13 de enero de 2012 10:41 AM
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Los tambos tendrán menos reservas

La confección de forraje de maíz muestra caídas de hasta 30 por ciento. Las alfalfas también están afectadas.

Los tambos que venían subidos al crecimiento de la producción que en general se dio durante 2011, probablemente tengan que poner un freno a esa escalada y tomar recaudos para hacerse del volumen de reservas que la sequía del verano les negó a los productores.

Las altas temperaturas y la falta de lluvias terminaron mandando a la picadora forrajes de baja calidad y cantidad, con lo que las previsiones se redujeron hasta un 30 por ciento en algunos casos. La apuesta pasa ahora por aprovechar las precipitaciones que comenzaron a aparecer en los últimos días para que los cultivos de segunda permitan acumular alimentos para el ganado y pasar lo mejor posible el otoño y el invierno.

“Tuvimos salida de invierno y comienzo de primavera excelentes, pero después se complicó la salida de la primavera y el comienzo del verano. El problema es que los maíces que iban para silo y algunos sorgos, perdieron calidad y cantidad, lo que deja mucho menos reserva para confeccionar este verano. Implica salir a buscar más comida por otro lado”, explicó Sergio Dequino, titular del Inta Villa María.

 

Pero no todo está perdido. “Si comienza a mejorar la lluvia, teniendo en cuenta que para miércoles o jueves de la semana entrante podría volver a llover, no hay que sentenciar a muerte los cultivos que sembrados para forraje de segunda. Esto recién arranca”, agregó el técnico.

Sintonía fina. Durante 2011, la producción lechera en Argentina mostró un incremento con respecto al año anterior, tendencia que se podría ver retrasada ahora, producto de la sequía. Según datos de Aacrea, durante los primeros diez meses de 2011 la recepción de leche acumuló un 14 por ciento por encima del mismo período del año anterior, cifra que podría bajar un punto si se promedia la caída de fin de año por la sequía.

Para mantener el alza en la producción, los tamberos cordobeses deberán hacer bien los cálculos. El porcentaje de pérdidas de producción llega en algunos casos hasta el 20 ó el 25 por ciento en tambos de base pastoril con algo de suplemento, cifra que desde el Inta no atribuyen completamente a la sequía, ya que se considera esperable para esta época del año una baja en la producción por el estrés calórico en los animales. “Al tener un buen otoño y buena salida de primavera, las vacas tiene un muy buen estado corporal. Eso hace que cuando mejora el clima, reaccionan más rápido que si estuvieran en un estado corporal inferior, como pasó en 2009”, señaló Dequino.

Más allá de estos buenos antecedentes, algunos animales sufrieron duramente y “se desplomaron”, como les pasó a tres vacas de Ariel Doffo, productor lechero de la zona de Sanabria, 12 kilómetros, al sur de Villa María. “En otros campos pasó lo mismo”, puntualizó el tambero, que acusó una baja importante en la producción del orden del 10 por ciento.

Desde su punto de vista, entiende que “los planteos que tienen su dieta en base a pastoreo ingresarán muy complicados al invierno y comenzarán a desprenderse de los animales menos productivos”. La falta de lluvias también complicó la disponibilidad de agua para entregarle al ganado.

Leonardo Audano, tambero de la zona de Arroyo Algodón, unos 30 kilómetros al norte de Villa María, dice que la situación le impactó igual que al colega de Sanabria: con una merma de entre tres y cinco litros de producción diaria por animal y vacas afectadas por el calor. “Al menos la temperatura alta no se dio con humedad, que sería peor”, se resignó.

Un bien escaso. El punto débil de la producción lechera pasará por contar con alimento en calidad y cantidad suficiente para el rodeo durante el otoño-invierno. Los tambos que venían creciendo a buen ritmo en 2011 posiblemente tengan que poner un poco el freno. “Deberán salir a comprar mucho más reserva, o deja de crecer. Cada uno tendrá vacas según el forraje que disponga”, razonó Audano.

La complicación parte en la confección de la reserva sembradas de primera, principalmente en los maíces. Con las buenas lluvias de septiembre y octubre, se apostó en grande para hacer reserva temprano. Algunos productores lograron confeccionarlas antes y bien. Los que se atrasaron en sembrar no llegaron a tener los maíces con el grano que se necesita. “En algunos casos se secaron las plantas, y obviamente la calidad y cantidad de forraje que se va a guardar no es la misma”, afirmó el jefe del Inta.

En los tambos con base pastoril son los que más impacto de la sequía sintieron. Las alfalfas, que son la base de la comida, y algún sorgo forrajero que pueden haber sembrado, no se desarrollaron como debieron y los animales dejaron de tener comida disponible acorde a la demanda. De todos modos, son cultivos que con pequeñas lluvias se recuperan medianamente rápido.

En cambio, en los rodeos encerrados con las condiciones controladas el impacto fue menor. La sombra para animales, en los comederos, con agua disponible permanente, y los corrales de espera y las salas de ordeñe con aspersores y ventiladores, ayudaron a que el estrés térmico no sea tan marcado y la producción se mantenga mejor, explicó Dequino.

“De acá en adelante, lo que va a condicionar va a ser el régimen pluviométrico que tengamos, que es lo que va a decidir qué reserva vamos a poder hacer en los próximos tres meses”, indicó el especialista. “Hay que esperar que llueva un poco más y apostar a la reserva de los cultivos de segunda. Muchos ya están sembrados y los que no, van a aprovechar para terminar de sembrar con las últimas lluvias. Y en algunos casos van a volver sembrar sobre lo que picaron, que era de mala calidad”, concluyó Dequino.

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