9 de enero de 2012 22:44 PM
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Los cambios que vienen en el Indap

CHILE : Junto con despegarse del sello asistencialista, el plan es ampliarse a usuarios de hasta 40 hectáreas de riego básico, y enfocarse más en la asistencia técnica.

Hace años que José Manuel Díaz de Valdés, agricultor de la zona de Padre Hurtado, tiene problemas para postular a fondos del Instituto de Desarrollo Agropecuario, Indap. La razón: tiene 13 hectáreas y, por ley, los pequeños productores que pueden postular a dichos fondos, tienen que tener hasta 12 hectáreas de riego básico.

José Manuel se pasa por un pelito, pero los problemas y necesidades que tiene en su campo no difieren de los de sus vecinos que tienen una superficie menor. Y el problema para el agricultor es doble, porque al ser pequeño, tampoco califica a gran parte de los fondos que entrega Corfo a productores mayores. Él está en esa delgada línea roja donde no puede optar ni a lo uno, ni a lo otro.

Como productor de hortalizas y cereales, es parte del segmento de agricultores que, hasta ahora, han tenido más trabas que soluciones para acceder a fondos, por no calificar según los reglamentos de la Ley 18.910, que rige las políticas de la institución

Tomando en cuenta la gran cantidad de agricultores que por años se han visto afectados por esta política, en la organización se propusieron remozar la añeja ley. La propuesta -que descansa desde junio pasado en el Minagri, porque quieren lanzar el recambio cuando se dé el vamos oficial al Ministerio de Agricultura y Alimentación-, busca alejarse del asistencialismo que hasta ahora se le venía atribuyendo (por entregar platas y herramientas y no ayudas concretas que apalanquen el desarrollo y crecimiento de los beneficiarios), e incorporar un segmento de nuevos usuarios.

Hasta ahora no están zanjadas las cifras definitivas, pero se estima que del límite de 12 hectáreas de riego básico que hoy se imponen para calificar como pequeño productor Indap, se podría ampliar a 40 hectáreas. Además, no sería obligación, como hasta ahora, que los beneficiarios registren ingresos únicamente por lo rentado en el campo.

Y no sólo eso. Junto con remozar la ley, se empezarían a llevar a la práctica programas que fomenten el desarrollo de mercados, e incluso den cobertura de precios en sectores como el del trigo.

“Según el último Censo, hay más de 250 mil agricultores que necesitan algún tipo de ayuda, pero Indap llega a alrededor de 120 mil, por lo cual hay una labor grande que desarrollar”, sostiene Juan Carlos Domínguez, subdirector nacional de la institución.

Por ahora, eso sí, todo está en una etapa preliminar.

Lo que existe hoy

Un reciente informe crítico de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, decía que Chile debía apoyar no sólo a los pequeños productores o a los de subsistencia, sino que también a los que están un poco más arriba, que hoy no cuentan con muchas herramientas para seguir creciendo y despegar. Porque los fondos, las ayudas, y los accesos a créditos, o están con los muy grandes, o con los muy chicos.

Hasta ahora para calificar como usuario Indap hay que cumplir una serie de requisitos. Entre los más importantes, primero, hay que tener -ya sea propietario, arrendador, comunero, etc.- 12 hectáreas o menos de superficie de riego básico.

Lo segundo es que hay que acreditar que la tierra es el único ingreso. Un parcelero pobre, que a su vez hace labores para una empresa X y gana por ello el sueldo mínimo -aunque lo haga sólo algunos meses-, ya no califica para ser beneficiario.

Un tercer punto clave es que los agricultores deben tener un capital inferior a 3.500 UF, lo que afecta a quienes están endeudados por inversiones como maquinaria, que se contabiliza como un bien activo, siendo que en muchos casos hay grandes deudas tras las inversiones.

Principales cambios a la ley del INDAP

Los fondos como el de recuperación de suelos, inversiones en riego, los Programas de Desarrollo Local, Prodesal, entre otros, serían los mismos, pero los focos cambiarían.

Uno de los ajustes más relevantes de la nueva propuesta es proyectar -en primera instancia- la ampliación gradual a 40 hectáreas de riego básico la red de beneficiarios. Esto permitiría incorporar a un segmento relevante de productores.

Se podría pasar de un potencial de 277 mil productores con menos de 12 ha de riego básico, a un universo de casi 300 mil que tienen hasta 40 hectáreas.

Claro que eso supone desafíos, porque las necesidades probablemente serán distintas.

“Estamos trabajando en ver los focos e instrumentos óptimos para los distintos segmentos”, anticipa Domínguez.

Eso sería una gran ayuda en zonas como Aysén o Magallanes, donde altos porcentajes de usuarios quedan fuera porque los predios para la producción de la principal actividad productiva, los ovinos, son de extensiones mayores. Pero las superficies que manejan no se traducen en gran productividad o riqueza.

