15 de noviembre de 2011 11:45 AM
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Esta vez acierta el MGAP

URUGUAY : La información difundida en la semana sobre la exportación de ganado en pie supone dos aciertos del MGAP que hay que destacar.

En primer lugar, quiero subrayar el propio restablecimiento de una operación que había dudas estuviera de hecho permitida, como de derecho lo está, desde comienzos de los noventa. Y en segundo lugar, no menos importante y complementario de lo anterior, destaco la actitud del ministro quien afirmó, en simultánea con la liberación, un seguimiento exhaustivo de todo lo que está ocurriendo en Turquía, el principal mercado de destino del ganado.

EXPORTACIÓN EN PIE. Lo primero que hay que entender es que esta operación no solo es normal en muchos países productores de carne, sino que su restablecimiento a partir de los noventa, no respondió ni responde hoy a un deseo de que se vaya el ganado sin industrializar. Eso es absolutamente ridículo. El fundamento de esta operación, planteada luego de décadas de desencuentros, fue quitar de los ganaderos el temor a producir más con fronteras cerradas y precios de ruina, como recurrentemente había ocurrido por ejemplo en la tremenda liquidación de 1982-83, o en la sequía de 1989 cuando se la habilitó solo caso a caso y para algunas categorías. En esos procesos de liquidación de stock los ganados llegaron a valer precios viles; la exportación en pie, junto a otras medidas de desregulación, promovió una intensificación de la producción a partir de la conciencia de que las ganancias del negocio por invertir más, no se las iba a llevar nadie: ni las curtiembres -se liberó la exportación de cueros antes prohibida-, ni el consumidor -se eliminó el stock regulador-, ni la industria -se eliminaron permisos previos y se liberó la exportación en pie-. También se liberalizaron las exportaciones de carne por completo, se eliminaron detracciones y múltiples medidas más.

Es conocido el resultado de todas estas desregulaciones, y hoy se admite que éstas, originadas en la década de más transformaciones del agro uruguayo, generaron un cambio en la producción y la productividad que duró hasta hace algunos años. Cabe destacar también que la exportación en pie quedó totalmente permitida y no sujeta a permiso alguno. Ocurre que con la exacerbación de todo lo sanitario hasta extremos que van minando la libertad comercial, nos hemos acostumbrado a admitir que se diga que el MGAP otorga permisos y no es así. El MGAP solo tiene que habilitar lo permitido y expedir los certificados sanitarios que le pidan en destino. Si los demora, está sometiendo la exportación a permiso previo, lo que no es igual en absoluto a reconocer la exportación en pie como libre. Esta libertad cuando se restableció en los noventa, lo que buscaba y logró, era someter el precio del ganado, como ocurrió años después con la leche sin elaborar, a un piso en el precio que es el de paridad de exportación del ganado. En otras palabras, los frigoríficos pagan lo que Argentina y Brasil, con ganaderías similares, o el ganado se va. Este era el fundamento de ayer y de hoy, y de cualquier lugar. Por eso, aunque está mal decir que el MGAP otorgó permisos porque no está facultado para negar a nadie nada, sí es cierto que ha manejado los certificados sanitarios como una restricción, tal como lo hace con los pollos o las frutas y hortalizas. En cualquier caso se debe dar la bienvenida a la mal llamada autorización para exportar algo así como 18 mil cabezas de ganado que dinamizan el precio de las haciendas. Si éste es el principio del restablecimiento de una corriente comercial normal o si es el fruto de un nuevo abuso de la discrecionalidad de quien no tiene poder otorgado por nadie para hacerlo, solo el tiempo lo dirá. Propongo por ahora confiar en el MGAP.

CON LUPA. También me gustaron las declaraciones del ministro cuando afirmó que mira con lupa lo que está ocurriendo en Turquía. Y lo fundamentó señalando que es el único destino que paga por el ganado un 60% más que toda la Unión Europea, para luego vender la carne a precios normales, no pareciendo razonable que su industria tenga tal eficiencia -para vender en un país pobre- que le permita absorber ese sobreprecio de la materia prima. Lo que el ministro dice es que sospecha con razón, de la existencia de subsidios que componen una ecuación económica que no parece lógica.

 

Apoyo por tanto esa su inquietud, porque la exportación en pie nunca fue un negocio para beneficiar a un par de astutos, sino para oficiar como prueba de la transparencia en toda la formación de los precios. Y si el MGAP tiene sus dudas acerca de lo que ocurre en Turquía, hace bien en investigar, lo que no es tarea fácil. Confieso que destiné unas cuantas horas para buscar información y aseguro que no está fácilmente disponible.

LIBERTAD. En otras palabras, la exportación en pie desde Uruguay no puede ser el botín de un par de turcos vivos. Pero tampoco su invocación puede ser la razón para actuar con una discrecionalidad tal, con un caso a caso, que no solo es espantoso institucionalmente, sino que con seguridad es ilegal. Y además creo que no le sirve a nadie una liberación a cuentagotas que no es nada, ni libertad ni prohibición. Si el MGAP tiene dudas, que en un plazo prudencial, con ayuda de su servicio exterior, se las saque. Y si no hay nada raro que la exportación en pie sea libre. Pero si hay moderadas certezas de desarreglos en destino, la solución no puede ser autorizar la exportación según el nivel de colesterol de un funcionario; se la debe rechazar, con arreglo a una norma jurídica -nunca caso a caso- y sanseacabó. Esa norma podrá adquirir, aun en línea con la Organización Mundial del Comercio, varias formas. Y debería ser apoyada por todos, precisamente para preservar un mecanismo comercial, la libertad de exportar, pensado para aportar transparencia, evitar transferencias intersectoriales, y no para promover negocios derivados del aprovechamiento de lo que un querido colega llamaba “travesuras metodológicas”. El MGAP ha dado pues un paso que, de consolidarse, puede aportar tranquilidad a muchos que imaginaban el retorno a un intervencionismo incalificable, utilizando el “cajoneo” de expedientes como instrumento de política. Ahora parece que se relanza la libertad y que el ministerio estudia. Veremos si de esos estudios sale el fundamento para acelerar los trámites o la razón para rever, en base a una norma jurídica, nunca caso a caso, las operaciones comerciales.

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