21 de noviembre de 2011 10:40 AM
Imprimir

Las fortalezas y debilidades del Chile Agroalimentario

CHILE : Si Chile quiere seguir creciendo tiene que potenciar aún más sus fortalezas y disminuir sus debilidades, como el financiamiento. No hacerlo es arriesgar lo recorrido y conquistado en los últimos 35 años.

Camarón que se duerme se lo lleva la corriente, así señala el refrán. Y dicen que se podría aplicar al proyecto de “Chile potencia agroalimentaria” sino se evalúa su situación actual y se toman medidas al respecto. Esto porque en la carrera por surtir de comida al mundo, la industria nacional tiene muchas fortalezas y oportunidades, que la han posicionado como un actor importante en el mercado global. Pero también existen grandes amenazas, cada vez más cercanas, y algunas debilidades en las que hay que trabajar para conseguir mantener la delantera y evitar que otros comiencen ocupar el puesto que orgullosamente el país ostenta hoy. Expertos de Chile y el extranjero evaluaron al agro para determinar las claves que permitirían hacer realidad el sueño de ser potencia agroalimentaria. Éste es el FODA del agro chileno al que se llega.

Fortalezas

Hoy, el sector agroalimentario del país tiene muchas características que lo fortalecen internamente y como proveedor internacional. Pero en este minuto una de las más valoradas, según expertos de Chile y del extranjero, es su estabilidad y dinamismo económico. Dos atributos que quedaron demostrados durante la crisis subprime y también en el actual e inestable panorama financiero mundial, lo que lo convertiría en un socio confiable para los inversionistas del extranjero.

“El sector agrícola ha sido bastante dinámico, ha buscado oportunidades y uno tiene que mantener ese espíritu”, comenta al respecto Willem Janssen, encargado Agrícola para América Latina y el Caribe del Banco Mundial.

También son una fortaleza para el país las instituciones internas con que cuenta, las que son reconocidas en el exterior.

Así lo plantea Óscar Melo, Ph.D. y profesor de Economía Agraria de la Universidad Católica. “Son relativamente sólidas y le permiten competir bastante bien en los mercados internacionales. Con esto me refiero a instituciones de manejo de la macroeconomía, comercio y de medidas fitosanitarias”.

El camino recorrido en los últimos 35 años también ha permitido construir espacios que hoy en día juegan a favor del país, pues implican una consolidación de aprendizajes que lo dejan bien parado. Se trata de temas como la experiencia exportadora adquirida en estos años, pero también la seriedad y la confiabilidad de los empresarios del sector para con sus clientes y el alto nivel organizacional, según destaca Gustavo Rojas, director de Odepa.

Mientras, en la vereda de la competencia, Marcos Fava, especialista en agronegocios de la Universidad de Sao Paulo, afirma que la mayor fortaleza de Chile es la apertura económica que ha construido a través de la firma de Tratados de Libre Comercio. Esto proveería a Chile de una cultura exportadora, lo que permitiría aprovechar mucho más oportunidades como la creciente demanda por alimentos a nivel global, debido al desarrollo de los países emergentes.

Los TLC han significado no sólo mayor posibilidad de llegar a nuevos y gran cantidad de mercados. También han empujado, a través de las exigencias de esos mercados, el desarrollo de calidad en el sector.

“El ser un país tan abierto al mundo nos obliga a estar permanentemente compitiendo con los estándares más altos en cualquier país. Yo creo que eso ha obligado a que la industria agroalimentaria tenga que ser de la mejor calidad mundial”, agrega Melo.

Y de ahí se desprende otra de las fortalezas del sector: un patrimonio fito y zoosanitario que el país ha sabido preservar, y que es reconocido internacionalmente posicionando a Chile dentro de los exportadores más seguros del mundo. A ello se agrega un muy buen manejo interno de la inocuidad, a través del creciente uso de buenas prácticas agrícolas y de la aplicación de certificaciones que garantizan que los productos son seguros y que han sido producidos de acuerdo a las exigencias de sustentabilidad globales. Y precisamente contar con esas características es lo que más están pidiendo los consumidores del mundo. A esa característica se agrega la capacidad de los empresarios para diversificar la canasta exportadora, abriéndola en cantidad y variedad de productos consiguiendo, de esta forma, ser el primero en contar con autorizaciones para ingresar a mercados usualmente restringidos.

