23 de diciembre de 2011 15:23 PM
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El campo se prepara para enfrentar un año complicado

Cuando a principios de diciembre del año pasado los productores comenzaban a pensar en el plan de siembra para la campaña 10/11, ahora en plena recolección, el mundo no había aún iniciado la pesadilla económica que poco después conmocionaría, en cadena, a Grecia, Portugal, España, Italia y varios más, sacudiendo profundamente la estabilidad internacional hasta hoy. Pero para los hombres de campo, lo más importante era que las cotizaciones agrícolas en el Mercado a Término se ubicaban en unos u$s 260 por tonelada el trigo en Chicago (casi u$s 290 en Kansas), el maíz cotizaba a casi u$s 220 por tonelada y la soja superaba los u$s 470, y todos pintaban para más. De hecho, hubo más antes del descenso sistemático de las cotizaciones.

A 12 meses, la realidad de hoy muestra que los precios se ubican entre u$s 30 y u$s 50 por tonelada por debajo de los niveles de entonces, mientras que los costos aumentaron en igual lapso entre un 20 por ciento y un 50 por ciento promedio (el gasoil aumentó un 40 por ciento, mientras que el herbicida 2-4 D subió un 35 por ciento y la úrea para fertilizar, un 41 por ciento, entre otros). No extraña, entonces, que comience a hablarse del sistemático deterioro de los márgenes de todos los cultivos, y que hayan empezado a encenderse luces de alerta tanto en los escritorios de los campos como entre los proveedores de insumos (muchos cobran a cosecha, aunque en los últimos meses el sistema ya se cortó), y hasta entre algunos de los pocos funcionarios con experiencia y conocimiento del rubro.

El caso es que recién ahora muchos productores van cayendo en la cuenta de que están en el peor escenario pues decidieron su campaña con precios del producto muy superiores, que se fueron deteriorando a lo largo de los meses, mientras los costos aumentaban sistemáticamente determinando, por ejemplo, que aún en soja, que para muchos sigue siendo la vedette, los márgenes brutos hayan retrocedido alrededor del 30 por ciento, unos 200 dólares por hectárea. Eso significa que sólo en este cultivo el interior dejará de percibir por lo menos u$s 2.000 millones.

Naturalmente, el punto de equilibrio, o rinde de indiferencia, ahora es mucho más alto y por esta misma razón, muchas zonas marginales para ciertas actividades van quedando directamente afuera de la renta, mientras que ocurre lo mismo con las zonas más alejadas de puerto, aunque logren rindes razonables. Es que, por caso, los fletes más largos (500 y 1.000 km), que son justamente los que inciden en estas regiones (NOA, centro norte, NEA) subieron entre un 50 por ciento y hasta más del 100 por ciento en el último año, a $ 220,74 y $ 420 por tonelada, respectivamente. Obviamente, con los precios actuales de los granos, especialmente los internos, y más aún en trigo y maíz, ese costo no puede ser absorbido, excepto a quebranto.

Por supuesto, los números son mucho más críticos para quienes no son dueños de la tierra y arrendaron pagando adelantado a principios de año.

Sequía

El panorama se completa con dos aspectos para nada menores. Por un lado, la inestabilidad internacional que hace prever un achicamiento global de la economía (enfriamiento), que no permitiría cotizaciones muy superiores a las actuales, más allá de los lógicos vaivenes de los mercados. En realidad, podrían ser aún más bajos, con la única salvedad de que el clima en Sudamérica pueda hacer fallar adicionalmente algunos rindes de cultivos de verano, lo que por estos días está dando un relativo sostén a los precios.

El otro efecto es, justamente, el de la previsible sequía y muy fuertes calores que se están produciendo en la Argentina, que ya limitaron los rendimientos del trigo que se está terminando de recolectar, y que ahora están minando los del maíz que, aunque se recuperara, ya no podría alcanzar rendimientos promedio mucho más allá de los 70 quintales por hectárea como promedio.

Todo esto, a su vez, no sólo determinará que, en el mejor de los casos, se logre una cosecha total similar a la del año pasado, de alrededor de 100 millones de toneladas, bastante alejada de las expectativas extremadamente optimistas de algunos, sino que provocará una sensible disminución en los ingresos de la actividad, lo que hace prever varios conflictos, aunque sin llegar todavía al corte de la cadena de pagos.

Igual, con este escenario, los quebrantos ya se perfilan. Es que de acuerdo con un estudio del INTA Marcos Juárez, difundido por Agroverdad, la soja de 1ª y el sorgo requerirían un 20 por ciento y un 22 por ciento más de rendimiento que el año pasado para cubrir los costos, mientras que maíz y trigo necesitarían un 64 por ciento y un 55 por ciento más que entonces, lo que no va a ocurrir pues, como se dijo, el clima ya causó daños que limitan esa posibilidad y que se podrían acentuar más aún.

Para el girasol, el rinde de indiferencia debería aumentar un 31 por ciento respecto de enero pasado, para cubrir los costos actuales.

Naturalmente, las abultadas cantidades sin vender de cosechas anteriores, debido a las quitas adicionales de precio que se aplican en el mercado local, sobre todo al trigo y al maíz, agregan una cuota negativa extra a la hora de planificar la campaña que se viene. Por caso, entre caída internacional, retenciones y quitas extra, cuando el trigo se sembró rondaba los u$s 190 por tonelada en el mercado local, mientras que ahora apenas supera un poco los u$s 110.

Algo mejor es la ecuación para la ganadería ya que, si bien las subas en los costos de los insumos fueron semejantes a la agrícola, el valor del producto (kilo vivo) en 2010 registró un aumento constante que permitió absorber holgadamente los mayores costos. A su vez, durante 2011, los precios de la hacienda mantuvieron cierta ganancia nominal y, aunque en dólares cash se registró un retroceso relativo, el mercado se fue estabilizando y no se esperan grandes alteraciones por el momento. Entre otras cosas, el hecho del predominio absoluto de la demanda interna -forzada-, al menos le resta, en alguna medida, la inestabilidad del frente internacional.

Por eso, la magnitud de lo que ocurre ahora se pueda ver claramente reflejada en el cuadro donde se observa, por ejemplo, que, a excepción del novillo, el ternero y la leche, que ahora tienen precios superiores a los históricos, los productos agrícolas se encuentran mayoritariamente alrededor del promedio actualizado por Precios Mayoristas de las últimas dos décadas. ¿Dónde está la diferencia entonces?

Simplemente en la fuerte suba de los insumos, varios dolarizados que, incluso, se va a acentuar más aún con los recortes de los subsidios, y también en las irregularidades operativas del mercado interno que impiden vender, especialmente el trigo y el maíz, a los valores de paridad internacional (sin mencionar las retenciones).

Y ése es el cóctel, con el condimento del clima, que impediría nuevamente el salto cuantitativo de área que se viene demorando en la producción agrícola argentina.

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