14 de noviembre de 2011 22:39 PM
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Chile bajo la mirada de la OCDE

Estuvo en Chile una semana conociendo los cambios que ha vivido el agro desde 2008. Se sorprendió por cómo se avanza en innovación.

“Chile al hacer acuerdos bilaterales o regionales encontró una forma para avanzar en hacer negocios con los más diversos mercados, sorteando así algunas de las distorsiones que muchos presentan para el agro”, dice Ken Ash, director de Comercio y Agricultura de la OCDE -el club de los países ricos-, refiriéndose a lo omplejo que ha resultado la liberalización y eliminación de los subsidios en las naciones desarrolladas.

Ash estuvo recientemente en el país, en una visita en la que le quedaron pocos tiempos libres entre las reuniones con el ministro de Agricultura, José Antonio Galilea, conociendo lo que se hace en materia de innovación y en terreno. Su objetivo era conocer in situ los avances en materia del agro del país desde que fue aceptado en la OCDE en 2008. Y dice que nota cambios desde que vino por primera vez, en 2007.

-¿Cómo ve la agricultura chilena en este momento?

Nos gusta mirar a cada país dentro del contexto global. Es muy importante entender que la situación actual de los commodities es muy distinta de lo que había sido por muchos años. Los precios de muchos commodities están relativamente altos y creemos que continuarán estándolo durante la próxima década. Entonces, este es un buen momento para estar en agricultura. Ese es el clima mundial.

Ahora, Chile es muy competitivo en un amplio rango de productos. Si se mira a los 300 mil agricultores que hay en Chile, unos 20 o 25 mil producen el 90% de sus exportaciones. Luego hay unos 40 mil o 45 mil que son pequeños, que producen para el mercado local en su mayoría. Pero hay otros 240 o 230 mil, muy, pero muy pequeños, que producen para ellos mismo. Lo que el Gobierno necesita hacer para cada uno de esos grupos es distinto.

Los más competitivos necesitan información sobre los mercados globales, pero son prácticamente independientes.

El grupo en el medio es el que puede requerir inversiones significativas, no sólo en investigación y desarrollo, sino que en capacitación, en educación, en mejorar su acceso a la tecnología para que puedan ser competitivos.

La parte más compleja son los 250 mil más pequeños.

-¿El apoyo debe ser para volverlos productores?

Aquí no tenemos una respuesta sino preguntas. ¿Es el mejor acercamiento proveerlos de apoyo agrícola o es mejor pensar acerca de un apoyo rural que puede o no estar vinculado con agricultura? ¿Cuál es la manera más efectiva de conseguir que mejoren su nivel de vida? ¿Qué tiene que hacer el Gobierno para eso?

-¿Las acciones actuales del Gobierno son las adecuadas?

Están bien, pero….

Es decir, es bueno que el Gobierno esté mirando a estos distintos grupos. Pero para el grupo de los más pequeños debe tener una mirada quizás más amplia que sólo del agro, porque algunos de ellos pueden hacer cosas mejor, pero otros necesitan otro tipo de apoyo más allá de lo agrícola.

Es más importante pensar en ellos desde la perspectiva de desarrollo rural, más que sólo agricultura. No significa no a la agricultura, sino ver cómo pueden hacer una buena vida a partir del agro. Pero también ver la posibilidad de que hagan una buena vida quizá en algo más que él.

-¿Cuáles son los aspectos positivos y negativos del agro chileno?

Chile entiende que como un país pequeño las mejores oportunidades están en la exportación. Y también que para hacer plata hay que ser competitivo. Se tiene claro que el agro es un negocio, y que como tal debe entregar ingresos. Ello significa entender qué es lo que quiere el mercado y responder a eso.

Esto que puede ser obvio, no lo entienden todos los países. Sin embargo, Chile parte desde lo que el mercado quiere y mira cuáles son sus mejores posiciones para responder a esas necesidades.

Además, el país expresamente decidió no competir en los mercados por costos, sino por calidad y está trabajando conscientemente en agregar más valor. Es decir, se está moviendo a lo largo de la cadena, lo que significa mejores retornos económicos y más empleo.

