15 de noviembre de 2011 14:45 PM
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Torrontés: cómo pasó de ser un vino rústico a una “joyita” que conquista a los paladares del mundo

Ya no es ningún secreto: paralelamente al furor por el Malbec -que todavía tiene mucho resto como para seguir creciendo-, el Torrontés comienza a mostrar todo su potencial en los mercados externos, principalmente en Estados Unidos.

Si bien todavía los volúmenes son pequeños en relación a la cepa tinta por excelencia de la Argentina, las exportaciones de vinos elaborados a partir de esa uva blanca no paran de crecer.

En efecto: según estadísticas difundidas por Wines of Argentina, mientras que entre enero y septiembre de 2003 se vendieron al mundo 95.600 cajas de 9 litros de Torrontés, en lo que va del año se alcanzaron 498.500 unidades, es decir, una expansión de más del 400 por ciento.

Recientemente, Eric Asimov, periodista de The New York Times, le dedicó una columna a este varietal típicamente argentino.

“Se dice que el Torrontés es lo más atractivo que ha llegado de Argentina desde el tango, o al menos desde el Malbec. Algunos dicen que será tan popular en Estados Unidos como el Pinot Grigio. Quizás sea así algún día”, resaltó el experto, según consignó la consultora especializada Area del Vino.

En este contexto, donde esta variedad vive un buen presente, pero para la cual se palpita un todavía mejor futuro, ¿cómo es que fue evolucionando su calidad para pasar de ser un cepaje más bien rústico hasta convertirse en un varietal atractivo para los paladares más exigentes?

En diálogo con Vinos & Bodegas, Jorge Ruitti, enólogo de Bodegas La Riojana y presidente del Colegio de Enólogos de la provincia de La Rioja, recordó que “antes se trabajaba de otra manera. Hace 30 años, los Torrontés eran generalmente vinos de damajuana y cuando a un vaso le echabas soda y hielo, seguía siendo Torrontés. Esto brinda una idea de lo potentes que eran”.

El experto agregó que “en La Rioja, por ejemplo, se cosechaban hasta el mes de mayo, lo que derivaba en vinos muy alcohólicos, muy fuertes. Por eso se decía que era un blanco caliente”.

De acuerdo a Ruitti, “todo esto fue cambiando para mejor, pero demandó mucho tiempo. Fue un largo proceso que demandó más de 25 años”.

En este sentido, explicó que fue clave “haber comenzado a trabajar bien en el viñedo y cosechando con más anticipación. Así fue como se le fueron sacando esos aromas a ruda muy fuertes, todos los amargos que tenía y el amarillo profundo tan característico. Este proceso también permitió que los vinos pasaran de tener 15 grados de alcohol a los 12,5 promedio que tienen en la actualidad”.

Recordando todo el proceso de transformación y mejoramiento que experimentó la cepa, Ruitti disparó: “En definitiva, en la actualidad se lograron vinos intensos pero no empalagosos. Antes tomabas una copa de Torrontés y no querías otra. Ahora es muy distinto, es una variedad que te invita a seguir descubriéndola”.

La Vinexpo, una de las claves
Para el experto, el gran punto de inflexión a partir del cual comenzó a gestarse el verdadero cambio ocurrió en 1987, cuando el equipo técnico de la cooperativa Nacarí -que hoy integra La Riojana y del cual formaba parte Ruitti-, envió una muestra de Torrontés a la Vinexpo, la mayor feria de vinos a nivel global.

Se trataba del Nacarí Esmerilado, que logró convertirse en esa edición en el mejor vino blanco seco del mundo.

Para el experto, “sin dudas se trató de un antes y un después. Porque si bien se conocía el Torrontés en el mundo, nadie lo consideraba como un ejemplar a tener en cuenta por las características que tenía en ese entonces”.

A casi 25 años de lo que él considera una “hazaña”, Ruitti recordó que “en esa época la prensa especializada vaticinaba que era una moda y que iba a desaparecer en cualquier momento. Sin embargo, ocurrió todo lo contrario. Ese reconocimiento sirvió para que la industria cambiara y se adaptara a las tendencias mundiales y se convirtiera en la gran cepa blanca por excelencia que actualmente nos representa en el mundo”.

A la hora de las diferencias entre los vinos elaborados con uvas procedentes de viñedos de La Rioja y de Salta, el experto explicó que los primeros “son más frutales y cítricos, ya que aparecen notas a melón o pomelo rosado muy lindas”.

Incluso, aseguró que los importadores y los consumidores en el exterior ya están empezando a detectar las diferencias, con lo cual la demanda en el exterior está tomando nota de los diferentes estilos.

Consultado sobre sus gustos particulares, Ruitti explicó que “prefiero los Torrontés con 12,5° de alcohol, con una leve maceración pelicular, con fruta delicada, como el pomelo rosado, y que tenga un sabor profundo, con una muy buena acidez que lo haga fresco. Un buen exponente es el Torrontés Bicentenario que elaboramos en La Riojana”.

A la hora del maridaje, el experto aseguró que “si bien es cierto que esta variedad se adapta muy bien a preparaciones con frutos de mar, es muy versátil y puede ir perfecto para acompañar un lomo a la pimienta, bien especiado. El que no lo probó se va a sorprender”.

De cara al futuro, el experto aseguró que todavía hay mucho por hacer en materia de Torrontés: “Hay un viejo adagio que dice que todo lo bueno se puede mejorar. El gusto de la gente cambia, y está bien ir evolucionando a la par y que la vitivinicultura acompañe”.

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