7 de noviembre de 2011 15:45 PM
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La cadena agroindustrial busca un nuevo pacto con el gobierno

El test de los mercados agrícolas durante la primera etapa de la crisis internacional revalorizó el rol de la cadena agroalimentaria en un contexto turbulento”.

El investigador del Ieral, Jorge Vasconcelos, ofreció una clave para entender por dónde pasa la estrategia de las corporaciones de agronegocios para establecer un nuevo pacto con el gobierno.
La octava reunión del Foro de la Cadena Agroindustrial, una instancia de análisis, coordinación de políticas y lobby que reúne a 40 entidades representativas de toda la cadena agroalimentaria, fue el escenario en el cual desde este poderoso y heterogéneo complejo se procesó el nuevo mapa que se abre a partir del 54 por ciento de los votos cosechados por Cristina en las últimas elecciones presidenciales.
O, como ilustró a los hombres de los agronegocios el experto en política internacional Juan Tokatlián, la secuencia que une el 22 por ciento de Néstor kirchner, el 45 por ciento de Cristina en 2007 y el 54 por ciento de la presidenta en su reelección. “Esta es la secuencia que entendió el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, cuando pidió una reunión con la jefa de Estado pocos meses después de haber salteado a la Argentina en una gira internacional”, subrayó.
La pregunta es si los referentes de la agroindustria comparten esa lectura. Para Rubén Ferrero, quien reemplazó a Mario Llambías al frente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), “hay señales que invitan a dejar atrás el pasado”.
Entre las entidades que se nuclean en el foro, revalorizaron los gestos del ministro de Agricultura, Julián Domínguez, de la propia presidenta con su referencia a la ruralidad y la visita a Coninagro y, la visita del titular de la cartera a agropecuaria a la cooperativa AFA para negociar cambios al sistema de intervención estatal en el comercio de granos.

En delicado equilibrio entre la línea más abierta que intentará expresar su conducción, y el antikirchnerismo rabioso que mantienen importantes sectores de la confederación que preside, CRA saludó las señales del gobierno, oficializó en la práctica el congelamiento de la mesa de enlace agropecuaria y elogió las metas establecidas en el Plan Estratégico Agropecuario. Pero también criticó la propuesta de liberación parcial del mercado de trigo y maíz que propone Domínguez, alertó sobre los problemas que atraviesan distintas economías regionales y subrayó su reclamo para que se elimine el sistema de administración de los cupos de exportación basados en los ROE.
Los ROE (certificados de exportación) son el instrumento base de la política de intervención implementada por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, en el mercado agropecuario. La cuotificación de exportaciones, los subsidios cruzados y el establecimiento de una suerte de junta de granos ad hoc para repartir los cupos de venta al exterior son el gran enemigo de los empresarios del sector y, fundamentalmente, una fuente de permanente conflicto por la redistribución del ingreso en toda la cadena.
El Ministerio de Agricultura avanza en un plan para darle un nuevo marco de institucionalidad a este tipo de intervención, basado en términos generales en reservar un porcentaje de la producción de cereales para abastecer el mercado interno y permitir que, bajando la llave de los ROE de las exportadoras a los productores, se negocie en libertad el resto de la cosecha.
El plan 40 por ciento-60 por ciento, cuyos rudimentos se mostraron en la reunión del ministro con los dirigentes de AFA, es, en realidad, una versión de un paquete de medidas que se vienen consensuando en el gobierno con distintos sectores del complejo agroalimentario, con el objetivo de darle mayor racionalidad y quitarle discrecionalidad a un sistema que provocó enormes transferencias de ingresos entre la cadena.
Entre los representantes de las entidades que integran el foro, un conglomerado de asociaciones empresarias que cubren toda la actividad, desde semilleros, productores y comercializadores de insumos, hasta organizaciones gremiales, cámaras industriales, procesadores, y Bolsas, existe cierto consenso de que hay que aceptar la consigna de preservar la mesa de los argentinos y aceptar una intervención que, a diferencia de lo que ocurre con Moreno, sea más permanente, democrática y previsible.
“Creo que el gobierno ha dado señales, y el sector agropecuario también, de que es hora de cerrar las heridas abiertas en el conflicto de 2008”, dijo el presidente de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara), Alberto Rodríguez.
El presidente de la Bolsa de Comercio de Santa Fe, Eduardo González Kees, que ofició de anfitrión, llamó a “capitalizar en esta nueva etapa las experiencias del pasado”.
Hugo Biolcati, el extremo presidente de la Sociedad Rural Argentina, no parece terminar de aceptar esa situación. Junto a Ferrero cerró el foro, y les marcó la cancha a todos. Celebró que el gobierno nacional “haya expresado metas importantes de producción agropecuaria en el plan nacional para el sector” pero puso en duda que tenga políticas para lograrla. Luego despotricó contra la política nacional, como en los viejos tiempos de la 125.
Tampoco el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, se desprende del conflicto. Sin funcionarios nacionales a la vista, el ex candidato a presidente del FAP participó de la inauguración del foro, donde mantuvo su perfil «ruralófilo». Es más, tras criticar la política agropecuaria, puso en duda los votos del campo a Cristina. “En Santa Fe, donde hubo movilizaciones del conflicto del campo, el Frente para la Victoria no obtuvo los resultados que esperaba”, dijo. Mientras aguanta con el jab, la cadena se retrae, esquiva y va en busca de un nuevo costado para entrarle al gobierno. La punta del ovillo parece estar en aceptar el mapa político pero hacer valer el potencial del sector.

Dólares. En tiempos de crisis internacional, las cadenas agroindustriales prometen exportaciones y dólares. El investigador del Ieral, Juan Manuel Garzón, presentó un trabajo elaborado a pedido de los dirigentes del foro sobre las perspectivas de 16 cadenas agroalimentarias del país y su potencial de creciente. Una suerte de plan 2020 elaborado por el sector privado. La conclusión fue que podrían crear 2,8 millones de trabajos en una década.
Bernardo Kosacoff, el ex director de la Cepal, señaló que en la última década, la economía argentina pudo crecer desplazando la tradicional restricción externa, por el saldo comercial del sector agroalimentario. Y consideró que, en un mercado internacional “cada vez más restrictivo y arrastrado a una guerra de divisas”, el sector “tiene un rol central”.

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