20 de noviembre de 2011 00:12 AM
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La alfalfa como heno forrajero

La investigadora del Instituto de Patobiología del INTA Castelar, Miriam Gallardo, trabaja junto a su equipo en desarrollar la propuesta de intensificar los cubos y pellets de alfalfa como una fuente de fibra y proteína clave para la producción ganadera.

Técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Castelar proponen opciones para potenciar el heno de alfalfa forrajero. Se trata de dietas de alta calidad para profundizar modelos más intensivos de carne y leche.

“Todos los forrajes son potencialmente conservables como fuentes de nutrientes aunque la secuencia operativa de conservación es compleja y un mal manejo puede generar pérdidas de hasta el 40 por ciento de la biomasa del cultivo”, sostuvo Gallardo.

Desde la enitidad consignó que es “clave analizar y considerar las distintas tecnologías de proceso aplicables a su procesamiento con el objetivo de otorgar valor agregado a este recurso y obtener otros alimentos de alta calidad, estables todo el año y aplicables a una amplia gama de dietas productivas”.

Los cubos y pellets, pequeñas porciones de material comprimido, de alfalfa representan una alternativa poco desarrollada en el país a pesar de presentarse como insumos muy promisorios en los nuevos modelos de producción ganadera intensiva.

Permiten desarrollar dietas muy equilibradas, con un control más estricto de la cantidad de nutrientes. Para la especialista, este recurso se puede utilizar como vehículo para aportar otros nutrientes específicos como concentrados especiales, minerales traza y micro-aditivos, entre otros. “Los cubos son excelentes fuentes de fibra de alta calidad, mientras que los pellets son fuente de proteínas con perfil acorde de aminoácidos esenciales, aún para aves y cerdos”, detalló.

El heno de alfalfa es una fuente de fibra importante para la producción ganadera debido a que “permite equilibrar las dietas: se logran mejores texturas y palatabilidad, a la vez que provee la fibra necesaria para el correcto funcionamiento ruminal”, explicó la técnica. La productividad potencial de los alfalfares se duplicó significativamente, de 8.000 kilogramos de materia seca por hectárea a más de 15.000. Sin embargo, el porcentaje de aprovechamiento, pastoreo o cosecha, no llega al 60% de la biomasa total producida anualmente, en contraste con el 80% que sería el rango deseable para una mayor eficiencia biológica y económica. Otra forma de de comercialización es en forma de megafardos que llegan a pesar de 400 a 500 kilogramos. Si bien es una forma habitual en otros lugares como en Estados Unidos, “en nuestro país esta forma de compactar el heno es una opción muy promisoria para mejorar significativamente los atributos nutricionales de este recurso”.

Agregado de valor al cubo

Compartir la tendencia de los escenarios productivos indica que es necesario profundizar los factores que afectan el valor nutritivo de la alfalfa en modelos cada vez más intensivos de carne y leche. Los cubos y pellets de alfalfa representan una alternativa poco extendida en el país a pesar de presentarse “como una fuente de fibra y proteína clave para la producción ganadera”, explica Miriam Gallardo, investigadora del Instituto de Patobiología del INTA Castelar Buenos Aires quien trabaja junto a su equipo en desarrollar esta propuesta.

“Todos los forrajes son potencialmente conservables como fuentes de nutrientes aunque la secuencia operativa de conservación es compleja y un mal manejo puede generar pérdidas de hasta el 40% de la biomasa del cultivo”, detalló la técnica.

Para la especialista del INTA Castelar, este recurso se puede utilizar como “vehículo para aportar otros nutrientes específicos como concentrados especiales, minerales traza y micro-aditivos, entre otros. Los cubos son excelentes fuentes de fibra de alta calidad, mientras que los pellets son fuente de proteínas con perfil acorde de aminoácidos esenciales, aún para aves y cerdos”.

En este sentido, el heno de alfalfa es una fuente de fibra importante para la producción ganadera debido a que “permite equilibrar las dietas: se logran mejores texturas y palatabilidad, a la vez que provee la fibra necesaria para el correcto funcionamiento ruminal”, explicó Gallardo.

Si bien la productividad potencial de los alfalfares se duplicó significativamente de 8.000 kilogramos de materia seca por hectárea a más de 15.000 el porcentaje de aprovechamiento pastoreo o cosecha no llega al 60% de la biomasa total producida anualmente, en contraste con el 80% que sería un rango deseable y alcanzable para mayor eficiencia biológica y económica.

Ensilaje, un recurso interesante

El forraje cosechado con abundantes hojas será un insumo con alto valor proteico. La rentabilidad del sistema aumentará significativamente con la obtención de henos de calidad. De esta manera, procesamiento y conservación con altas propiedades le agrega valor a la eficiencia en la conversión en carne y leche.

“A pesar de que este recurso es muy común en la Argentina precisó Gallardo en general la calidad promedio es muy baja en relación a su potencial nutricional. Además, cuando se comercializa normalmente se realiza por volumen, en lugar de calidad, lo que indudablemente tampoco contribuye a la sustancial mejora de los henos de alfalfa”.

 

/// EL DATO

 Insumo clave

Asimismo, cerca del 60% de la leche bovina se produce en sistemas pastoriles con grados variables de suplementación, en el que la alfalfa es la base de la cadena forrajera y constituye al menos el 30% de la dieta otoño-invierno y hasta el 80% en primavera-verano.

 

La dieta de verano

En los sistemas ganaderos de la región pampeana, el clima es un factor de eficiencia determinante durante la etapa de henificación. Los excesos de lluvias y los intensos calores con alta radicación solar son las variables más complejas en la obtención de henos de alto valor nutricional. “Por esta razón, el ensilaje de esta pastura es una alternativa muy válida”. En muchos casos, debido a prácticas inadecuadas durante la elaboración exceso de humedad inicial, deficiente compactación y presencia de oxígeno se puede producir una importante degradación de las proteínas, con intensa proteólisis degradación de proteínas y formación de amoníaco.

Actualmente se plantan en la Argentina 4 millones de hectáreas de alfalfa, lo que la ubica en el segundo cultivo por área de siembra a nivel nacional. Además, aporta nitrógeno al sistema de producción, por lo que es una forrajera ideal en la rotación de cultivos para la conservación de suelos.

 

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El pellet también representa una salida interesante.

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