaban sobre lo que sucedía como “opositores”.
¿Hacía falta tanto tiempo para darse cuenta lo que sucedía realmente?
¿Había que perder las reservas energéticas y una cuarta parte del rodeo vacuno para caer en la cuenta de los errores cometidos?
¿Tenían que destrozarse gran parte de las exportaciones agroindustriales, las más competitivas que tiene el país, con un dólar tan bajo que sacó de mercado a muchos rubros y empresas?
¿Alcanza ahora con que se prometa “liberar” el 40% o el 60% del mercado de granos del año que viene, o que a último momento, por necesidad de divisas, decidan permitir vender los miles de toneladas acumuladas que no habían permitido hasta ahora, provocando un feroz quebranto en la ecuación de las empresas agrícolas?
¿Alguien lo va a creer? Y, aún si fuera así, ¿de que sirve si la próxima campaña ya está jugada y los efectos habría que esperarlos recién para la de 2012/13?
Ahora muchos se preguntan si estas nuevas restricciones al mercado cambiario son otro “Roe” de la economía. Y, ¿terminarán con el mismo resultado que su aplicación tuvo con la energía, las vacas, el trigo o la leche?

Desde ese punto de vista entonces no hay muchas dudas que lo que se vio hasta ahora es “demasiado poco, demasiado tarde…”

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