12 de enero de 2012 10:42 AM
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La falta de dólares, el problema que se esconde detrás de los controles

IDEA FIJA. GUILLERMO MORENO APELÓ A UNA MEDIDA QUE RESURGE CADA VEZ QUE EL PAÍS ENFRENTA PROBLEMAS EN LAS CUENTAS EXTERNAS.

Fue Federico Pinedo como ministro de José María Guido el que en 1962 inauguró las Declaraciones Juradas de Necesidades de Importación (DJNI).

En aquella gestión, Pinedo duró 15 días en el cargo y renunció por desacuerdo sobre temas de política económica pero las DJNI fueron y vinieron muchas veces a lo largo de la historia económica argentina reciente.

La lógica del mecanismo responde a una realidad obvia: la falta de dólares.

Siempre que la Argentina tuvo problemas para equilibrar sus cuentas externas aparecieron restricciones a las importaciones y a los pagos al exterior.

En este caso la situación es distinta en lo que se refiere a la escasez de dólares, pero no al notable nivel de discrecionalidad que promete el esquema pensado por el secretario de Comercio, el cada vez más poderoso Guillermo Moreno.

La nueva norma, de carácter general y amplia, prevé que todas las importaciones que se vayan a realizar deban contar con una autorización previa.

Esto le confiere a los funcionarios públicos encargados de emitir esos permisos un poder enorme, ya que nadie conoce a ciencia cierta cuáles serán los criterios que se utilizarán para aprobar las autorizaciones.

Al igual, por ejemplo, de lo que pasa con los permisos para la compra de dólares en bancos y casas de cambio, en este caso, se desconocen por qué algunas importaciones serán autorizadas y por qué otras no.

“Por lo menos es un avance. Ahora hay veces que no se autorizan pagos de importaciones de productos que ya están en la Aduana”, ironizaba ayer un importador veterano en disputas con Moreno.

Contradiciendo al ministro de Agricultura, Norberto Yauhar, que pedía no dramatizar el tema de la sequía y su posible impacto en el resultado de la cosecha y su traducción en divisas, Moreno aplica medidas para cuidar los dólares a sabiendas de que este año ya no serán tantos como en los pasados .

El Gobierno cree que el superávit comercial de este año (la diferencia entre exportaciones e importaciones) llegará a US$ 9.000 millones, casi US$ 2.000 millones menos que el de 2011. Y eso, con la sequía amenazando a las cosechas de maíz y soja.

Todo indica que Moreno se habría comprometido a lograr ese superávit de 9.000 millones y el camino elegido es el de la intervención a toda costa.

Esta táctica, a corto plazo podría resultar efectiva, pero en el mediano plazo generará una maraña costosa de desarmar.

Hoy, el secretario de Comercio es el que maneja la posibilidad de abrir y cerrar la exportación de carne con lo que, en la práctica, le regula el oxígeno a los frigoríficos .

También tiene el poder de autorizar la exportación de trigo cuando, supuestamente, el mercado doméstico ya haya estado abastecido. Por ese camino fueron muchos los productores trigueros que se quedaron sin resto financiero al no poder exportar parte de su cosecha.

En este punto, la prioridad parece haber cambiado un poco. Hasta ahora Moreno vedaba la exportación de los excedentes de trigo con el argumento de abastecer primero la mesa de los argentinos y estiraba la medida como forma de presión al campo .

Ahora, parece dispuesto a abrirla para conseguir los dólares que el Banco Central y el Tesoro necesitarán con intensidad.

En esa política se inscriben las presiones sobre empresas e importadores para que demoren al máximo los pagos al exterior .

Y, también, la obligatoriedad para que petroleras y mineras liquiden acá los dólares de sus exportaciones y las compañías de seguro repatríen las reservas depositadas en el exterior.

Moreno, por otra parte, fue el ideólogo de la autorización previa de la AFIP para comprar dólares al precio más bajo del mercado y del control a las casas de cambios. Esto, que implicó en la práctica un cepo al mercado de cambios, cortó la corrida de noviembre y bajó mucho la salida de capitales.

Podría decirse que el supersecretario maneja ahora buena parte de la oferta y de la demanda de divisas. Y también tendrá voz en las paritarias .

Pero, como todo en economía, esta estrategia tiene costos y algunos de ellos se perfilan gigantes para el mediano plazo.

Es difícil que alguien que tenga dudas sobre la forma en que repatriará sus dividendos se muestre muy dispuesto a traer capitales.

Los empresarios aseguran que Moreno nunca pidió una coima pero también mencionan que el hombre fuerte de la economía, medio en broma y medio en serio, ironiza sobre otras dependencias públicas en las cuales habría acuerdos sugestivos.

La falta de normas precisas y de equipos de control eficientes abren el camino para dosis enormes de discrecionalidad que, por tener atrás el poder del Estado cada vez más corpulento, las hacen temibles.

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