10 de diciembre de 2011 12:40 PM
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¿Mejor tarde que nunca? (Susana Merlo)

¿De verdad? Y en todo caso, ¿para quién? Pues para la producción agrícola argentina no es así, y no lo será tampoco.

El tren ya pasó. Los “grandes precios” internacionales que en el pasado permitieron cantidad de excesos y enmascarar errores ya no están y, salvo alguna dramática pérdida de cosecha, ahora en el Hemisferio Sur es casi imposible que retomen la escalada alcista.
Aunque algunos recién comiencen a descubrirlo, el mundo se desaceleró, las economías se achican, se teme una recesión marcada en varias regiones y, objetivamente, no hay ninguna razón para que los precios agrícolas sigan en los niveles del pasado, cuando la economía internacional era un jolgorio. Las cotizaciones cayeron y nadie puede asegurar que no bajen más aún.
La hora de la verdad está llegando y la Argentina, que el oficialismo pretendía “blindada”, también está siendo afectada por el achicamiento global.
Ahora, tarde, casi ajeno a esto que varios analistas preveían (y alertaban) desde hace meses, y básicamente presionado por la necesidad de recuperar aunque sea parcialmente el drenaje de divisas que se sigue dando con mayor o menor intensidad, el Gobierno sale a “flexibilizar” el mercado de exportación de granos que tuvo bajo cerrojo durante al menos 3 años.
Así, mientras en octubre la cantidad de permisos de exportación (Roes) no superaba las 100.000 toneladas, sorpresivamente el 25 de noviembre anunció 1,4 millón de toneladas de trigo y el 29 del mismo mes otro 1,3 millón.
Por supuesto que no alcanza para neutralizar la sangría y esta misma semana trascendió que se autorizarían permisos por otros 3 millones de toneladas; ahora de maíz.
Mal el Gobierno y peor sus asesores.
En primer lugar, los anuncios no garantizan que los productores vayan a vender, cuando no lo hicieron hace meses atrás cuando las cotizaciones eran superiores a las actuales en US$ 100 o más por tonelada.
Tampoco sirve el anuncio para “cambiar el humor” de los agricultores e impulsarlos a una mayor siembra que ya pasó y ahora, con el intento desesperado de algunos funcionarios, aunque sea en los números, “corregir” las estimaciones reales. El caso más emblemático tal vez sea el de los datos del INTA (organismo técnico oficial) que acaba de subir la proyección de la cosecha de maíz nada menos que en 27% respecto a la del mes anterior. También subió la de soja.
Obviamente, en el caso del trigo, la ampliación de los cupos exportables de mercadería de los ciclos anteriores llega junto con la nueva cosecha, sumando presión bajista al mercado local. Así, los “diferenciales” de precio con que siguen beneficiándose otros eslabones de la cadena, después que el grano sale del campo, se mantienen holgadamente por encima de los US$ 45 por tonelada, los que se agregan naturalmente a la quita automática por retenciones que se le aplica a la agricultura.
¿Por qué vender ahora entonces?
Los argumentos de las deudas a cosecha, sueldos y aguinaldos, etc. ya no son válidos en esta etapa. Es demasiado lo que se le quitó arbitrariamente al interior perjudicando a productores y provincias, y para beneficio de solo algunos pocos empresarios de la molinería, avicultura y feed lots, mientras ni siquiera los consumidores pudieron ver alguna vez el beneficio de semejante política.
Además, a los productores todavía les quedan para vender más de 5 millones de toneladas de soja que, al no tener las restricciones e intervenciones de los productos de “la mesa de los argentinos”, aunque sigue soportando un 35% de quita por retenciones, al menos, no tiene recortes adicionales en el mercado interno.
La tardía reacción del Gobierno tampoco sirve para dar una señal de corrección estructural. De hecho, y aunque algunos hablen de la “liberación” del mercado agrícola, las medidas no pasan de una mera ampliación de los cupos existentes. Y, si hay cupos, entonces no hay tal liberación que, de hecho, podría cortarse tan abruptamente como apareció reimplantándose mayores restricciones e intervenciones al mercado con la sola decisión de algún funcionario de apenas segundo o tercer nivel.
Por eso, en ningún caso es mejor “tarde”. El daño ya está hecho y es acumulativo. Y lo peor, es que nadie se hace cargo de lo que el país perdió por las decisiones arbitrarias de sus funcionarios.

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