19 de diciembre de 2011 10:20 AM
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Exportación, única vía para producir biocombustibles

MEXICO : El uso de biocombustibles líquidos en México debe ser evaluado en función de la disponibilidad de fuentes alternativas de energía para el futuro. Es indispensable planear a largo plazo, ya que es una opción que sólo se explota a pequeña escala, consideró Edit Antal Fodroczy, del Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN) de la UNAM.

En el país no hay regulación al respecto, por lo que no existe mercado interno para su consumo; por ello, la exportación es la única vía para producirlos. Tan sólo el 1% de los requerimientos del país se satisface con bioenergéticos, refirió.

La estrategia nacional propone, para el año 2012, que el 26% de la demanda se atienda con fuentes renovables, y en el análisis de la viabilidad de estas alternativas, se ha determinado que en el campo de la energía eólica, México podría ejercer liderazgo en América del Norte y, en la solar, podría cooperar con Estados Unidos para su explotación.

Las experiencias observadas en otras naciones demuestran que la obtención no detonaría la reactivación del campo mexicano, pues no existe la infraestructura de desarrollo rural indispensable para proporcionar recursos a los pequeños productores. Por ello, el beneficio social está en duda, estableció.

Actualmente, la producción de biocarburantes es un fenómeno global. La demanda es creada por los países industrializados, lo que genera un mercado mundial, y está orientada a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. En Europa, Argentina y Estados Unidos, existen normas que exigen mezclarlos con otros energéticos en proporciones que van del 5 al 10% .

Para atender esta necesidad, se recurre a las naciones en vías de desarrollo. Por ejemplo, Brasil es uno de los grandes protagonistas en este ámbito. “Es un bio-pacto entre Sur y Norte”, explicó.

Se calcula que entre 1 y 2% de la tierra cultivable en el orbe se utiliza para producir etanol y biodiesel, equivalentes a 14 millones de hectáreas. Para el año 2030, la cifra podría elevarse a 4%, y para 2050, hasta el 20%.

 
Cada territorio debe evaluar si es conveniente o no la producción de biocombustibles. En este ejercicio, debe considerarse que son una respuesta a la escasez de recursos petroleros y no al cambio climático.

Económicamente, su producción no es rentable, porque requiere de grandes subsidios. En cierto sentido, prolongan la era del petróleo, pues se agregan a la gasolina y al diesel, y benefician a la industria automotriz, al no ser necesario un rediseño de la tecnología que utilizan los vehículos.

“Es una fuente de transición, parcial y limitada. Sólo compensa los déficits de carburantes fósiles y se calcula que durará, máximo, 30 años”, aseveró.

A favor de su generación, se argumenta que contribuye a la protección ambiental, al reducir la emisión de gases de efecto invernadero, pero al calcular la energía que se invierte para producirlos, la balanza resulta negativa.

Los insumos para su fabricación provienen de procesos intensivos de cultivo, que requieren fertilizantes, maquinaria y refinado. “Recientemente, la Unión Europea aseguró que los que se producen en el mundo no son amigables con el medio ambiente”, acotó.

Antal Fodroczy expuso que el mayor conflicto radica en la competencia por los insumos con el sector agroalimentario. Es el más crítico de los argumentos en contra de la generación de biodiesel y etanol, aunque es un factor marginal en la tendencia alcista del costo de los alimentos, apuntó.

De los recursos empleados, se invierte una parte ínfima en investigación y desarrollo; además, los subsidios se dirigen a los de primera generación, en detrimento del desarrollo de opciones más novedosas, concluyó.

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