19 de diciembre de 2011 13:24 PM
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Por qué el vino vive su momento más creativo

CHILE : La llegada de numerosos pequeños emprendedores y el mayor poder de los enólogos explican en parte por qué Chile está produciendo cada vez más vinos que llaman la atención mundial.

Luego de estudiar gastronomía en Santiago, Juan Ignacio Acuña, de 32 años, ingresó a la Escuela de Sommeliers de Chile para complementar su formación. Ahí le picó el bichito del vino. Sin embargo, no quiso quedarse en ser un consumidor empedernido ni el típico tuitero wine geek.

Decidió dar un paso más allá: rescatar las parras que su familia tenía en Guarilihue, en la Octava Región. Varias de ellas ya habían sido arrancadas por su baja rentabilidad y reemplazadas por pinos para la industria de celulosa.

Este año lanzó Zaranda, su propia viña-pyme. En la bodega del Inia de Cauquenes, vinificó varios lotes de uva. Una de ellas era de la cepa moscatel, que usualmente sirve para hacer vinos dulces que se venden entre vecinos a bajo precio. Recibió la asesoría del también bisoño enólogo Diego Morales. El resultado es sorprendente. El vino es austero y de gran cuerpo, con una impresionante acidez.

Tanto así, que recibió una de las menciones honrosas del Premio a la Innovación en el Vino Chileno que lanzó por primera vez la Revista del Campo y Revista Wikén de El Mercurio.

Es que el vino chileno está inquieto, creativo. Ya era necesario comenzar a destacar a quienes le están cambiando la cara a esa industria. 

Aún más interesante, otros quince vinos fueron destacados por abrir nuevas tendencias y explotar incipientes zonas geográficas. El gran número de premiados da cuenta de que la industria del vino vive una explosión de creatividad.

La explicación pasa desde la entrada de nuevos actores, especialmente de pequeño tamaño, hasta por la necesidad de mejorar los precios de los vinos.

Madurez enológica

Una de las cosas que le dolía más a Marcelo Retamal es cuando los críticos internacionales motejaban a Chile de ser un productor de vinos buenos, bonitos, baratos, pero fomes. “Nos decían que era una lata y tenían la razón. Hace cinco años todas las viñas hacíamos lo mismo. Sin embargo, esos mismos que nos criticaban hoy destacan que Chile está despertando. Cada vez hay más vinos interesantes, con una personalidad propia, diferentes a los de otros lugares del mundo”.

Un punto importante es la maduración profesional de los enólogos formados al alero del boom de exportaciones de los años noventa y en la década del 2000.

Un caso claro es el mismo Retamal, que pasó por un estilo con harta presencia de madera y sobremadurez de la uva. Ese es el estilo que se popularizó por la influencia de crítico norteamericano Robert Parker.

Interesados en potenciar las exportaciones de sus empresas, los enólogos chilenos siguieron al pie de la letra esa receta.

Sin embargo, al acumular vendimias en el cuerpo comenzaron a agarrar más confianza y han comenzado a tratar de plasmar su propia manera de vinificar. Obviamente, con diferentes grados de audacia, dependiendo de su personalidad y de la estrategia comercial marcada por los dueños de la viña.

Es así como Retamal llegó a hacer vinos en tinajas de greda.

El empoderamiento de los enólogos se reflejó también este año en el nacimiento de Vigno, un grupo de viñas que se unieron para promover el carignan.

Los enólogos fueron los que convencieron a sus empresas de era necesario unirse para rescatar esa cepa. Las viñas modificaron sus etiquetas -un elemento sacrosanto para cualquier ingeniero comercial dedicado al marketing- para tener una presentación homogénea.

Chicos inquietos

Otro elemento que impulsa la creatividad viñatera es la llegada de nuevos emprendedores, generalmente de pequeño tamaño.

Debido a su escala, no pueden competir con las grandes viñas en segmentos de precios bajos.

“Las viñas chicas que lo han intentado están con resultados en rojo”, explica Felipe García, socio de Bravado Wines.

Sin embargo, no es cosa de vender caro porque sí. Los consumidores sólo están dispuestos a pagar más por un vino en la medida en que su exclusividad es mayor.

¿Por qué pagar más por un cabernet sauvignon sobremaduro si sabe igual en Australia, Chile o California?

