1 de enero de 2012 12:37 PM
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El año de la leche

URUGUAY : En un año en el que muchos sectores agropecuarios mostraron resultados mediocres en sus volúmenes de producción, la lechería alcanzó el mejor registro de su historia en términos físicos, financieros, en porcentajes de crecimento, en exportaciones, en precios, en cuanto indicador se utilice para medir un sector de actividad.

El de este año ha sido un salto alto, pero la producción de leche en nuestro país ha venido creciendo sostenidamente desde hace alrededor de cuarenta años, cuando una serie de factores se conjuntaron para desencadenar un proceso que incorpora tecnología en forma continua.

 La producción física se multiplicó por seis desde entonces, más que se triplicó en las últimas dos décadas y media, exclusivamente por los avances en productividad, ya que no aumentaron el área destinada al rubro ni el número de animales en ese período.

Más bien, lo que ocurrió es lo contrario: disminuyó la superficie lechera en 300 mil há entre fines de los 90 y los años últimos (desde 1,1 millones a 800 mil), y el número de vacas subió apenas 20% en los últimos 25 años, y hace por lo menos 15 años que está estabilizado en torno a 400 mil vacas/masa (en ordeñe y secas al momento de la declaración). La producción por hectárea aumentó 300% en 25 años y la producción de leche diaria por vaca pasó de menos de 10 litros -hasta fines de la década de los 80- a más de 16 litros -en la actualidad-.

Simultáneamente, fue bajando el número de productores, los establecimientos se fueron haciendo más grandes en área y en volúmenes producidos.

Esas tendencias concentradoras parecen haberse moderado en los últimos años. El número de productores totales en lechería (eran más de 7.000) se estabilizó en torno a 4.500 (unos 3.300 remitentes a plantas industrializadoras), mientras que el área total lechera ronda las 850 mil hectáreas. Habrá que ver si la buena campaña del sector de este año se traduce en alguna recuperación en estos números.

El gran competidor por la tierra en los últimos ejercicios ha sido el sector agrícola, que ahora está dando señales de agotamiento (o, por lo menos, de cierto debilitamiento de su arrolladora expansión), y deja de presionar por las chacras de la cuenca, de modo que otorga cierto aire a la lechería eficiente, a la vez de proporcionarle insumos más abundantes y baratos.

Este año, los aumentos productivos se lograron sin que haya habido un clima particularmente favorable, ya que las áreas más propiamente lecheras del país sufrieron una severa seca en el verano pasado, con la secuela inevitable de pérdidas forrajeras, incrementos de costos de producción, y afectación en el estado y la productividad del rodeo.

Sin embargo, los tamberos, azuzados por el aumento del precio de la leche, se remediaron para obtener volúmenes sin antecedentes de sus remisiones, en una demostración formidable de la resiliencia con que enfrentan las calamidades y de la variedad de herramientas tecnológicas que han desarrollado para luchar contra los escenarios adversos.

Hay otros factores, por supuesto. El más destacado es el concepto de permanencia y continuidad que tienen incorporado los productores y la industria lechera. Esa conciencia de que los tiempos malos son también pasajeros los obliga a defender sus trincheras y fortalezas, sin desarmarse, esperando la vuelta.

Así es que superaron la gravísima crisis de precios y también climática que sufrieron a partir de mediados de 2008, que llegó a provocar una caída en la producción y un nuevo desfinanciamiento en la caja de los establecimientos. El sector ya no sufre el pesado endeudamiento que lo asfixió durante mucho tiempo y por eso pudo salir rápidamente de la grave situación que se le descerrajó hace tres años.

La recuperación ha sido notable: se prevé que en 2011 el aumento de remisión a planta sea del orden de 20%, unos 310 millones de litros más, con lo que se alcanzarían 1.860 millones de litros en el año. Si la producción que se procesa o se consume en los mismos establecimientos, o sea la que no va a las plantas industriales, sube en la misma proporción, la producción total del país llegaría a 2.220 millones de litros.

La exportación absorbe dos tercios de ese total, lo que este año equivaldría a unos 1.440 millones de litros, independientemente de si se embarcan efectivamente en este ejercicio o quedan en stock como productos elaborados, y se venden en los meses venideros.

El mercado interno, que capta alrededor de 35% de la producción total de leche, incluso en este año de volúmenes récord, muestra un dinamismo destacable, basado en la mejora del ingreso de las familias y también, peligrosamente, en el bajo valor del dólar en relación a nuestra moneda.

El consumidor local –nacional o turista- absorbe los productos de mayor valor y más alto margen, por lo que representa alrededor de la mitad de la facturación total de la industria, aunque, como se explica más adelante, insume costos importantes en su elaboración y distribución.

