1 de enero de 2012 11:55 AM
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La cosecha récord de invierno no será suficiente

URUGUAY : Avanza una nueva cosecha de cultivos de invierno, que arrojará resultados paradojales. Es un hecho que se logrará un nuevo récord histórico en la producción de trigo, con un estimado que tendrá un piso de al menos 2,1 millones de toneladas, superando holgadamente el máximo anterior –de 1,8 millones– en el ejercicio 09/10.

Sin embargo, aunque el valor de esta producción también será récord nacional, el resultado económico del cultivo será magro para los productores agrícolas a nivel general, debido a la conjunción de elevados costos y un precio del producto que ha bajado 40% en los últimos seis meses.

Es un nuevo ejemplo de la difícil tarea de producir granos en el país, donde no es suficiente alcanzar niveles de productividad récord a nivel de chacra, haciendo bien los deberes y con el clima de aliado.

 Cosecha y rendimientos récord

La producción de cultivos de invierno en conjunto (trigo más cebada) rondará los 2,6 millones de toneladas este año, lo que sig-nifica un récord y un aumento de 70% respecto a la zafra pasada. El incremento representa 1,1 millón de toneladas más de cereales de invierno, que pasan de 1,5 a 2,6 millones, en conjunto.

Este volumen de producción se logra a partir de un notorio incremento en la superficie de siembra respecto al ciclo pasado (+55%), sumado a niveles de productividad que en términos promedio serán de los más altos en la historia productiva del país. Este último hecho no es menor, en la medida en que un aumento del área de siembra en zonas más marginales podría haber limitado los potenciales de rendimiento.

Claramente no ha sido este el caso del trigo, que con una superficie récord de siembra (extraoficialmente, arriba de las 600 mil hectáreas) tendrá un rinde promedio estimado preliminarmente en 3,5 ton/há.

Si bien la información recabada al momento establece niveles de productividad media entre 3,5 y 4 ton/há para el trigo, es factible que –al computarse la totalidad del área sembrada, incluyendo siembras tardías con menor potencial– el rinde medio baje un poco. Tal vez esta hipótesis no se cumpla y el resultado productivo sea aún más auspicioso que el ahora estimado.

Algo similar ocurre con la cebada, aunque en el consenso de las informaciones recogidas los rindes medios estarían levemente por debajo de los del trigo.

En ambos casos los niveles de productividad serían de los más altos de la historia. Para el trigo, el mayor nivel logrado hasta ahora se obtuvo en la zafra 09/10 (3,33 ton/há), mientras que en cebada el récord fue en la zafra 06/07 (3,38 ton/há).

Más allá de lograr nuevos récord, lo importante es la tendencia de la última década, que muestra un aumento sostenido de la productividad en los cultivos de invierno, producto de una apuesta tecnológica que involucra manejo, genética, nutrición, y control de enfermedades, plagas y malezas. No es casualidad el salto en las últimas tres zafras a rindes medios ubicados entre 3,2 y 3,5 ton/há, desde niveles de 2,8 a 3 ton/há en los cinco años previos (2003 a 08).

Impactos diversos

Es sabido por todos que el resultado físico es solo una parte del negocio. Los costos y precios a los que se vende la producción determinan el resultado final del cultivo.

Es en este balance donde la ecuación aparece más complicada. La conjunción de una baja en el precio del trigo -desde un eje de 300 U$S/ton cuando se inició la siembra a menos de 200 U$S/ton en la actualidad (plena cosecha)- y costos que año a año se han incrementado paulatinamente determinan un “empate” a nivel general.

Claro que las situaciones particulares forman este promedio estimado, y habrá “ganadores” y “perdedores”.

Subrayamos que el concepto a nivel general es de una muy destacada obtención de rendimientos y niveles de calidad aceptables, sin la contraparte económica para obtener el margen esperado.

En el caso de la agricultura en arrendamiento los números son aún más complicados, ya que a los costos directos de producción (500 U$S/ton, en promedio) se agrega la cuota parte de renta anual asignada, muchas veces ligada a determinada cantidad de kilos de soja.

Con el precio que hoy recibe el productor por su trigo puesto en Nueva Palmira (190 U$S/ton), un flete promedio de 200 km le descuenta 35 U$S/ton, y, más algún otro gasto comercial, le queda un neto de 150 U$S/ton.

Con este precio y sin la renta, son necesarios 3,5 ton/há de trigo para cubrir los costos, a lo que en promedio hay que sumar 1 ton más por há para cubrir la cuota parte de arrendamiento. Estas 4,5 ton/há de costos totales pueden reducirse en los casos donde se vendió parte de la producción a mejores precios (entre 250 y 300 U$S/ton, puesto en el puerto), aunque de todas formas las ganancias netas serán reducidas.