Al mirar los puntos fuertes no se puede dejar de mencionar la condición de productor de contraestación, condición que sin embargo ha ido perdiendo fuerza al aparecer en los mercados nuevos productos que pueden ser cultivados bajo otras condiciones climáticas y también ante la tendencia de muchos consumidores por buscar lo que está más cerca. De todas formas, la condición agroecológica particular de Chile estuvo entre las más destacadas por los especialistas. “Esta característica te permite producir vino en un lugar y fruta en otro. Puede producir alimentos de gran calidad y en sistemas muy amigables con el medio ambiente”, comenta Janssen.

En ocasiones lo que para algunos parece negativo, puede transformarse en positivo. Es lo que ocurriría con la escasez de recursos hídricos y suelos para la agricultura, que es una preocupación que desvela a los expertos de todo el globo. Situación a la que Chile podría sacar ventaja, según Carlos Furche, consultor y ex director de Odepa y Direcon. Para el experto, el país tiene cantidades razonables de ambas para seguir potenciando el sector -especialmente si se compara con otros países como algunos de Europa o Nueva Zelandia-, sólo que debería hacer los ajustes e inversiones necesarios como para aprovecharlos de mejor forma.

Oportunidades

Pero además de los factores internos, Chile también está sometido a factores externos que pueden sumar o restar a la industria. En este caso las oportunidades que se proyectan para el sector son diversas y por eso tratar de aprovecharlas podría entregar ventajas sustanciales para el país.

La principal oportunidad es el crecimiento de la demanda en los países emergentes y la masificación de una dieta más mediterránea -precisamente la que provee Chile-, que beneficia directamente a la canasta exportadora nacional, explica Furche.

Si se aprovecha, como se ha venido haciendo, y se abre aún más puede significar ampliar las ventas.

La condición de proveedor de este tipo de productos, especialmente de aquellos que aportan a la salud y que son sanos, permitiría la incorporación de nuevos consumidores y también aprovechar hoy el alto nivel de precios internacionales de commodities, comenta Gustavo Rojas.

Melo coincide con esta postura y afirma: “Yo veo un posicionamiento de Chile, como un sector agroalimentario que está en la punta relativamente y que puede ir adelante. No es un tema de ser el mejor sino ser el primero en muchos aspectos y el país lleva varios años a la delantera y las oportunidades están en aprovechar esas capacidades”.

El apren­dizaje realizado le abre la oportunidad de seguir también en el camino de apertura de mercados. Según Janssen el agro chileno tiene muchas posibilidades para abrirse a nuevos mercados, como en el Pacífico, India y Brasil. Otro tema donde hay oportunidades para el país es en el mercado interno, pues el patrón de consumo local en Chile, de acuerdo a la investigación del especialista del Banco Mundial, no es de muy alta calidad y la producción de frutas es una oportunidad para cambiar eso.

Debilidades

Pero no todos son buenas noticias, porque si bien Chile ha establecido cimientos firmes en cuanto a apertura económica y variedad de productos hay ciertos problemas que el país enfrenta y que lo podrían frenar e incluso jugar en contra a futuro. Al mirar cuál podría ser el talón de Aquiles del sector agroalimentario los expertos coinciden en dos factores.

El primero es el difícil acceso al financiamiento, crítica histórica del sector privado a las entidades financieras y al Estado, pues hace más de tres décadas que los bancos cerraron sus puertas al agro. Y aunque hoy existen oportunidades, empujadas desde los privados y desde el ministerio de Agricultura, para los pequeños y los grandes, los productores y exportadores medianos siguen teniendo la pista muy complicada. A ello se agrega que es un sector con un alto nivel de endeudamiento, lo que es vital en un ambiente de precrisis o crisis económica como el que ronda en la actualidad. Y esta falta de acceso al financiamiento se transforma en disminución de las inversiones e innovación, justamente lo opuesto a lo que se recomienda hacer cuando se está cerca de una crisis, ya que no hacerlo implicar restringir las oportunidades y no permite evitar que el sector caiga.

El segundo aspecto es el bajo nivel de investigación en el sector. Esta es una crítica recurrente, pues aunque existen muchas universidades trabajando en el agro todavía falta que trasciendan del papel y comiencen a ser aplicados masivamente en la industria.

