7 de enero de 2012 13:44 PM
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Monitoreo de cultivos de verano para controlar orugas cortadoras

Las especies destacadas de la zona pampeana son la oruga cortadora áspera y la parda.

La peligrosidad de estas plagas para los cultivos estivales está representada por la reducción del ‘stand’ de plantas, comprometiendo el rendimiento al provocar una reducción de la densidad y la uniformidad del lote, lo que en muchas ocasiones obliga a resembrar. Los muestreos son indispensables.

Las orugas cortadoras tienen un gran potencial de daño, principalmente en cultivos de verano como maíz, girasol y sorgo. Ataques severos también afectan a soja, principalmente en siembras de octubre y noviembre.

Son insectos muy difundidos en las leguminosas forrajeras como alfalfa y tréboles, donde pueden alcanzar densidades superiores a las cien larvas por metro cuadrado. Para el maíz y girasol representan una alta peligrosidad con muy bajos umbrales de daño.

Como son de hábito nocturno, durante el día se ocultan en el rastrojo o en la tierra a unos pocos centímetros de profundidad. Sus colores varían entre pardos y grisáceos y su tamaño oscila entre 40 y 60 milímetros de longitud.

En la región pampeana se encuentran dos especies principales: Agrotis malefida (oruga cortadora áspera) y Porosagrotis gypaetina (oruga cortadora parda) que se caracterizan por tener una sola generación por año. Ambas especies están en estado adulto durante el otoño, con picos de población en abril y mayo. Luego de 20 a 30 días nacen los huevos y las larvas se desarrollan lentamente hasta fines del invierno, época en que aceleran su desarrollo causando el máximo daño en septiembre, octubre y noviembre.

Las orugas cortadoras se destacan por su voracidad y la rapidez con que se alimentan. Atacan en las primeras etapas del cultivo cortando las plantas pequeñas casi al ras de suelo, o por debajo de la superficie del mismo, dejando la plántula afectada sin posibilidades de recuperación.

Veamos algunas de estas especies
“La peligrosidad de estas plagas para los cultivos estivales está representada por la reducción del ‘stand’ de plantas, comprometiendo el rendimiento por reducir la densidad y la uniformidad del lote, lo que en muchas ocasiones obliga a resembrar”, agregan los especialistas.
La Agrotis ipsilon debe su nombre vulgar de “oruga grasienta” la que presenta tegumento suave y lustroso, como si estuviese engrasado o aceitoso. Presenta ocho estadios larvales que son de hábito gregario hasta el cuarto. A partir de este, entra en la fase solitaria.
Presenta tres generaciones anuales y pasa el invierno en fase de pupa. Los adultos de la primera generación aparecen en octubre y colocan de mil a mil ochocientos huevos en lugares protegidos.

En la cara inferior de las hojas u ocultos en los rastrojos.
Luego de tres a seis días de incubación emergen las larvas. El desarrollo máximo llega a 45 milímetros de longitud y 8 milímetros de ancho. El adulto tiene cuerpo grisáceo. Las alas anteriores son oscuras en la región apical y paralela al margen externo posee una ancha banda castaño claro.
Hacia el centro del ala posee otra banda ancha de bordes y centros oscuros, y hacia la zona basal posee dos manchas más próximas entre sí. Las alas posteriores son blancas o blancuzcas con nervaduras bien visibles.

Una de las alternativas para el diagnóstico de ataque se basa en una alarma de corto plazo en presiembra o preemergencia por observación directa de las orugas cortadoras, generalmente asociadas a la presencia de malezas de hoja ancha o uso de cebos tóxicos en microparcelas, las que se evalúan al día siguiente de sus distribución para estimar el número de cortadoras por metro cuadrado.
Los rastrojos dificultan estas tareas por lo cual se requiere emplear mayor tiempo que en lotes sin cobertura.

Muestreo y umbrales de tratamiento
Para realizar el muestreo en cada punto destinado al mismo, hay que contar en 1 metro, número de orugas, revisando debajo del rastrojo, en los primeros centímetros del suelo y en el espacio que queda entre plantas de un mismo surco.
Una vez obtenidos el número de orugas por metro hay que compararlo con los umbrales de acción. Se recomienda prestar atención en lotes que estuvieron muy enmalezados y cercanos a praderas.

Con respecto a los umbrales de tratamiento, se realizan en presiembra con 1000-2000 orugas por hectárea. La capacidad de daño de una oruga cortadora es de 2 a 10 plantas por larva.

Con el cultivo en pos emergencia se debe determinar la presencia de las orugas cortadoras y el porcentaje de plantas cortadas. Como umbral de tratamiento se sugiere un nivel de 5 por ciento plántulas cortadas en maíz; 5 por ciento en girasol y 5-7 por ciento en soja.

El control de orugas cortadoras se puede efectuar con tratamientos de insecticidas en presiembra o postemergencia. Pueden ser aplicados junto a herbicidas en barbechos químicos a partir de fines de agosto y septiembre, cuando se compruebe la presencia de la plaga en los umbrales de tratamiento recomendados.

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