10 de diciembre de 2011 11:43 AM
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Desafío ganadero en Mendoza

Los campos El Clarín y El Molino demuestran que es posible lograr una cría y recría eficientes en zonas habitualmente no tenidas en cuenta para el negocio pecuario.

Los establecimientos El Clarín y El Molino, ubicados en la ruta 188, kilómetro 716, cerca de la localidad mendocina de General Alvear, se desarrollan en un entorno complejo: con precipitaciones escasas y altamente variables, y suelos arenosos (proclives a sufrir erosión hídrica y eólica) invadidos por la paja amarga ( Elionurus muticus ), carente de valor forrajero. Ello da como resultado una baja receptividad (12,3 ha equivalente vaca en los establecimientos citados).

El manejo de la actividad ganadera en el establecimiento Agrícola San Andrés SA fue descripto por su titular, Alejandro Viñolo, en el marco del encuentro “La ganadería argentina hoy”, organizado por el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Ipcva), con la participación del CREA Pehuenche, del INTA Rama Caída y del INTA San Luis.

El campo El Clarín posee 5500 hectáreas de monte, donde predominan el algarrobo y la jarilla. En el pastizal natural abundan especies estivales como tupe, tricloris, plumerito, flechilla fina y flechilla crespa. El Molino tiene una superficie de 3500 hectáreas. Allí predomina el tipo de pastizal de transición entre el monte de algarrobo y la travesía (pastizal pampeano). Tiene las mismas especies estivales que el campo anterior, con la diferencia de que gran parte ha sido colonizado por especies invasoras herbáceas, principalmente paja amarga, sin valor forrajero.

El mal manejo favoreció también la proliferación de especies arbustivas, como olivillo y romerillo. “Las especies deseables representan menos del 6% de la materia seca disponible”, señaló Viñolo. Esta situación de degradación está estabilizada y no admite retroceso si no es con una tecnología de alto impacto, como la eliminación mecánica o química y la siembra de especies forrajeras. “En nuestro planteo se ha decidido incorporar el pasto llorón como alternativa forrajera”, comentó el propietario del campo.

Agregó que los dos campos funcionan como una sola unidad productiva. El sistema integrado incluye la cría, la recría a campo, el engorde y la cabaña para provisión de toros y reposición de hembras. El rodeo total está compuesto por 270 vacas, de las cuales 194 pertenecen al plantel de la cabaña y 76 son del rodeo de cría del campo El Clarín, que por estar en proceso de recuperación del pastizal natural ha sido descargado, destinándose esa cantidad de vientres temporalmente a El Molino.

“Tal como les ocurre a muchos criadores de Mendoza y de la zona árida, teníamos la necesidad de incorporar toros al rodeo anualmente. Entonces, nos encontrábamos con un inconveniente: no conseguíamos toros adaptados a nuestra zona”, explicó Viñolo. Y agregó: “Habitualmente, en las cabañas, cuando se habla de toros producidos a campo, se hace referencia a campos totalmente distintos a los nuestros, con agua de mejor calidad y pasturas de alta producción, donde el animal no se ve obligado a trasladarse. Esto complica mucho el proceso de adaptación a un medio muy distinto al de su crianza. Así, hubo animales que debieron ser rechazados por no tolerar el agua o porque no podrían superar el primer invierno a campo en buena condición corporal. Esto nos llevó a desarrollar la idea de generar nuestros propios toros en el mismo medio en el cual se iban a desenvolver”.

Viñolo explicó que el primer paso fue conseguir madres de cabaña que pudieran adaptarse a la zona. Así se produjo una asociación con la cabaña Chañar Chico. “Hoy, el plantel de madres de la cabaña se encuentra adaptado y produce en las mismas condiciones que los rodeos de cría de secano de Mendoza. Consumen agua de la zona y son sometidas a un riguroso plan de selección por fertilidad. Los terneros se destetan y son llevados a recriar el primer año al campo Los Alamos, en Huinca Renancó, Córdoba, ya que de la calidad de la alimentación en esa etapa de la recría dependerá el adecuado desarrollo de su aparato reproductor, de la masa muscular y de la estructura ósea.”

Luego de esa etapa, los animales vuelven a El Clarín a terminar la recría durante el segundo año, completando así su adaptación al ambiente natural con un estado óptimo para su primer servicio. El servicio en las vaquillonas recriadas en el campo Los Alamos se produce entre los 15 y los 18 meses. La época de servicio histórica del rodeo de vacas es del 15 de diciembre al 15 de marzo. Todas las vaquillonas de primer servicio son inseminadas y luego repasadas con toros puros de pedigree de bajo peso al nacer. El rodeo de vacas recibe una inseminación a tiempo fijo a mediados de diciembre, para luego iniciar el repaso con toros. Se utiliza un 4% de toros. En el servicio 2009/2010 se postergó el retiro de los toros hasta el 30 de junio, debido a la “mala condición corporal de las vacas provocada por la fuerte sequía”, comentó el disertante.

Cuyo encierra un alto riesgo climático, con sequías frecuentes que deterioran la condición corporal de las vacas al parto. “Esto nos llevó a replantear el servicio y a hacer experiencias con entores de otoño, o bien a aumentar la duración del servicio, acompañando estas dos últimas técnicas con el destete precoz e hiperprecoz. Los resultados fueron positivos”, dijo Viñolo. Y agregó que los terneros nacidos se caravanean y se identifican junto con sus madres, a fin de evaluar la producción de cada vientre.

EN BUSCA DE UN BUEN NOVILLO

Al explicar las prácticas desarrolladas al momento del destete, Viñolo señala que no existe un plan fijo y se decide de acuerdo con el año. Así, por ejemplo, hubo años de destetes tradicionales de abril y mayo hasta para las vaquillonas de entore precoz; destetes selectivos por condición corporal, y destetes hiperprecoces generalizados.

Los motivos por evaluar en cada caso son: condición corporal de las madres; estado del pastizal, y relación de costos: destete precoz versus pérdida de preñez.

Los principales motivos de descarte son: vaquillonas de primer servicio vacías; vacas vacías (excepto que la falla sea atribuible a una alimentación deficiente); vacas con último ternero; vacas cuya descendencia no tenga el valor genético buscado y vacas que no tengan mansedumbre, y facilidad de parto. Tanto las madres como los padres de la cabaña provienen de líneas con bajo peso al nacimiento.

Respecto de la suplementación, Viñolo dijo que la concentración de las lluvias en el período estival ha llevado al consumo del pastizal diferido durante cinco meses al año, por lo menos. Para su mejor aprovechamiento, se suplementa todo el rodeo con harinas proteicas suministradas ad líbitum con sal como limitador de consumo. “Las formulaciones han ido modificándose a lo largo de los años y hemos pasado desde sales minerales con urea en raciones de 40 gramos por vaca por día hasta los 500 gramos de proteína verdadera de soja con núcleo vitamínico-mineral más el aditamento de energía”. Desde hace tres años, se emplea la técnica de creep feeding en forma sistemática.

En lo que hace a la suplementación del destete, todos los terneros destetados pasan por un período de acostumbramiento a la ración en los corrales antes de ser cargados para el campo Los Alamos.

Acerca del manejo forrajero, entre enero y febrero se concentran los rodeos que pudieron haberse dividido en tropas chicas durante la parición. Una vez concentrados se van rotando en los lotes asignados para pastoreo, intentando entrar dos veces por verano a los campos de pasto llorón. Los criterios de selección de lotes se basan en la observación previa, en el cálculo de la oferta forrajera y en la historia de cada lote.

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