27 de diciembre de 2011 12:21 PM
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Una nueva agenda para el comercio internacional

Dice el diccionario que "período" es el tiempo en el que se reproduce algo. Pero un nuevo período no es un reinicio (según Kenneth Rogoff, el pasado no es necesariamente prólogo). El comienzo de 2012 y el nuevo período presidencial dan oportunidad para una nueva agenda internacional en materia de comercio y de inversiones.

Desde el inicio del siglo XXI nuestras exportaciones han crecido más de 220 por ciento, pero la comparación con nuestros países vecinos muestra que podemos aspirar a más.

Esa agenda, pues, requiere, fronteras afuera, mejor acceso a mercados: el Mercosur ha sido un gran traccionador de productos argentinos (las ventas al Mercosur se elevaron 125 por ciento en 5 años), pero el dinamismo en otros mercados accesibles ha sido menor (las ventas a los países del resto de la Aladi en ese mismo período se elevaron menos de un 40 por ciento).

Además, existen nuevos mercados emergentes que deparan oportunidades: Sudáfrica, Egipto, Vietnam, Israel, los Emiratos Arabes, Arabia Saudita, México, Indonesia, Malasia y Turquía componen una lista de diez destinos no tradicionales para productos primarios, bienes farmacéuticos y medicinales, alimentos elaborados, maquinaria agrícola, acero o autos. A la vez, deberíamos lograr acuerdos de aprovisionamiento de grandes empresas comerciales globales que facturan anualmente más que el PBI de varios de los países con los que tenemos relaciones (mucho del comercio global está en manos de unas 45.000 firmas transnacionales).

Mientras, fronteras adentro, la Argentina necesita más dinamismo en la generación de oferta exportable, incrementando la inversión para agregar capacidad (en 2011, más de tres cuartos del crecimiento de las exportaciones ha surgido por mejores precios y menos de un cuarto por mayores volúmenes), reduciendo conflictividad en las cadenas productivas (en 2010 hubo 82 demandas por accidentes laborales por cada 100.000 trabajadores y las empresas pierden 9 de cada 10 de esos juicios), garantizando el acceso a servicios, o mejorando el acceso a recursos humanos calificados (el 51 por ciento de las empresas tiene problemas para cubrir puestos de trabajo). Y deberíamos incrementar el número de grandes empresas globales: sólo 15 exportan cada año por más de 1000 millones de dólares y no son más que 90 las que exportan por más de 100 millones.

En otro orden, será bueno mejorar la recepción de inversión externa: en el período transcurrido entre 2006 y 2010 recibieron más que la Argentina: Brasil (173.000 millones de dólares), México (118.000 millones), Chile (63.000 millones) y Colombia (40.200 millones), mientras la Argentina recibió US$ 32.000 millones. Y deberíamos también tener más empresas invirtiendo mejor en el exterior (entre las principales “multilatinas” hay 25 empresas brasileñas, 13 mexicanas, 12 chilenas y 3 argentinas).

La Argentina tiene condiciones para su vinculación internacional, como su dinamismo económico (la economía ha crecido más del 80 por ciento en los últimos años). Hemos llegado a estar entre los líderes exportadores mundiales de aceite y de harina de soja, aceite y harina de girasol, aceite de maní, miel, jugo concentrado de limón o de biodiésel, entre otros productos.

Y la innovación y el conocimiento se generan en nuestro país de manera destacada cuando, como ha sostenido Claus Schwab, el éxito económico no depende ya tanto del capital como del talento como factor de producción (sostiene Schwab que nos trasladamos por eso desde el capitalismo hacia el “talentismo”).

Así, una adecuada agenda mejorará la inserción internacional, y permitirá llevar al mundo lo mejor que tenemos: el trabajo de los argentinos.

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