9 de enero de 2010 07:59 AM
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Desaliento a la exportación de carne

El Gobierno ensaya otra vez su política de restricciones y controles que tanto afectaron las ventas al exterior

El mercado de ganados y carnes vacunas está emitiendo señales indicativas de una declinación de la oferta reiteradamente pronosticada y consecuencia de los errores oficiales que se han venido sucediendo a partir de 2006, ampliados en los dos últimos años por la larga e intensa sequía en la mayor parte del territorio nacional. Hasta ahora venía ocurriendo lo contrario: la tendencia era el incremento de la oferta motivado por el continuado desaliento de los ganaderos que vendían sus planteles para deshacerse de un mal negocio. Así es como el inventario ganadero vacuno se redujo de 60 millones de cabezas en el primer cuatrimestre de 2007 a 56 millones en igual período de 2009. En suma, un descenso total de siete millones de animales. Esto permitió un consumo de 70 kilos por habitante durante el año que termina, el más alto del mundo por amplio margen. También habilitó una alta exportación que llegará a 600.000 toneladas en el año, aunque con altibajos determinados por interrupciones provocadas por la aplicación de permisos de exportación, que violan las normas nacionales y de la Organización Mundial del Comercio. También obstruyó el ritmo exportador y sus ingresos la importante e inexplicable demora de la distribución de la cuota Hilton, que contiene las carnes de más alto valor unitario. Las 28.000 toneladas anuales que deben ingresar en territorio europeo entre julio de 2009 y junio de 2010 no han sido distribuidas entre las fábricas exportadoras, y sólo les han sido asignadas hace poco más de un mes un 30 por ciento del total, hecho que ha impedido abastecer el mercado europeo entre julio y noviembre, y amontonará las futuras ventas en los últimos meses del ciclo anual hasta junio, con la consecuente depreciación del más noble producto de la ganadería nacional. Se puede estimar que habría una merma del orden de los 80 a 100 millones de dólares en carnes exportadas. Mientras tanto, cada vez que la inefable y discutida Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca) se ha referido a la cuota, no ha perdido oportunidad de exaltar sus virtudes en materia de su fiel cumplimiento y beneficios. Lo ocurrido ahora ha sido el resultado de introducir demoradas variantes en el sistema de distribución. Pocos días atrás, los mercados de ganado insinuaron la escasez con importantes aumentos de precios que pronto se moderaron. Ni corto ni perezoso, el secretario Guillermo Moreno decidió no emitir permisos de exportación y enarbolar la bandera de los precios máximos para el ganado y el consumo. Empresarios del sector le dijeron que si no se liberan las ventas al exterior, se discontinuarán las ventas en los supermercados, y el funcionario les respondió que si no mantienen los precios, cerrará aún más las exportaciones. Por ahora, sólo reina la incertidumbre. ¿Se persistirá en controlar las exportaciones y poner techo a los precios? ¿Hay seguridad jurídica en nuestro país? Parece no advertirse que la reducción de la producción es, en gran parte, fruto de la política oficial

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