2 de enero de 2012 16:25 PM
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El silo, una rueda que gira a fondo

De la mano de una mayor intensificación en la producción de carne y leche, el área de maíz, sorgo y pasturas procesadas en nuestro país creció de manera considerable en el período 2004/10, de acuerdo a estimaciones de la Cámara Argentina de Contratistas Forrajeros (CACF): en 2004 se ensilaban 360.000 hectáreas de los dos primeros […]

De la mano de una mayor intensificación en la producción de carne y leche, el área de maíz, sorgo y pasturas procesadas en nuestro país creció de manera considerable en el período 2004/10, de acuerdo a estimaciones de la Cámara Argentina de Contratistas Forrajeros (CACF): en 2004 se ensilaban 360.000 hectáreas de los dos primeros cultivos y 20.000 de pasturas, mientras que en 2010 se llegó a un total de 1,2 millones de hectáreas, de las cuales 350.000 hectáreas fueron pasturas.

Este incremento fue de la mano de un incremento en la eficiencia. Pero, para seguir mejorando, Claas y Forratec organizaron en la localidad bonaerense de Ameghino la tercera edición de “Experiencia Forrajera”, una jornada que se articuló en dos etapas.

Por un lado, se desarrollaron tres paradas técnicas para analizar al detalle estrategias para abordar de manera eficiente estrategias productivas en maíz, alfalfa y pastoreo de soja. El otro componente fueron las dinámicas, en las que se vieron en acción segadoras, rotoenfardadoras y mucho más.

En la intensificación ganadera, el maíz tiene un papel protagónico. Y para que su silaje rinda al máximo hay que tener en cuenta ítems como densidad de siembra, digestibilidad y momento apropiado para llevar a cabo el picado. Sobre ésto hablaron Esteban Alessandri (Forratec) y Darío Colombatto (FAUBA).

Al referirse a la densidad de siembra del maíz para silaje -uno de los aspectos que más preocupan a los productores- Alessandri destacó que debe manejarse de acuerdo a la región geográfica. “Cada zona tiene sus particularidades, y debe decidir su densidad”, remarcó el profesional.

Por su parte, Colombatto destacó la digestibilidad de los híbridos con nervadura central marrón (BMR), que entre algunas de sus principales ventajas cuentan con un mejor sabor de tallo. Además, su color de nervadura implica que el tallo posee menor porcentaje de lignina: de este modo el material presenta mayor estabilidad y facilita la digestión bovina. “El híbrido BMR es importante en lechería de alta producción, en la cual la limitante para el consumo es la digestibilidad de la fibra. Aquí, el animal es el árbitro”, afirmó.

Daniel Méndez, del INTA Villegas, explicó cómo debe prepararse la soja para el pastoreo y destacó las ventajas de esta modalidad. Primero, el técnico explicó que los grupos que mejor se adaptan para esta estrategia son los tardíos (7, 8 y 9) e indeterminados, a una distancia de 35 ó 52 centímetros, y con un 20 por ciento más de densidad en comparación a la siembra que se realiza para granos. Y los números refuerzan esta estrategia. Méndez señaló que un rendimiento de 2.500 kg/ha en grano equivale a una producción forrajera de 7.000 kg/MS/ha. “Este volumen aporta un 17,5 por ciento de proteína, con un 65 por ciento de eficiencia de uso”, agregó.

En la tercera parada, Miriam Gallardo (INTA Rafaela) explicó que el megafardo de alfalfa será una de las tecnologías más destacadas en los próximos años. “Presenta el alimento de la mejor manera, es fácil de desarmar y pierde menos fibra”, concluyó, pensando en el futuro.

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