9 de enero de 2012 02:26 AM
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Chinos y vacas

Una de las más recientes misiones comerciales a China tuvo un objetivo inquietante y controvertido para las parrillas, planchas y sartenes locales: la promoción del consumo de carne vacuna argentina en ese país asiático de 1.339 millones de habitantes.

Una de las más recientes misiones comerciales a China, desarrollada en diciembre último, tuvo un objetivo inquietante y controvertido para las parrillas, planchas y sartenes locales: la promoción del consumo de carne vacuna argentina en ese país asiático de 1.339 millones de habitantes (buena parte de ellos, voraces).

Diversas voces aseguran que actualmente faltan vacas en las praderas nacionales y que esa razón explica el aumento del precio de los cortes en los últimos tiempos para consumo interno. Por lo tanto, cabe preguntarse: ¿Venderle carne argentina a millones de chinos no atenta contra la supervivencia del asado argentino, la colita de cuadril mechada, la costeleta con huevos y otros manjares cárnicos de la cocina nacional? ¿Las próximas generaciones de argentinos deberán conformarse sólo con el pollo al disco? ¿Se extinguirán las parrilladas y se reinarán los parripollos?

Las preguntas, estremecedoras por cierto, se acumulan a partir de un cambio de actitud de los chinos, que la aflojaron con el tema de la aftosa y reabrieron su mercado a las carne vacuna argentina, pero con el problema de que son demasiados. “Si todos los chinos dispusieran hacer asados con cortes argentinos un domingo, ese fin de semana deberíamos salir a comprar latas de paté para poder sobrevivir”, asegura con su habitual crudeza (pero sin perder su estilo) la señora María de las Mercedes Bola de Lomo, titular de la Asociación de Amigos del Asado Argentino.

 

Esta organización tiene como propósito velar por la subsistencia de esta formidable especialidad parrillera argentina, lo que la lleva a mantener una actitud vigilante sobre los procesos de consumo y sobre todo de exportación de carnes nacionales. “Frente a esta iniciativa de vender carne de nuestras queridas vacas a China, nuestra organización se ha declarado en un estado de alerta y movilización”, aclaró Bola de Lomo.

En el mismo sentido se han pronunciado la ONG La Res, la Sociedad Argentina del Matambre, Fundapremoll (Fundación para la Preservación y Progreso de la Molleja) y el Foro Permanente del Costillar Nacional, esta última una entidad de marcado tinte nacionalista.

Sus representantes aclaran que no están en contra de que en China consuman carne de vaca, pero estiman que como los cortes argentinos son los mejores del mundo sólo es cuestión de tiempo para que cientos de millones de voraces chinos se decidan por nuestros costillares y matambres.

“Primero vendrán por las costillas y los matambres, pero después exigirán nuestros pescetos, nalgas, bolas de lomo y no frenarán hasta despojarnos de las criadillas. ¿Quién está dispuesto a pagar el costo político de condenar al país a la milanesa de soja?”, se preguntan.

“Si se llega a ese escenario tan temido, lo más posible es que los argentinos deban volver a la lejana práctica de la cacería de subsistencia para poder tirar algo a sus parrillas”, anticipa José del Cuadril, miembro de la ONG La Vaca Aurora. Para muchos argentinos, los rosarinos, con su particular afición culinaria por el gato a la llama, están marcando el camino.

Las penas son de nosotros, ¿las vaquitas serán chinas?
Frente a este cuadro preocupante, estas organizaciones impulsan la adopción de una serie de medidas tanto preventivas como de represalia.

Entre las preventivas, una de las más importantes es la de evitar que los chinos, a través de sus satélites espías, sepan de cuántas vacas disponemos, o lo que es los mismo decir, cuántas vacas pueden comerse. Para este caso, se recomienda camuflar a las reses para desorientar a los ávidos orientales, ya sea pintándolas de verde para que se disimulen con las praderas, caracterizándolas como búfalos, o, en su defecto, como hipopótamos o rinocerontes, por medio de hábiles disfraces.

Entre las medidas de represalia, la más dura es la de exigir a modo de compensación el envío de osos panda para ser degustados en hogares argentinos (según las recetas que serán difundidas a través de los cocineros mediáticos), a razón de un ejemplar cada dos vacas que partan hacia los puertos de China.

Frente a estas duras posiciones, y como muestra de buena voluntad, desde Beijing propusieron reemplazar de una vez y para siempre al buey por la vaca argentina en el horóscopo chino.

Los avatares del comercio internacional y la apertura de mercados para colocar nuestras exportaciones a veces suelen generar algunas complicaciones.

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