Melo afirma que el desarrollo conjunto entre Estado, academia y empresas es vital y si no se hace el país se comenzará a quedar atrás.

“Yo creo que sin duda falta de todos lados. Ahora yo como académico veo que la industria no está madura ni preparada para realizar las inversiones que se necesitan. Aquí realmente los que tienen que hacer la investigación arriesgada son los del sector privado y ha sido difícil llegar a un acuerdo, porque como todo negocio necesitan soluciones rápidas y baratas y eso no existe”, explica.

Otras debilidades se deben a situaciones puntuales del país como el conflicto indígena no resuelto, una inadecuada legislación laboral, bajo y complejo acceso a la capacitación, uso ineficiente de los recursos hídricos y alto costo energético, según Gustavo Rojas.

Estas debilidades no son nuevas en el país y que aunque se ha trabajado para solucionar algunas, como la capacitación y los recursos hídricos, todavía quedan pendientes por cumplir.

En materia económica, Marcos Fava afirma que la debilidad más grande de Chile es tener un mercado interno pequeño y poca capacidad de expansión de tierras y productos, lo que obliga a aumentar la productividad y los rendimientos para así obtener el mayor provecho posible de un espacio restringido.

El costo energético también es un elemento que juega en contra y le resta competitividad al sector, sostiene Furche. Y esta situación podría incluso agravarse con cara al eventual déficit energético que, de no solucionarse, podría frenar el desarrollo productivo del país.

Otras debilidades que afectan fuertemente al sector son, a nivel social, el envejecimiento de la población rural y la constante migración a la ciudad de los jóvenes, lo que hace que la escasez de mano de obra se siga acentuando, y que a futuro se transforme en un verdadero freno. Janssen, quien realizó un informe para el Estado llamado “Plan de Acción 2030”, pudo percibir que la calidad y el nivel educacional de la mano de obra y ejecutiva sigue siendo baja.

“Lo pude percibir en tres niveles, los administradores de campo, que están un poco atrasados; investigadores y profesionales, cuentan con pocos doctorados y especialidades para articular más centros tecnológicos y leyes; y la mano de obra de campo, pues sus habilidades para cumplir con las tareas básicas es deficiente”, explica.

Amenazas

Pero en esta carrera “no estamos solos”, dice Furche. Y esa es quizá la mayor amenaza que ha venido adquiriendo cada vez más cuerpo en los últimos años.

Día a día son más los jugadores que aparecen a competir por los espacios que Chile ya ha conquistado, intentando quitarle una porción o directamente desplazarlo. Algunos están en el camino de conseguirlo -especialmente si el país no trabaja con mayor ímpetu para disminuir sus debilidades y aumentar sus fortalezas- , otros siguen trabajando en conquistar una oportunidad. Se trata de la aparición cada vez más sólida de países como Perú, que ya viene pisando los talones a los exportadores chilenos de varios rubros.

Sin embargo, para Óscar Melo, la mayor amenaza es el ritmo de negocios y competitividad que mantiene Chile con el resto del mundo, fenómeno que si no se frena, en 10 años podría causar problemas para la industria. “Es muy fuerte y si el sector no es capaz de mantener el paso yo creo que nos vamos a ir quedando atrás en ámbitos de competitividad. Aquí nos falta invertir en nuestra productividad y mejorar la de nuestros trabajadores”, comenta.

Janssen coincide con esto y afirma que “una de las principales amenazas es que Chile quiere seguir creciendo en el mismo modelo de los últimos 15 o 20 años, y ese modelo ya está llegando al fin de su vida útil. Hoy es el momento de copiar resultados de países que se han modernizado más, como Estados Unidos que ocupa un modelo que ha funcionado muy bien y ha gestionado alto crecimiento por bastante tiempo.

También hay amenazas que van más allá de la competencia. La más fuerte es el actual panorama económico global, en el que todos parecen anticipar una crisis incluso más fuerte que la vivida en 2008 y 2009, lo que podría desincentivar la demanda por productos y afectar al sector. Aunque para la mayoría eso no es una preocupación tan grande pues el consumo de alimentos se mantiene, sí lo es el valor de las monedas internacionales, especialmente el del dólar que en el último año ha venido cayendo -a pesar de que en los últimos meses ha tendido al alza-, lo que afecta directamente a los exportadores.

Fuente:

Publicidad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *