12 de enero de 2010 17:48 PM
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Insólito: un kilo de lomo argentino vale más que un kilo de auto de alta gama

El dato surge de comparar el valor de un corte bajo el régimen de Cuota Hilton con un vehículo del segmento premium fabricado en el país. Para los expertos, el Gobierno debería apuntar todos sus cañones a la producción de alimentos y no a industrias donde la Argentina es un jugador marginal

A la hora de asociar algún producto con la expresión “valor agregado”, las imágenes remiten básicamente a algún bien industrial. Y, en este contexto, un vehículo podría ser la síntesis perfecta de un bien manufacturado con fuerte impacto en la economía.  
Sin embargo, en la vereda de enfrente, hay otras actividades que, en el imaginario popular, no gozan de alta estima en cuanto a la generación de valor agregado pero que, en términos de intercambio comercial, son más beneficiosos que la industria automotriz.

Un ejemplo de esto es lo que sucede con el negocio de la carne. En efecto: un buen corte de lomo con sello "made in Argentina" cotiza en los mercados internacionales a un valor superior al de un vehículo del segmento alto.

Sobre este punto, el economista Tomás Bulat destacó a este medio que “hay una vieja discusión de que la Argentina debe industrializarse porque esto agrega mucho más valor”. Sin embargo, aseguró que “esto no se está adaptando a lo que realmente sucede ahora en el mundo”.

Según el experto, “se revirtió aquello que había dicho Raúl Prebisch en la década del ´50, ´60 y parte de los ´70, que los bienes industriales iban a valer cada vez más y los agrícolas cada vez menos”.

Sucede que, desde la incorporación masiva de China e India en la economía global y su decisión de industrializarse a costa de su propia agricultura, “los precios de la industria vienen cayendo cada vez más y los precios de los alimentos crecen“, explicó Bulat.

De este modo, para el experto, ya no está vigente el paradigma que afirma que fabricar vehículos sea más beneficios para la economía que una commoditie agropecuaria de exportación.

“Esto de seguir pensando que producir autos genera mucho más empleos y valor en una economía que producir carne no es cierto en términos de valores. Una tonelada de Cuota Hilton exportada desde la Argentina está prácticamente al mismo valor que una tonelada de autos de alta gama hecho en la Argentina”, destacó Bulat.

En base a la guía oficial de precios de la Asociación de Concesionarias de Automotores (ACARA) un vehículo del segmento alto, como el Citröen C4 1.6 modelo 2010 cotiza a $78.700.

Considerando que el valor FOB (de exportación) de un vehículo es un 30% más bajo que el precio al público y que este modelo pesa más de 1.200 kilos, la tonelada de esta unidad cotiza a u$s11.535.

A esto hay que sumarle que el 70% de las autopartes que conforman un vehículo con sello “made in Argentina”, en promedio, son de origen importado, es decir, que el grueso del valor agregado se produce fuera de la Argentina. De modo que el valor agregado nacional "genuino" es aún más bajo.

Como contrapartida, luego de que las cotizaciones internacionales sufrieran el golpe de la crisis mundial, los valores del lomo, cuadril y bife angosto exportados bajo el régimen de Cuota Hilton –un sistema que le permite a la Argentina vender a Europa 28.000 toneladas de alta calidad con preferencias arancelarias- se recuperaron y hoy alcanzan los u$s12.200 la tonelada.

 Cómo era la situación un año atrás
En diálogo con iProfesional.com, Miguel Jairala, responsable del departamento de información del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), sostuvo que "en enero de 2009 se había tocado el valor más bajo de los últimos años, como consecuencia de la crisis financiera internacional".

En efecto, hace exactamente un año atrás la carne premium estaba entre u$s9.000 y u$s9.500 la tonelada.  Con esos valores, los cortes más caros de la Argentina no se comparaban a un auto de alta gama. Sucede que, considerando que en ese entonces el tipo de cambio que regía era de $3,50 por dólar y que el precio de lista del C4 más básico era de $63.000, la tonelada de este vehículo en los mercados internacionales cotizaba a unos u$s10.000, o sea, entre u$s500 y u$s1.000 más que el lomo.

De este modo, la carne argentina solamente podía competir con un auto de menor categoría, como un C3.

De cara a los próximos meses, Jairala sostuvo que "no esperamos ni una mejora ni una caída de precios. Van a permanecer en esos niveles. La Argentina ofrecerá en menos de seis meses el 80% de su cuota, con lo cual, los importadores van a tener capacidad de moverse sin pujar. Además, Europa tampoco está en condiciones de pagar los valores históricos del 2008".

Reorientar políticas de producción
Que hoy el sector industrial goce de “buena fama” y la “commoditiedependencia” sea visto como un factor negativo, según Bulat, responde al “prejuicio e ignorancia y a no adaptarse a los tiempos que vienen. La Argentina le va a agregar valor a la exportación en la medida en que le agregue valor a la producción alimenticia, con carne de mejor calidad, con mejor genética y con mayor trazabilidad, más que tratar de competir en la industria automotriz. Más teniendo en cuenta que China cerró 2009 produciendo más automóviles que EE.UU. con 12,7 millones de unidades y la Argentina cerró con 500.000 unidades”.

“Podemos ser jugadores importantes en la parte alimentaria y seguimos destinando recursos para producir autos donde siempre vamos a ser marginales“, se quejó Bulat, quien luego aclaró que “no digo que no haya que producir autos, lo que digo es que la Argentina tiene que repensar la forma en la que ve el valor agregado".

“¿Qué es lo que tiene que hacer la Argentina? ¿Qué es lo que produce más eficientemente? Obviamente alimentos. Entonces, ¿por qué le seguimos dando mucha más importancia a la industria automotriz y no le damos el lugar que merece a la producción de alimentos?”, sostuvo Bulat. Así, los expertos se quejan de que, mientras el año pasado el Gobierno destinó $816 millones para impulsar a la industria automotriz, sólo le dio una “aspirina” al campo, en momentos en que éste era un paciente grave, producto de la mayor sequía de las últimas décadas. 

Gustavo Grobocopatel, presidente de Los Grobo, sostuvo en diálogo con este medio que “en los últimos 50 años en la Argentina, por un mecanismo de extracción de recursos del sector y transferencia a otros sectores”, como el industrial, “se le quitó parte de la rentabilidad al productor agropecuario que no pudo así transformarse en un jugador global”.

En la misma lìnea, Jorge Castro, analista internacional y director del Instituto de Planeamiento Estratégico, aseguró que “la Argentina no incentiva

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