26 de noviembre de 2011 11:20 AM
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La faena de hacienda no encuentra su piso

La fase de retención de hembras, que ya cumplió diecisiete meses ininterrumpidos, fue la más intensa de los últimos años, según detalla el informe elaborado por Ciccra.

A diferencia de otros sectores de la economía que llevan meses consecutivos de crecimiento, la industria frigorífica se muestra como una excepción. A tal punto que en los primeros nueve meses del año su producción fue la más baja de los últimos 22 años, de acuerdo con datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra).

El informe económico mensual emitido por dicha cámara señala que el consumo por habitante en los primeros nueve meses del 2011 se ubicó en 53,3 kilogramos por año, registrando una baja de 7,7% respecto del mismo período del 2010 (ver cuadro en página 3).

La exportación también siente la falta de carne. En los primeros nueve meses del año se completaron embarques por un total de 192.989 toneladas de res con hueso (tn r/c/h), un volumen que representa una disminución del 20,6% respecto del año anterior. Si se lo compara con la performance comercial del 2009, las ventas externas se desplomaron 48,5% (ver cuadro aparte).

En los primeros nueve meses del año la faena vacuna habría alcanzado los 8,1 millones de cabezas, lo que representa una caída del 11,3% interanual y que equivale a unas 1,03 millones de cabezas menos que fueron destinadas a faena.

Al compararlo con los datos del 2009, la faena disminuyó este año un 32,6%. Esta merma equivale a unas 3,9 millones de cabezas.

Detrás del récord histórico de faena logrado en el 2009 se esconden varias razones.

Desde el 2005 hay que tener en cuenta: el aumento del derecho de exportación y eliminación del reintegro para exportar, junto con el establecimiento de precios de referencia en el mercado mayorista; acuerdos de abastecimiento en el tramo minorista y marchas y contramarchas en disposiciones sobre el peso de faena; y suspensión transitoria de exportaciones, entre otras medidas, crearon un marco regulatorio desfavorable para la actividad, en el cual los distintos subsidios y planes instrumentados resultan deficientes para motorizar una política ganadera global.

El golpe de gracia lo dio el factor climático, con la fuerte sequía en 2008/2009, que afectó a las principales zonas productoras.

Al reducir la disponibilidad de alimento, se produce la venta anticipada de hacienda con un peso inferior al adecuado, una mayor mortandad de animales y deterioro en los índices de preñez y parición. Es llamativo el caso de de Neuquén que, a diferencia de las demás provincias productoras que registraron valores históricos, vio disminuida la cantidad de cabezas faenadas en el 2009 en un 18% con respecto al 2008.

Coyuntura

 

En septiembre de este año se faenaron casi 950.000 cabezas de ganado vacuno y a pesar de que un año atrás la faena ya había descendido del millón de cabezas mensuales, nuevamente se observó otra baja interanual. El registro de actividad en lo que va del 2011 es el peor desde 1990.

En lo que respecta a la producción de carne vacuna, en septiembre se habría alcanzado un nivel de 214.000 tn r/c/h. En términos interanuales la caída habría sido del 5%. En los primeros nueve meses del año se habrían producido 1,8 millones de tn r/c/h. Es decir 8,5% menos que en igual período del 2010. En términos absolutos estamos hablando de una reducción de la cantidad ofrecida de alrededor de 170.000 tn r/c/h. Y si la comparación la efectuamos con el mismo período del 2009, la disminución habría llegado al 27,8% (-702.800 tn r/c/h).

Una buena noticia: continúa en caída la participación de hembras en la faena.

El documento publicado por Ciccra precisó que la participación de las hembras en la faena total fue de sólo 37,3% en el noveno mes del año y con ello, en los primeros nueve meses, marcó un promedio de apenas 38,3%.

La fase de retención de hembras, que ya cumplió diecisiete meses ininterrumpidos, fue la más intensa de los últimos veintidós años. Para darnos una idea, entre el 2007 y 2009, la que motorizó el crecimiento de la faena y la producción fue la liquidación de vientres, con una participación de hembras en la faena superior al 44% (seis puntos por encima del nivel actual).

La suba que se viene observando en los precios del ganado en pie fue importante para frenar el proceso de liquidación de vientres. El problema que plantea la producción de carne vacuna tiene que ver con una respuesta diferida en el tiempo. No se debe perder de vista que el proceso de recomposición de los niveles de stock, por las características productivas del ganado vacuno, puede demorar hasta cinco años. Esto explica el hecho de que cualquier mejora en los indicadores no se traduce en un rebote abrupto de la actividad.

La importancia de retener vientres (“fabricar terneros”) radica en que permitiría una ampliación de la oferta vacuna en el mediano plazo (2013-2014), siempre y cuando no aparezca ningún efecto climático adverso o medida política sorpresiva.

Si la demanda internacional se mantiene muy activa (ya sea por cantidad o precios) y el mercado interno continúa demandando aún a niveles más bajos que los actuales, cabría esperar que los precios se sostengan, al igual que un cierto nivel de escasez.

Este escenario constituye un marco ideal para que los productores aprovechen a realizar inversiones que apunten a mejorar la productividad y eficiencia de las operaciones.

Decir que la ganadería argentina está pasando por un buen momento, basados en el precio de la hacienda en pie, sería hacer un análisis parcial del sector.

Hoy le toca a la industria frigorífica sufrir las consecuencias de la caída de la oferta, situación agravada por las restricciones de las exportaciones y la crisis europea.

No cabe duda de que el sector ganadero tiene frente a sí, luego de muchos años, un nuevo escenario favorable. Pero, tal como mencionáramos párrafos arriba, la industria ganadera tiene sus propios tiempos biológicos. También debemos recordar que volver a una explotación ganadera en un campo de soja tiene fuertes costos y un tiempo adicional de espera para lograr utilidades.

En virtud de esto es que la recuperación del stock ganadero será lenta y determinada por las expectativas de los distintos partícipes del sector.

Al respecto, tanto el gobierno nacional como los provinciales tienen el deber de asegurar un marco con reglas de juego claras y previsibilidad.

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