El otro cambio clave es la no obligación de que los beneficiarios perciban ingresos únicamente por la tierra.

“Del análisis que hemos hecho, la variable menos influyente es la de que el ingreso provenga netamente de la agricultura. Es lógico que, como atendemos a los más pobres, salgan a buscar otros ingresos paralelos para mejorar su calidad de vida. Pero la actual legislación no lo reconoce como válido”, explica Germán Villegas, asesor del director nacional del Indap.

Pasa en casos concretos como con agricultores de subsistencia en Chiloé. Cuando el año es bueno, muchos se dedican a la pesca de salmones, a la limpieza de redes, o a los erizos hasta que acaba la temporada. Después vuelven a sus campos. Pero ahí, pese a ser gente que muchas veces está incluso bajo la línea de la pobreza, no califican como beneficiarios por tener registradas otras labores.

El ajuste, en caso de que los agricultores opten por trabajar en más de una labor, permitiría mejorar el ingreso per cápita de las familias y sus condiciones de vida.

Otro tema es el del tope de 3.500 UF que limita el acceso de sectores intermedios. Aunque no hay una propuesta nueva, el plan discute sobre la traba que representa ese máximo.

Y el tema del patrimonio es un arma de doble filo, porque muchos agricultores tienen inversiones, pero están muy endeudados pagándolas. Por ejemplo, un productor que tiene un tractor, y lo va a pagar en 48 meses y recién va en la primera cuota, puede no ser beneficiario porque su máquina se toma como un bien activo, sin tomar el crédito para comprarlo como un pasivo.

Otro tema es el foco de potenciar la asistencia técnica y la entrega de ayudas atadas a la capacitación.

“No queremos entregar más bonos o subsidios, sino implementar programas que permitan a los agricultores crecer y volar de forma propia”, sostiene Villegas.

Una de las críticas que se han hecho a la institución es que ha funcionado hasta la fecha como un pagador de favores políticos. Esto porque entrega fondos y herramientas como fardos en épocas críticas, y en el imaginario de muchos queda la imagen de Indap dando cheques en un gimnasio para paliar la emergencia; una solución parche.

Los expertos dicen que lo están combatiendo, que en esa línea vino la eliminación de los bonos sectoriales como el del maíz el año 2010, que buscan no favorecer con platas a nadie en desmedro de otros sectores. También que han bajado las entregas y las han reemplazado por ayuda técnica; por ejemplo, construcción de bodegas en lugar de dar fardos, otorgando así soluciones que sirvan a largo plazo.

Todo va en la línea de atender no sólo a quienes estén en la pobreza extrema, sino a quienes vayan despegando con las ayudas y puedan tomar vuelo propio.

La idea del Indap, y que se ha conversado con el Ministerio de Desarrollo Social, aunque no oficializado por falta de capacidades, es que en algún momento los agricultores de subsistencia deberían ser absorbidos por dicho Ministerio y el Indap deje de equilibrar la balanza entre productores que sobreviven y los que buscan el desarrollo. Hoy, la institución tiene que hacer el muñequeo en esa línea.

 También se han impulsado programas de sustentabilidad con compras de equipos como de bombeo fotovoltaico o sistemas para el bombeo de energía solar por más de 1,5 millones de dólares.

 Capacitación técnica con foco en mercados

La institución ya estableció redes con 66 empresas de rubros que van desde las carnes a los berries. Ese vínculo ha beneficiado a productores que orientan de forma más clara las necesidades en los mercados.

-“En Rengo conocí a un productor de tomates que tiene dos invernaderos, riego por cinta, y lo hacía increíble, pero por no tener el tema de mercado desarrollado, dejaba sus cajas en la entrada del fundo y un intermediario lo vendía quedándose con una buena tajada. Hoy, a través de una alianza con empresas, lo hace directamente él. Y el paso fue gestionado por Indap.

En Talca trabajamos con hortaliceros que no vendían al supermercado, porque pese a hacer las cosas bien a nivel técnico, no tenían el foco del mercado en calibres, agua de riego, porque la política con foco hacia el mercado no se daba. Ellos fueron capacitados por un supermercado y hoy les venden directamente; también a otros supermercados porque las capacidades quedan instaladas”, explica Juan Carlos Domínguez.

Cobertura de precios para el trigo

El plan piloto comenzó a operar la semana pasada con un grupo acotado de agricultores para ver si funciona y si tiene buena acogida, porque reconocen que el tema de la cobertura de precios, está un poco manoseada y desprestigiada.

-“En créditos tenemos un nivel histórico de colocaciones, hemos sofisticado el seguro agrícola, y tenemos casi 16 mil pólizas de dicho seguro. Pero a la par estamos desarrollando un programa piloto para la cobertura de precios del trigo que va a permitir el acceso a pequeños productores al sistema de derivados financieros, teniendo al Indap como intermediario, quien actuaría fijándoles un precio de venta mínimo”, explican.

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