10 de diciembre de 2011 18:36 PM
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El garbanzo trae volumen y calidad

Los lotes de siembra temprana rindieron hasta 25 quintales. Buena perspectiva para los más tardíos. Hasta 300 dólares por tonelada de diferencia, según los tamaños

Lucas García Tini está satisfecho. En su primer año como productor de garbanzo, los resultados obtenidos en la zona de Piquillín le confirmaron su hipótesis inicial: que la leguminosa es una opción rentable dentro de la rotación agrícola en el centro-norte de la provincia.

Con los primeros lotes cosechados el sábado pasado y con un rendimiento promedio de 11 quintales, el productor y asesor técnico no duda en afirmar que el cultivo tiene números interesantes. “Incluido el alquiler, el garbanzo tuvo un rinde de indiferencia de 7,6 quintales por hectárea. Ganar tres quintales por hectárea con un cultivo de invierno, con el precio que hoy tiene el garbanzo, es un muy buen resultado”, aseguró a La Voz del Campo García Tini, quien aguarda con expectativa la cosecha de otro lote en sociedad con José Luis González, productor y contratista, en la zona de Río Primero.

Opción invernal. Convertido en una opción dentro de los cultivos invernales, el garbanzo viene ganando presencia dentro de la rotación agrícola en el centro-norte de la provincia. Según la Bolsa de Cereales de Córdoba, en la presente campaña se sembraron 18.637 hectáreas con el grano, 35 por ciento más que en el ciclo 2010/11, cuando se implantaron 13.735 hectáreas.

 

Martín Cantarini y Javier Fernández llevan cuatro campañas asesorando a productores en el cultivo de garbanzo en el centro-norte de la provincia, con alrededor de mil hectáreas monitoreadas. Cantarini comenzó con dos productores en la zona de Montecristo, a partir de un saldo de semillas traído desde el norte de la provincia. “La experiencia no fue grata al comienzo. Costó mucho establecer el cultivo, comenzamos con siembra tardías, con el frío ya asentado, y era difícil logar un stand de plantas acorde. Pero fuimos haciendo los ajustes correspondientes”, recuerda el asesor técnico.

En esta campaña, el ciclo comenzó con condiciones ideales. Las siembras tempranas de mediados de mayo se dieron en un perfil con buena humedad y temperatura adecuada para un buen establecimiento del cultivo. A diferencia de años anteriores, el garbanzo exhibió una mejor estructura de plantas y desarrollo vegetativo. Una evolución más retrasada se observó en las siembras de fines de mayo, cuando los fríos un poco más intensos demoraron la germinación.

Pero en septiembre todo cambio. La sequía y las altas temperaturas de comienzo de primavera impactaron sobre la floración de las siembras más tempranas y abortaron su desarrollo. Mientras tanto, los cultivos que venían más demorados soportaron mejor la etapa de estrés y hoy están con mejores perspectivas. Hasta el momento, el abanico de rendimientos obtenidos en la zona centro- norte van desde cuatro hasta 25 quintales por hectárea, con buena calidad. El año pasado, la productividad fue mejor, con picos superiores a 26 quintales en Montecristo.

Manejo a campo. La incorporación del garbanzo dentro de la rotación agrícola exige cierta planificación. Los antecedentes del lote, la inoculación de la semilla, el seguimiento de su sanidad y el secado son etapas claves dentro de la evolución del cultivo.

Lote. “Hay que usar lotes con historia en siembra directa. El garbanzo es un cultivo que no deja cobertura y un lote sucio con malezas, debido a que no se pueden realizar tratamientos en la última etapa del cultivo”, sostiene Cantarini. Para el asesor, la secuencia maíz/soja/garbanzo es una buena opción. “Se puede incorporar luego de una soja grupo corto de alto potencial que libera el lote en forma anticipada y acumula agua. Luego del garbanzo, se puede hacer un maíz o un sorgo”, explicó. “Sobre rastrojo de maíz, el problema es durante la cosecha de que no se levante ningún marlo y que puede contaminar al grano”, aclaró Fernández.

Bajo riego, el garbanzo ofrece respuesta. Según Fernández se han cosechado lotes con el aporte de riego complementario con rendimientos de hasta 44 quintales. “Se las arregla con la mitad del agua que el trigo”, apuntó el técnico.

Por ahora, el cultivo se muestra indiferente a la fertilización, según lo que expresan productores y técnicos. “No hay datos científicos sobre respuesta a la fertilización de nutrientes y de micronutrientes. Lo que se está analizando es su respuesta a la fertilización foliar acompañada con hormonas que alarguen el tamaño de las plantas y estimulen su floración. No obstante habría que seguir ensayando”, comentó Cantarini.

No habría que descartar una fertilización de reposición para mantener los niveles de azufre, fósforo y nitrógeno en el suelo, en los suelos con más laboreo.

