26 de diciembre de 2011 11:11 AM
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El peligro de jugar con fuego

URUGUAY : Creo que el gobierno quizás no advierte con claridad cómo muchas de sus expresiones públicas van minando la confianza en el funcionamiento institucional y de esta manera, afectando negativamente la economía en general, y la agropecuaria en particular.

 Son muchos los temas que van instalando la impresión de que el barco navega a los bandazos. Otras secciones de este diario dan prolija cuenta de las marchas y contramarchas en materia educativa, en particular cómo desde el Presidente para abajo, las autoridades son desautorizadas todos los días por funcionarios menores, aunque revestidos del poder que el mismo gobierno le dio a sus corporaciones. Lo mismo ocurre con la deslucida presencia internacional del país, que parece aspirar solo a formar una suerte de comité de proteccionistas a ultranza, postergando la única opción para un país pequeño pero digno, que es la apertura al mundo global, en un enfoque siempre multilateral que es lo único que un país chico tiene para sostener su soberanía. No será el afecto a la patota de pacotilla a la que va camino a convertirse el Mercosur, el mejor camino para defender a nuestra gente, involucrándonos en conflictos como el del Atlántico Sur que no es nuestro, o prometiendo la palabra a países que como Argentina y Brasil nos han mentido sistemáticamente en estos últimos años.

VENEZUELA. Dicho sea al pasar, resulta inevitable la comparación de estos movimientos de incorporación de Venezuela y Ecuador al Mercosur, con la forma en la que se procesó la firma del Tratado de Asunción. En aquel momento el presidente Lacalle, ante tal transformación institucional, convocó a los líderes de todos los partidos y logró la votación favorable de todo el parlamento excepto dos legisladores del MPP (Sarthou y Previtale, creo recordar). Ahora, en cambio, se plantea una asociación con dos países cuyos comportamientos democráticos son muy dudosos, y se pretende hacerlo contra la opinión de toda la oposición y atropellando no solo al Parlamento paraguayo sino, más importante, al derecho derivado del tratado. Esto no es raro. Si se pretende imponer impuestos flagrantemente inconstitucionales; si se invade la intimidad de la gente; si se la obliga a pedir permiso para realizar actividades que no están prohibidas; si todo esto pasa, no debe llamar la atención que nos quieran meter con calzador a casi la mitad de los uruguayos, dentro de un esquema político regional que nos molesta a muchos. Y que debería tratarse con la voluntad casi unánime de los uruguayos, como ocurrió con el Tratado de Asunción. No puede ser que el Presidente quiera para un tema menor como la patente de rodados unanimidades, pero para el relacionamiento externo comercial y político apenas mayorías accidentales. Da pena ver al país hocicar con temas que creíamos enterrados; hoy mismo la Presidenta de Argentina realiza una afirmación que no solo es trágica en la historia argentina, sino especialmente para nosotros. Dijo: “necesitamos hacer regionalmente un proceso de sustitución de importaciones”. “El intercambio intrazona no debe ser visto como un asunto solamente comercial, sino de desarrollo”. Y a la verdad que a mí como a muchísimos uruguayos, imagino que cerca de la mitad, ni nos interesa la sustitución de importaciones ni, mucho menos, hacerla dependiendo exclusivamente de un mercado regional con licencias, cupos y manejos patoteros de la aduana. Que no.

Así vamos, ayudados por una economía que permite toda clase de licencias verbales, que van quedando como indicativas de lo que puede venir: topes a la propiedad de la tierra, cambios en su distribución, limitaciones a los extranjeros, frigorífico nacional, y ahora en palabras del ministro Lorenzo, una revisión del impuesto al Patrimonio y al de Primaria para el sector agropecuario, luego de que se apruebe este absurdo impuesto para castigar una concentración que no se demuestra. Y no solo esto, sino que ni siquiera se tienen ganas de dar batalla para estudiar si esa eventual concentración es buena o mala, si es mayor o menor que en otros sectores económicos, etc. Es que los precios altos alientan conductas populistas: aquí, en Venezuela o Argentina.

 EL PIB. Así es como vamos también sin advertir que el agro, muy sensible al populismo, se nos queda. Exhorto a mirar las cifras de PIB, pero no las de ahora sino desde el 2005 a las que se accede con facilidad. ¿Qué nos dicen en estos seis años? En primer lugar, que la economía creció un 52,3%, en tanto el agro lo hizo solo 6,8%, y la agricultura y la ganadería 4,9%. Esto quiere decir que la supuesta bonanza del agro es solo de precios, constatándose un estancamiento de múltiples causas, tapado por los valores. Me dio pena por el engaño que supone, esa suerte de exultación de INAC acerca de los ingresos por exportaciones, que son altos sin mérito nacional alguno, en tanto se cae la faena desde el 2006, lo mismo la producción de carne y todos sus indicadores de productividad. Livianamente, se sostiene que la causa es la agricultura, el clima, etc. Esta hipótesis no se sostiene mirando la web del BCU. Peor aún; este año el país va a crecer 5,5%, parecido al mundo (3,8%, incluyendo recesión europea y americana), pero el agro va a tener un crecimiento nulo o negativo. Lo que ha crecido en seis años mucho más que el PIB total es la construcción (79,3%), los impuestos y subvenciones!! (80%), comercio restoranes y hoteles (85%), electricidad gas y agua (144,8%); la industria crece más o menos como la economía (56,7%). De lo que se trata pues es de entender que el agro está produciendo muy mal, aunque los gobernantes declaran sobre él confundiendo una vez más precios con rentabilidad, y precios con producción. Véase que por ejemplo en Brasil el agro crecerá 2,8% para un PIB que lo hará, 3,4%. Precisamente, estos gobiernos del 2005 para acá, pasarán a la historia por haber sido capaces de detener la producción del sector, en el momento más rutilante de sus precios: primero la pecuaria, luego la agricultura, ahora la forestación. Y ello por falta de prudencia en el cuidado del sistema de reglas y en el modo de cambiarlas; sembrando permanentemente dudas y, a veces, inquina.

Quizás las borrascas de los mercados mundiales puedan constituirse en una oportunidad de ganar en prudencia, en reflexión serena, en análisis desapasionado y sobre todo desideologizado de la realidad. Que su análisis nos permita ver las cosas tal cual son, descartando encontrar la felicidad con Palestina, Venezuela o Ecuador.

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