29 de diciembre de 2011 11:16 AM
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Cambios que no se quieren ver

URUGUAY : Productores y frigoríficos se enriquecen a costillas del pueblo". El mural, ubicado en las cercanías del puerto de Montevideo, tiene dos características resaltables. La primera es que revela lo poco que cambian las visiones de algunos sectores políticos en este país, ya que la misma consigna podría haberse visto, palabras más o palabras menos, en algún libro de fotos callejeras antiguas sobre el Uruguay de los años 60. La segunda, es que es absolutamente falso.

El informe anual 2011 de la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (Opypa) trae números que merecen ser destacados. El primero y más llamativo es que el PBI agropecuario, pese a los problemas climáticos y a la crisis de mercados externos, crecerá este año un 3,8%, llegando a los US$ 3.600 millones. Pero aún más sorpresivo que eso son los datos que aporta la oficina, creada por Wilson Ferreira en sus tiempos de ministro de Ganadería, en materia de empleo en el ámbito agropecuario.

Según el informe, en los últimos diez años, el empleo de personal calificado creció en un 52% en el sector agroexportador. O sea que, lejos de esa visión tan urbana de que el agro es una actividad que sólo requiere mano de obra barata para explotar las ventajas naturales, este rubro creó casi 10.000 puestos de trabajo de buena calificación.

Otro dato interesante es la discriminación por rubros que hace el informe. Allí se puede comprobar que el sector con mayor dinamismo a la hora de generar puestos de trabajo calificados ha sido el forestal. En el año 2000 trabajaban en esa área sólo 983 personas, mientras que en el 2009 hay más de 8 mil trabajadores que viven de los bosques. Y casi 3.500 de los mismos son trabajadores calificados. Esto resulta ilustrativo, ya que el discurso “correcto” de mucha intelectualidad urbana compatriota sostiene sin mayores fundamentos que el desarrollo forestal es una actividad que genera poca o nada riqueza al país. Pero el informe de la Opypa revela que el dinamismo a la hora de generar puestos de trabajo calificado no estuvo concentrado sólo en el tema forestal. La agricultura y la ganadería también han experimentado cambios tecnológicos importantes, y han aumentado su requerimiento de personal calificado en nada menos que un 38%. En total, se estima que el sector agropecuario directamente emplea a unas 100 mil personas, de las cuales al menos una cuarta parte ya son trabajadores con un grado de calificación importante. Esto por supuesto sin contabilizar todo lo que mueve este sector a nivel de áreas como la logística, el transporte, y los servicios asociados. Ni tampoco los procesos de industrialización que esta producción agropecuaria sostiene y hace posible.

Pese a estos números, y volviendo al tema del mural, hay un rubro asociado al agro que no está viviendo sus mejores épocas; la industria frigorífica. Por razones que van desde los problemas climáticos, hasta cambiarios, pasando por temas de desarrollo estructural, los frigoríficos, que realizaron enormes inversiones en los últimos años, están teniendo un ciclo económico negativo. Al punto que en una reciente entrevista con El País Gustavo Dieguez, presidente de la Asociación de la Industria Frigorífica del Uruguay, afirmaba que ese sector “se encuentra en los niveles de rentabilidad más bajos de los últimos años, lo que no sería sostenible en el largo plazo”.

Lo que parece quedar claro es que la riqueza creada por el boom agropecuario en la última década se está redistribuyendo de manera mucho más equitativa de lo que se dice, y los beneficiarios no están siendo tanto los “productores y frigoríficos”, como sostiene la visión panfletaria, sino una nueva clase de obreros calificados que se viene desarrollando en el mundo rural. Y lo más curioso del tema es que el mural del principio se encuentra firmado nada menos que por el MPP, el sector del presidente Mujica. O sea que el mandatario no ha conseguido hacer ver a sus propios compañeros que tras sus 5 años como ministro del ramo, y dos como Presidente, el mundo agropecuario está a años luz del panorama de atraso y explotación contra el cual creían combatir en los 60. Algo que no termina de sorprender cuando se sabe que días atrás, el proyecto de impuesto a la tierra que Mujica marcó como su proyecto estrella, no fue votado porque los legisladores de su propio partido “se olvidaron” de concurrir al Parlamento. Cosas que pasan, diría Larralde.

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