Esta es una estrategia muy específica y que tiene mucho sentido para economías pequeñas como la chilena, con un mercado interno pequeño.

-¿Cuáles son los puntos negativos?

No creo que estén haciendo muchas cosas mal.

-Pero hay cosas que requieren mejorarse…

Creo que tiene que ver con rebalancear los esfuerzos. Cuando se mira a los productores más pequeños hay que pensar en desarrollo rural más que en agricultura. Esa es una cosa.

Al pensar en el resto de la industria es muy importante seguir innovando, seguir produciendo nuevos productos, seguir aumentando la eficiencia. Porque nadie en el mundo se queda donde mismo, todos están intentando producir más. Ustedes tienen que poner más esfuerzo en eso.

-¿Qué pasa con la innovación?

Es clave. No sé qué proporción de PIB se destina a innovación en Chile, pero estoy seguro de que es relativamente pequeño. Lo importante es que Chile, al igual que otros países, necesita hacer más en esta materia. Y por innovación no hablo sólo de investigación y laboratorio. Es acerca de ciencia, transferencia tecnológica, capacitación de los agricultores, apoyarlos en cómo usar la tecnología. Es acerca de todo el sistema. Incluye qué tipo de cosas deben ser investigadas y quién lo decide. ¿El científico por curiosidad o es alguien que tiene claro lo que el mercado necesita?

No es fácil ni simple.

-¿Cómo se está realizando en Chile?

Fui sorprendido en forma muy agradable por el trabajo de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA).

El modelo que ustedes tienen en Chile para incentivar la innovación es muy sólido. Muchos países piensan que tienen que invertir más en investigación y desarrollo, pero no piensan en cómo llevarlo a los agricultores. No consideran la importancia de la transferencia tecnológica. También son muy pocos los que entienden la importancia de la colaboración, al interior de un país, entre los científicos, agricultores, productores, empresas. El FIA lo tiene claro. No sé donde lo aprendió, pero son cosas que se están aplicando.

Uno de los temas en los que pueden hacer más es precisamente en la colaboración internacional, porque Chile es un país pequeño. No necesitan inventar todo. Pueden trabajar con lo que hay en redes formales en otros países. Por ejemplo, en el tema del cambio climático. Todos están debatiendo en cómo se reduce la huella de  carbono en el agro. Algunos piensan en criar animales que produzcan menos metano, otros en introducir nuevos cultivos y entonces ¿por qué a hacer ese trabajo en forma independiente? ¿Por qué no hacerlo en una red donde los científicos y las universidades conversen entre ellos, donde un aspecto se trabaje en Nueva Zelandia, otro tema en Indonesia, otro en Chile? Este es un ejemplo del tipo de colaboración que se puede fortalecer en la OCDE

-¿Qué pasa en países como Chile con decisiones como incorporar o no nuevas herramientas como la biotecnología?

Esto tiene dos partes. Una es que cualquier tecnología debe ser evaluada sobre la base de lo que los científicos dicen sobre sus beneficios y sus riesgos. Todos los productos
biotecnológicos disponibles hoy en día han demostrado ser seguros para los humanos y el ambiente. La primera parte de esto, entonces, es juzgar cada tecnología sobre la base de información objetiva. En este sentido, la preocupación sobre la biotecnología es hoy más emocional que científica.

Por otro lado, cada país debe pensar en sus necesidades. Por ejemplo, Europa es un mercado importante para mí y no quiere organismos genéticamente modificados. Entonces, ¿qué debo hacer? ¿Los produzco y me arriesgo a perder ese mercado o no lo produzco? Esa es una decisión política comercial.

Entonces, la tecnología, en un mundo perfecto, y basándose en una decisión científica, es segura. Pero no vivimos en un mundo perfecto.

Nosotros animamos a que los países que prohíben la biotecnología, lo piensen y se basen en decisiones científicas.

-¿Qué tan importante es para el agro contar con un sistema de propiedad intelectual?
 
