19 de noviembre de 2011 12:44 PM
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La impunidad no debe ser el premio para quienes provocaron el brote de aftosa

PARAGUAY : Con el grave daño que causa al país el brote de aftosa en el Departamento de San Pedro, el Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa) no puede concluir la investigación del caso diciendo a la opinión pública solamente que la institución asume la responsabilidad de lo ocurrido. Después de un costo social tan elevado -lo que deja de percibir Hacienda en concepto de impuestos, la pérdida de puestos de trabajo-, es necesario que la opinión pública sepa quiénes son los responsables de lo ocurrido y qué sanción hay para los que causan tan grave perjuicio. Si se deja el precedente de la impunidad, es probable que el caso vuelva a repetirse, por falta de castigo a los culpables.

Es muy de la cultura política paraguaya -que permea la administración de los bienes del Estado en los diversos ámbitos- dejar sin sanción a los responsables de hechos que causan severos daños al país. Esa es la práctica que protege a los irresponsables, e incluso a los corruptos.

 

El rebrote de aftosa en el Departamento de San Pedro ha sido grave, por el hecho en sí y por sus repercusiones en la economía paraguaya. La detección de los vacunos afectados por la enfermedad en una estancia provocó el inmediato corte de la provisión a los mercados más importantes a los que llegaba el producto de procedencia nacional.

 

Las arcas del Ministerio de Hacienda fueron las que recibieron el impacto inmediato de esa situación, al no percibir los cánones correspondientes a unos 350 millones de dólares que dejan de ingresar al país desde el momento de cortarse las ventas al exterior hasta fin de año. Por otro lado, unos 5.000 trabajadores y sus respectivas familias sufren también sus consecuencias, al quedar sin sus fuentes de trabajo o al reducirse severamente sus ingresos.

 

Después de ese golpe, el Senacsa no puede pretender hacer borrón y cuenta nueva -con tal de acelerar el proceso de recuperación de los mercados perdidos o de incorporación de nuevos-, diciendo, tras el informe de la auditoría practicada, que asume la responsabilidad de lo sucedido.

 

De hecho, como institución responsable de todo lo que atañe al control de la salud de los animales, es lo menos que podía hacer. Actuó solo de acuerdo a lo esperado y a lo que corresponde en casos como estos.

 

Aún falta el segundo capítulo para que su actuación redondee el círculo de calidad en el que está obligado a desempeñarse: que la ciudadanía conozca los nombres de los que no obraron correctamente y provocaron el perjuicio conocido por todos.

 

El vocero de Senacsa mencionó que la investigación detectó falta de control de la cadena de frío, debilidad de fiscalización e incongruencia entre las vacunas adquiridas y el número de ganado inmunizado. La lectura entre líneas de este informe permite concluir que aquí necesariamente tuvo que haber habido responsables en los sectores público y privado.

 

El Senacsa tiene que identificar a los que rompieron la cadena de frío, a los que no establecieron el control necesario y adquirieron dosis insuficientes de vacunas antiaftosa. Cuáles son sus nombres y qué medidas se tomaron contra ellos son los datos que falta informar.

 

La carne es el segundo rubro de exportación que más dinero hace ingresar al país. Su relevancia en la endeble economía nacional -siempre tan necesitada de ingresos al fisco- es indudable. Por lo tanto, es inadmisible que el Senacsa premie con el silencio y la impunidad a los que tan graves perjuicios ocasionan al Paraguay. Si ya generaron un rebrote de aftosa, mañana pueden reincidir.

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