5 de noviembre de 2011 10:55 AM
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Diversificada y profesionalizada

En la Estancia Buena Esperanza sumaron a la ganadería el arroz y la agricultura en secano, entre otras actividades productivas, y avanzan en la mejora de la gestión de la empresa familiar.

 

 Esteban Villasante, Roberto Matarazzo Sword, Jorge Bulman, Iván Krumrick y Fabricio De Zan, integrantes de la empresa. Foto: SANTIAGO FIOROTTO

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LOS CONQUISTADORES, Entre Ríos.- Hasta hace poco menos de quince años, la Estancia Buena Esperanza no escapaba a la geografía típica de la zona, con campos dedicados a la producción mixta vacuno-lanar. Adquirido hace 130 años por la familia de origen escocés Sword, este establecimiento de 11.300 hectáreas, ubicado a 530 kilómetros de la Capital Federal, en el norte entrerriano, logró hacerse reconocido en la región por haber desarrollado un Hereford homogéneo y con alta calidad. Hoy, también, está con una fuerte apuesta por el Braford. Sin embargo, en los últimos años emprendió un doble proceso: diversificar sus actividades y profesionalizarse. Fruto de la diversificación ya se realiza casi una decena de actividades. Además de la cabaña de Hereford y Braford, se incorporaron el cultivo de arroz, un semillero para este mismo cereal, la agricultura en secano con soja, trigo y maíz, la producción de forrajeras para semilla -además del uso para el propio establecimiento-, sigue la ganadería ovina y con una cabaña para lanares y, además, ahora se está abriendo paso la forestación con eucaliptus para madera de calidad o postes de alumbrado. “En esta superficie, la intensificación con muchas actividades no tiene límites”, señaló Jorge Bulman, gerente general. “Apuntamos a una diferenciación por valor agregado”, agregó Roberto Matarazzo Sword, integrante de la familia propietaria y en la actualidad administrador de El Albión, otra estancia de la firma en Centeno (Santa Fe).

 Si se mira una foto general de facturación del establecimiento, en la actualidad el cultivo de arroz representa un 40% de esos ingresos, la ganadería un 35% -aquí está incluido el aporte del 2,7% de las ovejas- y la agricultura un 25 por ciento.

“Tomando como comparación a los últimos tres años, el arroz tuvo un margen bruto de 540 dólares por hectárea, mientras la ganadería y la agricultura en secano están en el orden de los 180 dólares por hectárea”, señaló.

Pero con la diversificación llegó otro proceso: la profesionalización de una empresa históricamente familiar. Y esto significó varias cosas a la vez: incorporación de tecnologías -para la cabaña de Braford, por ejemplo, se puso en marcha un programa de transferencia embrionaria; capacitación, búsqueda de asesoramientos y la formación de equipos de trabajo permanentes.

De hecho, Matarazzo Sword, que antes de meterse en el campo se desempeñaba en el rubro de la producción de cine, también encaró una capacitación en manejo de empresas y mercados durante dos años.

“Buscamos mentes abiertas, capaces de escuchar y absorber lo que opinan los profesionales en determinadas áreas. Queremos que si alguien está a cargo de, por ejemplo, la siembra, escuche al especialista que le determina el agua útil en el campo. Ejecutamos el conocimiento de los expertos”, ejemplificó Bulman.

En este contexto, con este campo la firma integra el CREA La Paz y con el que posee en Centeno forma parte del CREA La Calandria.

“Sabemos que la figura de un administrador full time que sepa todo no existe. Por eso, nos basamos en dividir dos grandes áreas, una de producción con un equipo ejecutor [Fabricio De Zan, Iván Krumrick y Esteban Villasante] apuntalado por profesionales externos en arroz, agricultura de secano, sistematización de suelos, reproducción animal, sanidad animal, transferencias de embriones y el grupo CREA. Por otra parte, tenemos una área de administración contable y financiera [con Octavio Baldezari] donde tenemos una persona entrenada en la modalidad agropecuaria, que tiene como soporte un programa contable y de presupuesto adaptado a nuestra propia empresa”, comentó Bulman, encargado de coordinar las diversas actividades.