Distinto puede ser el impacto cuando se lo mira a “nivel país”. Haciendo una proyección preliminar de las exportaciones de trigo es posible estimar que los montos generados se mantendrán, al menos, en niveles similares a los del año pasado.

En la última zafra comercial (10/11) se exportó algo más de un millón de toneladas, por valor de U$S 290 millones, con un precio promedio de 285 U$S/ton FOB.

Para este nuevo ciclo comercial que se inicia, los volúmenes colocados podrán ubicarse en torno a 1,5 millones de toneladas, con un promedio esperado entre 200 y 250 U$S/ton FOB, lo que arrojará montos similares, o levemente superiores, a los del ciclo pasado.

Recordemos que, aunque el precio FOB se mantenga en torno a U$S 200 en los próximos meses, entre noviembre y diciembre ya se colocaron 450 mil toneladas a un promedio de 255 U$S/ton FOB (datos en base a Aduanas), en muchos casos con negocios de 300 U$S/ton FOB pactados en las ventas anticipadas hechas algunos meses atrás.

Finalmente, el impacto de una cosecha de invierno récord, desde el conjunto de los servicios asociados al negocio agrícola, es más que positivo. El incremento de 270 mil hectáreas en el área de siembra de cultivos de invierno, con el consecuente aumento estimado en más de un millón de toneladas de cosecha, repercute directamente y es clave en el negocio de los servicios de maquinaria, ventas de fertilizantes e insumos, y toda la logística de transporte, conservación y acopio de los granos, además del desencadenamiento indirecto en toda una gama de servicios asociados que se observa en pueblos y ciudades del Interior.

Para que esto siga es indispensable que el agricultor también “coseche” buenos resultados económicos. Con el escenario actual planteado, las empresas se rehúsan a sembrar trigo el próximo año. Toda la cadena se verá afectada por esta situación. Es este, tal vez, uno de los desafíos más importantes en la interacción de los distintos actores de la cadena agrícola. Uno bien importante, a veces olvidado, es el dueño del campo que le arrienda a la empresa agrícola. La tendencia apunta a que cada vez participe más del negocio en temas claves, como el riesgo y la sostenibilidad del recurso suelo en el largo plazo.

Mercado mundial abastecido

Ocurre en el caso del trigo, como en ningún otro grano, que coincide el entorno bajista de los factores externos con base en la crisis económica europea con fundamentos propios de oferta y demanda alineados en la misma dirección.

La señal que dio la suba del precio del trigo en los últimos años ha sido contundente para reactivar la oferta y el mundo ha conseguido, salvo el quiebre de Rusia en 2010, cosechar desde la zafra 2008/09 un volumen récord del cereal, muy cercano a 700 millones de toneladas cada año.

El salto se dio en 2008, año hasta el que los volúmenes producidos de trigo a nivel mundial se ubicaron en torno a 600 millones de toneladas. Aunque el consumo mundial acompañó este crecimiento, lo hizo en menor proporción, con la resultante de una recomposición importante en los stocks mundiales del cereal. El último informe del USDA ha sido lapidario al respecto, llevando los stocks finales del ciclo 11/12 a un récord absoluto de 208 millones de toneladas.

En términos relativos al consumo, este guarismo llega a 31%, el nivel más alto desde el ciclo 00/01. Pero el mercado agrícola mundial es tan dinámico que hay nuevas relaciones que analizar. Una de ellas es la mayor suba de los precios del maíz frente al trigo en el último año a nivel internacional y también local.

Con un destino de uso final compartido, como es el consumo animal (uso forrajero), la sustitución de trigo por maíz en muchos lugares del mundo es creciente. Este hecho pone un piso al mercado triguero en vínculo con el maíz, que aunque también ha acompañado la tendencia bajista de los últimos meses mantiene cotizaciones muy elevadas y en niveles récord respecto a los últimos cuatro años.

En términos de oferta y demanda internacional la situación del maíz es opuesta a la del trigo, con niveles de stocks mundiales que no logran recomponerse, más allá del aumento en la producción.

Nuestro país no ha estado ajeno a esta dinámica de sustitución de trigo (y también cebada) por maíz, dando así otra opción al agricultor para colocar su producción, además de los destinos lógicos de exportación o industria molinera local.

A veces la diferencia de flete ha sido un factor decisivo para escoger una u otra opción, como así también casos especialmente situados en la cuenca lechera, donde se ha adelantado la cosecha de trigo o cebada para silo de grano húmedo, favoreciendo la siembra de soja de segunda en fechas más tempranas y/o con mayor humedad en el suelo.

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