11 de diciembre de 2011 11:27 AM
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Qué pasa con las exportaciones de langostino argentino a Brasil

Las empresas argentinas tienen dificultades para exportar esa especie y confían en la negociación entre gobiernos para lograrlo. No han tenido éxito.

El 7 de diciembre pasado la Revista Puerto publicó un excelente editorial de la periodista Karina Fernández con el titulo ¨Argentina quiere exportar langostino a Brasil¨. Dado que el 14 de enero de 2009, NUESTROMAR publicó un artículo denominado ¨El Comercio con Brasil, las barreras para-arancelarias y el langostino”, el cual tiene absoluta actualidad, creemos que la información de la Revista Puerto puede complementarse con este, por lo que decidimos abordar nuevamente el tema.

Desde hace años, un grupo de empresas pesqueras argentinas han tratado infructuosamente de exportar langostino a Brasil y han motorizado la negociación entre gobiernos para lograrlo. Decimos un grupo, y no todas, porque hay que reconocer que las empresas que tenían sus ventas aseguradas con el mercado español no habían demostrado el mismo interés de aquellas que debían salir a conseguir otras alternativas de venta. Pero la caída del mercado español como comprador casi exclusivo del langostino Pleoticus Muelleri (langostino argentino) ha modificado ese escenario y ahora el interés es común a todas las empresas.

Vayamos al inicio

Desde hace más de una década Brasil se ha dedicado a la piscicultura muy fuertemente, para lo cual adaptaron al vannamei , que es un langostino originario del Pacifico y muy resistente a las condiciones de cría de la ribera atlántica.

Para defender la cría de alto costo de este langostino, que competía con los bajos costos de los langostinos extraídos de la naturaleza, como el caso del argentino, comenzaron a poner trabas para su importación, a fin de no poner en peligro a su incipiente industria.

De esta forma, aplicaron una medida para-arancelaria como fue prohibir la importación de langostino crudo. La medida promovida por la Secretaría de Defensa Agropecuaria del Ministerio de Agricultura y Abastecimiento del Brasil, suspendió temporariamente la importación de crustáceos basándose en la difusión de las enfermedades “mancha blanca” y “cabeza amarilla”.

Cualquier importación de langostino congelado evidentemente no constituía ningún riesgo de infección a los criaderos, pero el lobby de los productores fue más fuerte que el espíritu que debía conducir las negociaciones MERCOSUR. Además nuestro langostino el pleoticus muelleris, langostino argentino silvestre, no es susceptible a estas enfermedades, dato corroborado por la Organización Internacional de Epizootias y los estudios realizados por SENASA y el INIDEP.

La actitud de la administración Argentina ante esta nueva barrera a nuestro comercio exterior fue también variando desde poca preocupación inicial a tomar conciencia por la gravedad del tema. Dado que evidentemente este asunto constituía una barrera para-arancelaria a la exportación de langostino argentino, en la LXX reunión ordinaria del grupo Mercado Común realizada en Montevideo el 11 de diciembre de 2007, Argentina pudo incluir en el listado de restricciones y medidas no arancelarias, la restricción sanitaria al acceso de langostino crudo congelado al Brasil.

En el marco de las reuniones mantenidas en la Cancillería argentina en el año 2008 entre empresarios argentinos y brasileños, se planteó la existencia de esta barrera y se logró el compromiso del empresariado y autoridades brasileñas de que si SENASA informaba que nuestro langostino estaba libre de estas enfermedades, ellos gestionarían ante el Departamento de Salud Animal del Brasil el levantamiento de esta barrera.

La administración pesquera argentina y empresarios argentinos estudiaron las objeciones fitosanitarias del vecino país, para destrabar el comercio del crustáceo patagónico. SENASA preguntó cuál era el informe que se necesitaba y recibió la respuesta del Departamento de Salud Animal del Brasil, el que señalaba que podrían hacer una excepción a la Instrucción Normativa N°39 y permitir crustáceos con cáscara pero previamente sometidos a una temperatura que garantizara la destrucción de los virus en cuestión. La interpretación de SENASA, por el tono del texto enviado en aquel momento fue que no parecían tener en cuenta el estatus sanitario del país de origen. En realidad, decían que cada autorización emitida debe contemplar un análisis de la situación sanitaria de la zona de producción del país de origen.

Dispuesto a cumplimentar el requerimiento brasileño SENASA le solicito al INIDEP la colaboración para elaborar el informe a través de una campaña de estudio del recurso y finalmente, tarde pero hecho al fin, se envió el informe a las autoridades brasileñas en el cual se establecía de la no existencia de las enfermedades de referencia ni en el langostino, ni en el área de producción. En el mes de septiembre del presente año las autoridades argentinas daban como un logro el haber solucionado el tema.

Pero no era así, Brasil no levantó la prohibición y se demora en tomar la medida. Reiteramos que la clave de esta prohibición es el lobby empresario brasileño de criadores de langostino vannamei y la verdadera causa es que no desean que nuestro langostino compita en su mercado. Esperemos que todos entiendan esto y se requiera de Brasil que cumpla con el espíritu de libre mercado entre los miembros del MERCOSUR.

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