12 de enero de 2012 13:02 PM
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En Chacabuco se perdió el 60 por ciento del maíz

Aunque Chacabuco es conocida por ser la capital nacional del maíz y por la fiesta dedicada a este cultivo, que en agosto del año pasado contó con la presencia de la presidenta Cristina Kirchner, este año los productores tendrán poco para festejar.

Es que por culpa de la sequía que afecta a buena parte de las regiones productivas del país, el 60 por ciento de las 30.000 hectáreas que el partido dedica al maíz se perderán, y un 30 por ciento de las 110.000 que se dedican a soja de primera corren el mismo riesgo.

“Necesitamos que llueva 100 milímetros en los próximos siete días para frenar las pérdidas, aunque el INTA afirma que para recuperar totalmente la humedad de los perfiles hacen falta 350 milímetros, un objetivo difícil de conseguir”, señaló Sergio Pinteño, presidente de la Sociedad Rural de Chacabuco y productor mediano de agricultura y ganadería.

Pinteño, junto con los productores Sebastián Sofía, Ceferino Brandone, Osvaldo Falabella, Roberto Fernández, Guillermo Voisin y Julio Daffunchio, recorrió con LA NACION los campos de la zona, que repiten la misma imagen hectárea tras hectárea: un maíz seco y minúsculo y sojas que a están a menos de la mitad del tamaño que deberían tener. Una realidad tajante que los 23 milímetros promedio que cayeron el martes no revertirán. “Con 80 milímetros de lluvia por ahí zafábamos, pero con 23 ya podemos decir que no se salva nada del maíz”, destacó Voisin, que hace agricultura en el Cuartel IV de esta localidad.

Los números son tan impactantes como las imágenes. Con un 80 por ciento de la agricultura local hecha por arrendatarios, las pérdidas se magnifican. “Los alquileres están entre 15 y 20 quintales de soja, y a eso hay que sumarle 10 de costos de producción, lo que te da un total de 35 quintales de costo. Y con sequía, con un rendimiento de 25 quintales te podés dar por satisfecho, o sea que hay una pérdida de plata equivalente a 10 quintales”, destacó Pinteño. En maíz, el número de la pérdida asciende a 600 dólares por hectárea.

Y, como afirma el viejo refrán, las pérdidas en ganadería se pagan en cuotas y aún no se manifestaron del todo. “Maíz no va a haber, y ya estamos usando reservas que deberían ser para más adelante. Debido a la seca, los terneros están saliendo antes, así que en unos meses va a haber un problema, porque van a faltar animales para el engorde y, consecuentemente, va a faltar carne”, destacó Brandone, consignatario desde hace 17 años y una de las caras visibles del piquete de Chacabuco en el conflicto de 2008 por la resolución 125.

Los entrevistados creen que lo peor de la sequía se notará a partir del mes próximo y en marzo, cuando la menor cosecha genere menos viajes de transporte de granos y menos movimiento comercial y provoque incumplimientos en la cadena de pagos. “Una cosecha de un 60 por ciento menos de maíz, con pérdidas de soja que aún no terminamos de cuantificar, se va a notar en la actividad económica del pueblo”, destacó Fernández.

Claro que la sequía no es el único mal que afecta a los que siembran en Chacabuco. “Teníamos la sequía de bolsillo por las dificultades para vender trigo y maíz, y llegó la sequía climática”, afirman los productores, mientras señalan los varios silos del cereal que Roberto Fernández tiene en su acopio, Felgar SA. “Ese trigo tiene casi dos años, y sigue sin venderse por las trabas oficiales”, señala Fernández.
Descapitalización

Para los de Chacabuco, las políticas agropecuarias, como la intervención en los mercados de trigo y maíz, es un mal mucho más dañino que la falta de agua. “El productor llega a esta sequía descapitalizado por la mala comercialización de granos a la que es sometido”, destacan los entrevistados. Culpa de estas políticas, explican, productores chicos como Osvaldo Falabella terminaron fuera del sistema. “Yo tenía mi chacra de 60 hectáreas, pero era imposible competir sin tener escala, y estas políticas intervencionistas terminaron favoreciendo la concentración, así que desde 2009 alquilo el campo”, destaca Falabella.

La concentración de los alquileres de las mejores tierras en manos de los semilleros y los grandes grupos de siembra parece ser mala palabra entre los productores de Chacabuco, que apoyan que haya algún tipo de regulación sobre los arrendamientos de campos. “Entre dos pools de siembra hacen el 50 por ciento de las hectáreas de Chacabuco. Las empresas grandes deberían apuntar a las extensiones grandes, no competir con nosotros por los campos chicos, porque nos dejan afuera”, opinó Pinteño.

“Antes, los campos buenos costaban 12 quintales, ahora se fueron a 20 por los pools y algunas empresas semilleras. Debería haber una ley de alquileres que no permitiera que los actores grandes del sistema erradiquen a los productores chicos”, destacó Sebastián Sofía..

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