12 de diciembre de 2011 23:31 PM
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MENTIRA OFICIAL

ESPAÑA :   Desde hace un tiempo la trazabilidad es obligatoria en el sector agroalimentario de la UE. Eso quiere decir que todos los productores y comercializadores de artículos alimenticios están obligados a registrar en qué condiciones y con qué materias han cultivado, recolectado, transformado, manipulado, etc. cualquier cosa que se destine a comer, de modo […]

ESPAÑA :   Desde hace un tiempo la trazabilidad es obligatoria en el sector agroalimentario de la UE. Eso quiere decir que todos los productores y comercializadores de artículos alimenticios están obligados a registrar en qué condiciones y con qué materias han cultivado, recolectado, transformado, manipulado, etc. cualquier cosa que se destine a comer, de modo que las autoridades competentes puedan controlar todos los pasos seguidos y, llegado el caso, haya capacidad para conocer toda la trayectoria.

En mayo pasado, cuando estalló en Alemania lo de la epidemia de E. coli y una ministra regional culpó a los pepinos españoles, enseguida se supo qué empresas eran las que habían exportado las hortalizas injustamente acusadas, de qué partidas concretas se trataba y cuál había sido el camino recorrido. Gracias a la información aportada por el exigido sistema de trazabilidad, se analizó todo y los productores pudieron defenderse y demostrar que no tenían ninguna responsabilidad en el problema y que la política alemana se había precipitado al conocer unos análisis iniciales que después no se confirmaron, como en días posteriores se fueron dando otros palos de ciego, señalando en diversas direcciones hasta que se diluyó el problema.
Todos los agricultores están obligados a anotar con qué productos químicos combaten sus plagas, qué fertilizantes utilizan, cómo es el agua de riego…, y tener cuidado de emplear sólo productos autorizados para cada uso concreto.
Si un comerciante detecta en una partida de naranjas la presencia de algún plaguicida no permitido, no se llevará la fruta, aunque se la regalen, porque, a su vez, sus clientes, las cadenas de supermercados, harán lo mismo y aun tienen reglas más duras que las oficiales. Puede incluso que el precio final de liquidación de esas naranjas sea cero, o menos cero, pero se les exigirá que cumplan con la trazabilidad y la seguridad alimentaria.
Sin embargo, Valencia, teórica capital de la naranja, está repleta de tiendas que venden naranjas y mandarinas que nadie puede demostrar de dónde son y cómo se cultivaron y manipularon; ni siquiera si se han adquirido legalmente. Pero nadie hace nada. ¿Es la trazabilidad una mentira oficial que sólo se aplica donde interesa?
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