12 de diciembre de 2011 11:17 AM
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“Los proyectos fracasan cuando ciencia y empresa no están vinculados”

CHILE : La directora de FIA, Eugenia Muchnik, analiza los 15 años de la Fundación para la Innovación Agraria y el nuevo énfasis en la competitividad y en desarrollar productos que vayan directo al mercado y no se queden en el laboratorio o la sala.

Hasta Manao, en las cercanías de Ancud, llegó Eugenia Muchnik, la directora nacional de la Fundación para la Innovación Agraria, FIA, el lunes pasado. Participó en el lanzamiento de un proyecto que busca recolectar material nativo para domesticar el cultivo de lo que se conoce como salicornia chilota o espárrago de mar. Un producto que se agrega a la canasta gourmet y que crece en Chile y otros países y se consume especialmente en Francia. La idea es salir de la simple recolección y pasar a producirlos y elaborarlos adecuadamente para los mercados externos por parte de la empresa Melimei, de Patricio Varas, el mismo que creó la pimienta austral y que en 2009 estuvo entre los ganadores del premio a la innovación Revista del Campo-FIA.

Eugenia Muchnik reconoce que la labor del FIA sigue teniendo parte de todos los énfasis marcados por los directivos que han pasado por la entidad en los 15 años que acaba de cumplir. Financia proyectos que buscan alternativas productivas y procesos, las pruebas y también las iniciativas que agregan valor. Ahora, en su mandato, el énfasis está en mejorar la competitividad y lograr que todo lo que desarrollen vaya a dar al mercado. Nada de estudios sólo académicos, que son importantes, dice, pero que no tienen que ver con la labor de FIA.

Son quince años con triunfos locales, como en Chiloé -rescate de material genético y registro de las papas nativas base para futuros programas de mejoramiento, o la pasta de ajo-, como a nivel nacional, como el desarrollo de la olivicultura, trayendo nuevas variedades y tecnología de procesamiento.

“Fueron apoyos importantes, claro que detrás de eso siempre tiene que haber empresarios. Una cosa es cofinanciar, pero sin su iniciativa, de nada serviría”, recalca Muchnik.

Fue también lo que hizo FIA ayudando a extender a más regiones los arándanos, también al traer razas ovinas de leche y carne, y más recientemente, el sello de calidad para las nueces; el apoyo al sector pisquero buscando mejores localizaciones de suelos y clima, la reinvención del kiwi tras los problemas de competitividad, la trazabilidad en toda la cadena de la carne de cerdo, incluidos los proveedores de insumos tras la crisis de las dioxinas, y el uso de las tecnologías de la información para reducir la brecha digital en el campo.

Pero también hay fracasos y nuevos desafíos, incluso críticas a la labor de innovación, que la directora no escabulle.

-El estudio del Banco Mundial planteó críticas al modelo chileno de innovación en el agro.

-Estamos invitados para ir al Banco Mundial esta semana, para discutir los efectos del estudio y ver cómo se van a aterrizar algunas de sus recomendaciones. Las autoridades del Ministerio de Agricultura nos encargaron que hagamos propuestas concretas a los temas que surgieron. Por ejemplo, cómo mejorar la difusión y la transferencia tecnológica en la agricultura. Tenemos una propuesta que, entiendo, se va a hacer llegar a la mesa de la competitividad. La filosofía es no tratar de tirar todo a la basura por hacer algo nuevo, sino ver cómo logramos dar una vuelta de tuerca y convertir en algo más coherente y consistente la difusión. Dentro de las universidades hoy no existe nadie que de un curso sobre extensión. Eso pasa por tener una capa de profesionales y técnicos con habilidades para hacer extensión, que tiene que ser permanente en el tiempo.

También se abordará el mejoramiento genético y los bancos de germoplasma, para formar un solo sistema de bancos de germoplasma, con una política clara de acceso a la información, de qué material hay, en qué condiciones está y quién puede acceder a eso.

-¿Qué parte le toca a FIA en la menor velocidad innovadora que denuncia el estudio?

-Nuestra misión es estimular a que muchas más empresas del sector agrícola y productores estén pensando en innovar. Que pase a ser parte de su ADN una mejor forma de hacer las cosas. Que innovar sea parte de su forma normal de pensar. También hace falta más coordinación y coherencia, por eso la Subsecretaría de Agricultura está trabajando en una modernización.

-¿Sería una subsecretaría o sería una entidad público-privada con poder?

-Es el subsecretario quien tiene que hacer el anuncio. Claramente se tomaron muy en serio esos comentarios y se está trabajando en una propuesta de modernización del Ministerio de Agricultura.