El equipo permanente ronda las 25 personas.

En este contexto, Matarazzo Sword precisó que, en medio del recambio generacional que se produjo en la empresa, el objetivo fue “proponerse nuevos desafíos sin dejar de lado lo que se hacía bien”.

A pura diversificación

En cuanto a sus numerosas actividades, en Buena Esperanza tienen como estrategia hacer crecer los diferentes negocios.

 

  • En el caso de los Hereford y Braford que tienen aquí, la apuesta es pasar a vender 300 toros en dos años y 500 en algún momento. Este año estuvo en 270 toros, entre las dos razas.
    Por lo pronto, y últimamente en línea con la recuperación de los precios ganaderos, el negocio va en alza. “En quince años, nuestro promedio de ventas de toros Hereford fue de US$ 1000 y el promedio de este años estuvo por encima de los US$ 3500 dólares”, contó Bulman.
    En el campo hay 1500 vacas Hereford y 1500 vientres Braford. Y tiene 1100 toros en stock, entre las categorías de un año, dos años y por cumplir tres años.

 

 

  • Arroz. El cultivo irrumpió en 1998 y lo hizo para diversificar más los ingresos en una zona óptima para producirlo. Como característica del lugar, el promedio de lluvias ronda los 1300 mm, medidos desde el año 1917, concentrados en verano y los suelos son vertisoles.
    En más de una década de producción ya se cosecharon más de 95.000 toneladas. Para el cultivo de más de 1000 hectáreas se utiliza una enorme represa que provee agua para el riego (ver aparte).

 

 

  • Semillero de arroz. Se trata de otros de los negocios para diversificar la empresa. El semillero de arroz nació hace dos años, va a estar en el mercado en cinco a seis años, y ya apunta a lograr, entre otros pilares, selección, pureza genética y “tolerancia cero” para el arroz colorado.

 

 

  • Agricultura en secano. En 2004 empezó la producción en secano con los primeros lotes de maíz. Hoy toda la agricultura en secano ocupa unas 2000 hectáreas y, además de maíz, se hacen soja y trigo.
    “Tratamos de cumplir una rotación del 33%”, explicó Iván Krumrick, responsable de producción.
    En materia de rindes, los promedios son de 65/70 quintales en maíz, 24 en soja y 30 quintales en trigo. En este último cultivo, considerado en la empresa como muy estable para la zona, se usan materiales de ciclos intermedios cortos y largos.

 

 

  • Ovejas. En este rubro, el campo tiene unos 2000 lanares Rommey Marsh que comparten los potreros con las vacas. Además, a campo también funciona una cabaña de estos ejemplares.
    “Se trabajó desde los inicios en lograr un animal carnicero y fecundo, haciendo hincapié en el peso de vellón, largo de mecha, finura, color, tacto, estilo”, dicen en el establecimiento.

 

 

  • Forestación. En la empresa también tienen decidido diversificar con este rubro. Para ello, ya decidieron empezar con 50 hectáreas de eucaliptus que pueden servir para madera de calidad o postes de alumbrado.

 

“Nuestro principal cultivo es la diversificación”, dice Bulman, con razón por todo lo que se hace aquí.

semillero de forrajeras

Se siembran forrajeras como raigrás y avena. Todos los años se destinan parcelas que se cosechan para semilla. Y se utilizan para uso propio y venta para productores. “Producimos entre 30 y 40 toneladas de raigrás por año y este año incorporamos avena”, expresó Iván Krumrick, responsable de producción. Según Jorge Bulman, gerente general, con un raigrás para semilla se puede obtener un margen semejante a una soja de 24 quintales, con 250 dólares. “Eso se logra con un raigrás de 750 kilos. En un año bueno se puede tener un raigrás de 1400 kilos”, indicó.

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