Es clave. Nuevamente, insisto, no hay un sistema perfecto. El tema en propiedad intelectual es siempre el mismo: se quiere entregar protección a nuevos inventos o desarrollos, en los que se han invertido importantes recursos económicos y humanos, para así incentivar la inversión en seguir haciéndolo.

Si yo invento algo y cualquiera puede empezar a hacerlo, entonces no voy a invertir.

Por ello se necesita proveer suficiente protección para incentivarme a invertir y para que yo obtenga un premio por ese invento. Y balancear eso con la función de esa tecnología al poder ser usada por todos.

Es decir, la propiedad intelectual protege por un tiempo, pero lo protegido debe estar disponible en forma más amplia y a un costo accesible.

La pelea contra las distorsiones

-¿Cómo se compite en un mercado global donde los países grandes mantienen distorsiones?

Chile lo hace muy bien. Hay dos formas de trabajar para abrir los mercados. Una es hacelo multileralmente, través de la Organización Mundial del Comercio, lo que lleva trabajándose cerca de 10 años y está absolutamente detenido. La otra forma es hacer acuerdos regionales o bilaterales que permitan avanzar. Y esto es lo que Chile viene haciendo con muy buenos resultados.

Si Chile se hubiera quedado dependiendo sólo del avance de las negociaciones multilaterales seguiría enfrentando mercados agrícolas altamente distorsionados. Las protecciones en los mercados agrícolas son todavía muy altas.

Chile se dio cuenta de que a través de los acuerdos regionales o bilaterales conseguía saltar en parte, esas distorsiones y se abrió así una inmensa cantidad de mercados.

-¿Pero cómo se consiguen eliminar las protecciones o subsidios de los países?

Una posibilidad es seguir esperando que avancen las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio. La otra opción es seguir con lo que están haciendo. En realidad, creo que la primera no es opción. Deben seguir por el mismo camino.

-¿Cuáles piensa son los beneficios que ha obtenido Chile al pertenecer a la OCDE?

Chile comparado con muchos de los países latinoamericanos es un líder. En muchas maneras distintas. Pero cuando se compara con los países desarrollados de la OCDE no es un líder. Por ello pertenecer a la OCDE es una oportunidad para que pueda mirar las mejores prácticas, los países más exitosos y ver qué se puede aprender desde ahí, de lo que hicieron bien y de lo que hicieron mal para no repetirlo. Por ejemplo, muchos países de la OCDE tienen sistemas muy sofisticados de innovación. Tienen servicios de extensión para la agricultura muy exitosos. Eso no significa hacer lo que ellos hacen, sino a partir de lo que observe decidir qué cosas pueden funcionar mejor para ustedes. Entonces los sistemas de innovación son un área. También el desarrollo rural. Cada país de la OCDE tiene una larga experiencia en esta materia. También el manejo del riesgo, hay muchos programas y experiencia en estos países para encontrar formas para que los pequeños agricultores tengan acceso a los mercados de financiamiento.

La idea básica de la OCDE es la cooperación económica. Esto significa que los países se sientan alrededor de una gran mesa y conversan y aprenden entre sí. A ello se suman los secretariados donde hacemos análisis a partir de las preocupaciones que los países nos plantean que les interesan. Entonces cada dos años todos los miembros, incluido Chile, nos dicen, por ejemplo, para el sector agrícola nos interesaría profundizar en un determinado tema. Luego le entregamos el análisis con todos los datos y le damos nuestro consejo.

Al mirar a los más pequeños hay que pensar en desarrollo rural, y no sólo en agricultura.

 El pedido del ministerio

Al reunirse con el personero internacional, el ministro de Agricultura, José Antonio Galilea, le planteó que uno de los aspectos en los que les gustaría que la OCDE colaborara con Chile y con los otros países es precisamente en conseguir que los países desarrollados disminuyan o eliminen los subsidios que en distintas áreas distorsionan los mercados, afectando precisamente la competencia del país.

“Le planteamos que así como la OCDE nos pide una serie de mejoras, en las que venimos trabajando, también necesitamosapoyo precisamente para avanzar en el que los gobiernos de lospaíses desarrollados eliminen sus distorsiones. Eso permitiría una fluidez mayor del comercio global”, señaló Galilea.

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