La alternativa para quienes recién entran en el negocio es apuntar a vinos con personalidad propia. Ahí es donde los lugares más extremos en términos geográficos, las cepas desconocidas o la vinificación original son un plus.

Se entiende que entre los premiados esté María Victoria Petermann y su chardonnay proveniente de Perquenco, en la Novena Región.

Tampoco que el sauvignon blanc que el enólogo Rafael Tirado hace cerca de la cordillera en el Lago Colbún, resultaran ganadores de sus respectivas zonas geográficas.

Cambio cultural

Sin embargo, no se trata sólo de tamaño, sino que también hay detrás un cambio cultural. Quienes se muestran más dinámicos son aquellos que más interés muestran por otras realidades del mundo vitivinícola.

Enólogos reconocidamente viajeros son Francisco Baettig, responsable de Errázuriz y autor de un syrah premiado, y Marcelo Papa, el hombre detrás del chardonnay de Maycas, parte del holding Concha y Toro.

Sin embargo, también es verdad que dónde más se siente la nueva mirada al vino es entre los emprendedores chicos.

“Es cosa de ver su historia de vida, muchos de ellos son personas muy cosmopolitas. Algunos vivieron afuera. Se acostumbrado a beber vinos de otros lados. Cuando deciden meterse en un proyecto viñatero propio, buscan algo pequeño, original y de calidad”, afirma Marcelo Retamal.

Ese es el caso del fotógrafo Julio Donoso.

Luego de hacer una carrera en Francia, volvió a Chile a producir pinot noir en el sector de Las Dichas en el valle de Casablanca.

El proyecto de Julio Donoso es de sólo seis hectáreas y se trajo un socio de lujo: André Ostertag, una de las figuras rutilantes del vino de Alsacia.

También es el caso de José Zarhi, un reconocido cirujano plástico, pero con una secreta pasión por el vino.

La vía de Zarhipara materializarla fue la viña Calyptra, ubicada en las alturas de Coya, en la Región de O’Higgins.

Marcelo Retamal, eso sí cree que falta que las grandes viñas sean más activas en la experimentación, pues cree que en la actualidad el peso de la innovación corre por el lado de los pequeños productores. “Me gustaría verlas mucho más activas”, reclama el enólogo.

Sin embargo, Retamal es optimista respecto al futuro.

“Lo que viene es la producción en zonas geográficas mucho más extremas. Ahí se van a producir vinos aún más particulares. Esto está recién comenzando”.

 Consumidores más audaces

Una cosa es el esfuerzo que hacen los viñateros chilenos por innovar; sin embargo, sería sólo un saludo a la bandera sino hubiera personas dispuestos a comprarles.

A pesar de que el consumo per capita descendió en la mayoría de los mercados tradicionales, el valor promedio de las botellas aumentó en los últimos años. Es decir la gente quiere tomar menos pero que sea un producto más exclusivo.

Paralelamente, los precios de los vinos clásicos europeos se fue a la nubes y una gran masa de jóvenes profesionales no puede pagarlos. Su curiosidad los lleva a experimentar con productores de otros orígenes, pero que tengan un vino original.

“El vino ya no está asociado al alcoholismo, sino que a la gastronomía. Es de buen gusto saber de vinos. Además se democratizó el conocimiento de los nuevos vinos gracias a las redes sociales”, afirma Francois Massoc, enólogo de Calyptra.

Los tres grandes premiados

Pablo Morandé obtuvo el premio al enólogo senior. Partió en los años 70 en el negocio del vino. En los ochentas abrió el valle de Casablanca a la producción de variedades blancas. Después dio varias peleas, algunas ganadas y otras perdidas, por el rescate de cepas tradicionales del secano del Maule. 

Louis Antoine Luyt, fue distinguido como el enólogo joven más destacado. En 2006 lanza su primer vino de la cepa país, aquella que repartieron los colonizadores españoles en toda América. Su trabajo se mantuvo casi de incógnito en Chile. Sin embargo, el año pasado la atención internacional se posó sobre él cuando el crítico inglés Tim Atkin señaló que el País de Quenehuao le había hecho “explotar la cabeza”.

El inquieto Marcelo Retamal, enólogo de De Martino, también marcó pauta. Su vino hecho en tinajas de greda con uvas de cinsault provenientes de Guarilihue, en la Región del Biobío.

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