14 de noviembre de 2011 10:00 AM
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La arbitariedad del número

El crecimiento económico lleva ya casi una década y los discursos no se privan de utilizar cifras para enaltecer la gestión. Sin embargo la mirada puede cambiar cuando se modifica el punto de referencia.

Las cenizas jugaron una mala pasada a la presidenta de la Nación, quien finalmente no pudo llegar a tiempo a Las Parejas para participar en la apertura de una muestra metalmecánica en esta localidad que conforma el “cluster” de la maquinaria agrícola. Antes de la cancelación del vuelo, el intendente Heraldo Mansilla declaró: “nuestro pueblo hace 8 años que no para de crecer. Nosotros queremos agradecerle a nuestra presidenta la política económica llevada adelante en el país”.

Datos actualizados del propio sector indican que en el último año las fábricas de maquinarias e implementos nacionales ganaron terreno frente a las importadas, gracias a las trabas a la importación. De 2010 a esta parte, la participación de las firmas argentinas en el mercado doméstico creció de 68 a 72%. Esta mejora se consiguió en mayor medida por la caída del 34% en las ventas de unidades brasileñas y norteamericanas en el último trimestre, fenómeno que a las fábricas argentinas también las afectó con una disminución de 21% en las colocaciones (datos del Indec). O sea, se venden más máquinas nacionales en un mercado que, en general, disminuyó las operaciones comerciales.

Antes de dar inicio a la 8ª Edición de la Muestra Pyme Agroindustrial “Las Parejas 2011”, Mansilla fue terminante: “en el 2003 teníamos 680 obreros metalúrgicos y ahora tenemos 2400. En el 2003 se facturaban 27 millones de pesos y hoy se facturan 800 millones de pesos. En el 2003 exportábamos el 5% de nuestra producción y hoy exportamos el 27%. Hemos crecido ininterrumpidamente durante todo este tiempo. Hoy, en nuestro pueblo tenemos desempleo cero”. Los números son tan abrumadores como real es la reactivación del sector. Nadie puede negar el fenómeno.

Tampoco se puede negar el poder de las cifras para apuntalar un argumento. Sin embargo por símismas, en soledad, no son nada o pueden resultar falaces. El mayor valor lo adquieren en un contexto, cuando se las utiliza como referencia. De ahí que con un mismo número puedan sostenerse ideas diferentes. Sin ir más lejos: de los últimos datos sobre la actividad metalmecánica podría sostenerse tanto que “la actividad nacional crece” como que “se frenaron las ventas en el último trimestre”. Si tomamos las cifras citadas por Mansilla, en una economía agroexportadora al máximo de su capacidad, en un mundo demandante como nunca de alimentos y precios en los máximos históricos, podríamos preguntarnos si es del todo veraz u honesto comparar el nivel de actividad actual con el del peor momento económico, político y social de la historia Argentina.

No se trata de negar lo bueno, conspirando contra los logros. Pero tampoco debiera modelarse -con números, con discurso- una realidad complaciente, un mundo feliz en el que sólo existen satisfacciones y ninguna preocupación, ninguna responsabilidad a futuro, ninguna urgencia en el presente. Abusando de la retórica: ¿y si en vez de cotejar la cantidad de empleo actual con el 2003 comparáramos la calidad del empleo actual con el de la década del 60?.

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