-¿Qué es lo que no ha funcionado en los proyectos financiados por FIA que quedaron en el camino?

-Muchos proyectos financiados a las universidades y al INIA quedaron ahí. Fueron buenos resultados técnicos, pero fallaban en que no eran implementados. Mi análisis es que el gran problema es cuando los proyectos de innovación no van desde el día uno de la mano con las empresas y los productores, que son los que lo tienen que llevar al mercado.

Por eso hemos hecho un viraje. Cuando no están vinculadas la ciencia y la empresa, ahí es donde fracasan los proyectos. Pueden ser muy lindas las investigaciones o el material muy interesante para que los alumnos estudien, pero no es lo que uno espera.

Otros fracasos surgieron de hacer proyectos con pequeños productores, porque no había detrás una organización que se preocupara de seguir apoyándolos para impulsar los cambios. Eso lo estamos tratando de resolver pidiendo que el Indap u otras entidades sean parte del proyecto. Queremos que vengan acompañados del que va a comercializar o del que tiene experiencia en industrializar, en la misma línea de las alianzas productivas que tiene Indap.

El sello Muchnik

-En los primeros 12 años  FIA se dedicó a buscar alternativas productivas y procesos. En los últimos años el énfasis fue agregar valor y llegar a los pequeños y medianos. ¿Cuál es el sello de su administración?

-Sigue siendo válido agregar valor, también buscar nuevas alternativas, buscar materias primas para biocombustibles, mejorar la eficiencia. El énfasis es apoyar a mejorar la competitividad, por cualquiera de los caminos, lo importante es vislumbrar rápidamente el impacto en los costos, en las ventas, en el precio o si va a ser un insumo más aceptado internacionalmente. Lo que nos interesa es que el mercado valide que es una opción que va a tener un beneficio económico y social importante. Hoy estamos enfocados solamente en innovación; o sea, conocimientos que vayan a dar al mercado y queden instalados ahí. 

-¿Cambió el énfasis con la pequeña y mediana empresa?

-Por el tamaño de fondos que manejamos estamos dedicados a las pymes. Al exigirse que en los proyectos esté la empresa que va a comercializar o a transformar puede que deje fuera a algunos pequeños productores, pero si vienen bien vinculados con el mercado y tienen las garantías, las puertas siguen abiertas.

-¿En qué se avanzó en innovación en casi dos años?

-El primer año no había plata para financiar ningún proyecto. Estaba todo amarrado, porque financiamos proyectos a tres años plazo, entonces los fondos estaban comprometidos. Recién a fines de 2010 y este año pudimos hacer concursos para financiar proyectos. Es demasiado pronto para juzgar resultados.

-¿Cómo queda la FIA con el presupuesto 2012?

-Viene con crecimiento real cercano a cero, desgraciadamente. Hubiéramos querido más recursos, pero es lo que hay. El ministro Longueira señaló que 2012 va a ser el año de la innovación. Creo que las autoridades responden cuando la gente cree en la innovación. Pero culturalmente no creemos en ella, ni tampoco los políticos ni los que aprueban los presupuestos.

 Dos tipos de consorcios

“Nuestro rol es apoyar a los consorcios y la evaluación final de su trabajo es que vale la pena seguir adelante con ellos. Por eso se va a abrir una figura para darles recursos a los que terminan ahora, a la espera de que en el segundo semestre del próximo año salga un nuevo concurso de consorcios 2.0, al que se podrán presentar los ya existentes y otros nuevos.

“Acá se han dado dos tipos de consorcio: uno propiamente tecnológico, que era la idea original, destinado a desarrollar nuevos negocios tecnológicos, y también otro, de una segunda categoría, los consorcios sectoriales, que están impulsando la transferencia y la capacitación. Un ejemplo claro de estos es el de la leche, en un rol casi gremial de asociatividad de la cadena Tomó tiempo para que los empresarios se empoderaran, pero el cambio ya ocurrió. Son los productores y los empresarios los que dicen estos son los problemas que necesitamos resolver.

Capitalizar la ciencia-¿Qué efecto práctico se espera con la alianza con la Universidad de California en propiedad intelectual?

-No se trata de correr a inscribir algo para que tenga propiedad intelectual, que igual es importante. El gran aporte que se espera del acuerdo Pipra-FIA con la Universidad de California es apoyar a las universidades para que tengan su política tecnológica. Eso significa que si un investigador desarrolla algún producto, sepa a priori cuánto va a poder obtener de eso, y que la universidad sepa cuánto puede capitalizar de lo que logre. En segundo lugar, como los investigadores no saben cómo dar valor o llevar al mercado el producto que logran, el apoyo será para saber venderlos y presentarlos en forma atractiva para las empresas.

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