Inoculación y siembra. Hay coincidencia entre los productores en que ambas labores representan el 95 por ciento del cultivo. De la inoculación de la semilla depende que el cultivo tenga una buena nodulación y reciba el nitrógeno necesario para formar proteína. La siembra también es fundamental. “La sembradora neumática es la que ofrece una implantación más homogénea. De ello depende que las plantas emergen al mismo tiempo”, apuntó Cantarini.

Sanidad. El garbanzo exige muchas visitas al lote. “Es un cultivo muy susceptible a plagas. La oruga bolillera y chinche pueden afectar el rendimiento y calidad”, indicó Fernández. Tratamientos con triazoles y estrobirulinas, en las mismas dosis que la soja, se están utilizando para combatir enfermedades.

Secado. Es un paso previo a la cosecha. Por tratarse de un cultivo de crecimiento indeterminado requiere de la aplicación de herbicidas para interrumpir su estado vegetativo. “Cuando se observa en la planta un determinado número de granos en madurez comercial hay que proceder al secado de la planta”, indicó Cantarini. La aplicación inicial de glifosato y otra posterior, a los siete días, de Paraquat es una secuencia que permiten comenzar con la cosecha a las 48 horas. La tarea tiene que ser precisa.

“Si no llega a ser efectivo la incorporación del Paraquat el proceso de secada se puede alargar en el tiempo, con lo que se corre el riesgo de que ante una lluvia se puede ver perjudicada la calidad del grano”, advirtió el asesor técnico.

José Luis González aguarda con expectativa el momento de la cosecha. Su vinculación con el garbanzo comenzó hace tres años cuando como contratista realizó la primera siembra. Hoy, un lote propio sembrado los primeros días de junio muestra una adecuada evolución y hace confiar en una buena productividad. Alrededor del 20 de diciembre, la cosechadora dará el veredicto final.

18.600 hectáreas

En la provincia. Según la Bolsa de Cereales de Córdoba, en la presente campaña se sembraron en la provincia 18.637 hectáreas con garbanzo.

Crecimiento. El área es 35 por ciento mayor que la implantada en 2010/11, cuando se sembraron 13.735 hectáreas

 

Los diferentes calibres definen los precios

A diferencia de otros cultivos donde la tonelada cosechada tiene un valor comercial uniforme, en el caso del garbanzo los calibres son los que definen el precio.

La cotización varía según el tamaño del grano. El calibre nueve tiene hoy un valor aproximado de 850 dólares la tonelada; el ocho, de 750 dólares; y el siete, de 550 dólares. “Por lo general, en un lote hay granos de diferentes tamaños; a partir de una muestra representativa se sacan los porcentajes de calibre para determinar su valor”, explicó Martín Cantarini, asesor técnico de productores de garbanzo en la zona de Montecristo. Cuando mejor calidad tiene el grano y mayor tamaño, el precio es más alto.

Debido a que en el norte del país hay mucho volumen de garbanzo de calibre siete, los exportadores están castigando este tamaño por considerar que el mercado está sobreofertado con granos de esa dimensión que son de difícil colocación. También se castiga el precio cuando el grano tiene presencia de tierra, resto de plagas o de malezas.

 

La utilización de semilla fiscalizada comenzará a mejorar la calidad comercial del producto. Hasta el momento, la mayoría de las siembras que se realizan en el país se hace con semillas de uso propio y que no cuentan con una variedad identificada. El material genético más difundido en el país son Norteño y Chañaritos, dos variedades desarrolladas entre el Inta Salta y la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba. Se tratan de granos de buen tamaño, con mayor tolerancia a fusariosis, y con un período de desarrollo entre la siembra y la cosecha de entre 150 a 160 días. Ambos materiales comienzan a estar disponibles en bolsas certificadas.

Según datos de la FAO, la siembra mundial de garbanzos muestra una superficie cultivada de entre 9,5 y 12,2 millones de hectáreas, mientras que la producción mundial ha fluctuado en los últimos años entre siete y 9,5 millones de toneladas.

“A nivel mundial, los exportadores desde Argentina encuentra cada vez más mercados. Si tenemos en cuenta que Argentina contribuye con menos de tres por ciento del mercado mundial, no hay posibilidades de que se sature el mercado”, reconoció Cantarini.

El crecimiento en la producción local podría generar algunos inconvenientes en la logística y en la capacidad de acopio, según observan los técnicos. No obstante, los productores de mayor trayectoria en el cultivo a nivel nacional ya cuenta con plantas seleccionadoras que les permite mejorar el precio.

“No se trata de un cultivo de ocasión, ha llegado a la zona para quedarse. Tiene un gran potencial y hay que dedicarle tiempo. En años normales, desde el punto de vista climático, las condiciones para la cosecha son buenas”, indicó el asesor técnico.

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