Las empresas, los productores y la industria se muestran sólidos, capitalizados, sin problemas de endeudamiento a la vista y aprovechan al máximo estos buenos momentos; afianzan sus posiciones, consolidan sus músculos, desarrollan planes de expansión, lo que permite esperar la prolongación del crecimiento en el futuro.

Los pronósticos expertos que analizan el mercado internacional de los lácteos, si bien advierten de algunos riesgos, anticipan un futuro de firme demanda y precios en ascenso.

La caja del productor

Actualmente, los productores lecheros, y la cadena láctea en general, viven su mejor momento en mucho tiempo. Los precios de los productos en los mercados internacionales, aunque no alcanzan los picos máximos registrados en un breve lapso de 2008 –que se repitió en este 2011–, siguen siendo remuneradores.

Así lo recogieron los balances de las instituciones que relevan los resultados económicos de los establecimientos productores, como es el caso de los grupos CREA lecheros, que tuvieron su segundo mejor año agrícola de la historia, en términos de ingreso de capital.

Los grupos de más bajo ingreso registraron 177 U$S/há y los de mejor resultado llegaron a 641 U$S/há, con un promedio de 388 U$S/há para la totalidad del universo estudiado.

El mejor ejercicio fue 2007/2008, en el que el ingreso de capital promedio trepó a casi 500 U$S/há.

En el último año no se incrementó la producción por hectárea y hubo que absorber un aumento muy importante del costo de los insumos, pero el precio de la leche promedió en el ejercicio casi 37 centavos de dólar, 20% más que el año previo, lo que explica la mejora en el balance.

El precio promedio pagado al productor en 2011 seguramente se ubique en unos 41 centavos de dólar por litro remitido, con lo que probablemente el próximo ejercicio recoja nuevamente un incremento de 10% adicional, en dólares corrientes, con su consecuente reflejo en los resultados finales.

Transformaciones

Los productores de leche están siempre innovando, reinvirtiendo sus ingresos, actualizando sus equipos y sus procedimientos, de modo que los márgenes positivos logrados en este ejercicio se habrán de manifestar en nuevos empujes productivos.

Este círculo virtuoso tiene en esta oportunidad algunos agregados importantes: en primer lugar, el clima ayudó –con una excelente primavera–, lo que permitió no sólo alcanzar volúmenes de producción récord, sino también elaborar reservas forrajeras abundantes, que garantizan la holgura para el tiempo que viene.

En segundo lugar, la baja que se ha dado en el precio de los granos pone sobre el tapete la posibilidad de aumentar el porcentaje de suplementación en la dieta de todas las categorías. El derrumbe del precio del trigo, en particular, cuando se está cosechando una gran zafra, hace afinar el lápiz a productores y nutricionistas. A los precios actuales, un agricultor algo alejado de Nueva Palmira recibe U$S 160 por una tonelada de trigo, 16 centavos el kilo, mientras que un litro de leche se vende a 40 centavos, lo que configura una relación inédita a favor de la leche.

Otro factor dinamizador que está presente en la actualidad es la instalación de grandes empresas en la producción de leche, ya no sólo en la industria. No era aquél el sector que atraía a las grandes inversiones extranjeras, el que generaba los grandes emprendimientos.

En el explosivo proceso de crecimiento productivo de esta última década, los capitales que ingresaban al agro preferían la forestación, la agricultura en gran escala, incluso hay algunos ejemplos de ganadería, pero, con muy contadas excepciones, dentro de las que se destaca notoriamente la de los neozelandeses, no había casi inversiones en producción lechera.

Pero recientemente se conocieron los detalles de varios megaproyectos, algunos ya en pleno desarrollo y otros en fases más iniciales. En esta etapa se encuentra la inversión del grupo Bulgheroni, en Durazno, en lo que será el mayor tambo de Uruguay, con 9.000 vacas estabuladas, y una planta de procesamiento de leche en polvo, con capacidad para secar 16.000 toneladas por año.

En una fase ya consolidada, también se destaca el establecimiento del empresario López Mena en las cercanías de Punta del Este, que apunta a ordeñar 1.500 vacas, también en régimen de estabulación, y elaborar productos Premium para el mercado turístico y la exportación.

Muchos otros establecimientos de productores uruguayos están incorporando tecnologías propias de los sistemas de producción a galpón, ensayando variantes en genética bovina, en suministros alimentarios de elaboración propia, en una demostración contundente de la versatilidad y capacidad de adaptación característica de un sector en constante transformación.

No obstante, todavía se sigue considerando, por parte de la mayoría de los técnicos y los productores, que la producción de base pastoril constituye la ventaja comparativa y competitiva insuperable de la lechería de nuestro país, y que los suplementos alimentarios con granos y subproductos agrícolas, así como los manejos que incorporan elementos propios de los sistemas de producción a galpón (abrigos, racionamientos bajo techo, explanadas para la alimentación, etc.), son complementarios del sistema principal, en el que la vaca cosecha en el campo su propia comida.

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