16 de enero de 2012 18:36 PM
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La nueva revolución en las praderas magallánicas

CHILE : Períodos cortos e intensos de pastoreo seguidos de otros largos de recuperación del pasto permiten una producción sustentable y preocupada del ecosistema

El panorama es común en Magallanes. Praderas sobreexplotadas y rendimientos declinantes. Todo justo en momentos en que la comercialización del cordero marcha viento en popa, con exportaciones crecientes y buenos precios.

José Manuel Gortázar hace cinco años que está radicado en Punta Arenas y conoce de primera mano el drama. Trabaja como asesor en ganadería ovina, con su consultora Ovitec. Y ya logró cierta fama con la introducción de la raza australiana merino multipropósito.

Gortázar se dio cuenta de que el problema central de Magallanes no está en las razas, sino en las praderas. El sobrepastoreo es la explicación.

Sin embargo, la solución lógica, bajar el número de ovinos por estancia, a nadie le gusta. Significa recortar las ganancias. Pero en Australia encontró la solución. En sus visitas para traer animales de mejor desempeño, se encontró con el sistema holístico.

 No se trata de un método esotérico sino ciento por ciento técnico. Consiste en intercalar períodos cortos de uso de la pradera con altas densidades de animales, con períodos largos de recuperación. Es imitar a la naturaleza, con manadas en movimiento, en packs compactos para defenderse de los depredadores. Estos animales van abonando el terreno y no vuelven hasta que las heces y orina se incorporan al suelo.

Hasta ahí suena a una bonita teoría. Lo interesante es que Górtazar tiene resultados. Acaba de terminar un proyecto Innova Corfo, de dos años, en cuatro estancias: Nevada, Cerro Negro, María Cristina y Armonía. Los problemas que presentaban eran comunes: sus propietarios manejaban menos animales que sus padres, contaban con áreas de suelo desnudo, aumento de especies invasoras y menor productividad.

Luego de dos años los resultados son sorprendentes. Las praderas recuperaron antes de lo previsto su capacidad productiva y mejoró el suelo.

“Los ovinos funcionan como verdaderas máquinas capaces de, al mismo tiempo, quebrar la costra superficial que impide que se establezcan nuevas especies, incorporar la materia vegetal muerta al suelo a través del pisoteo, digerir parte de este material y dejarlo en un formato utilizable por insectos y organismos del suelo, y al mismo tiempo, abonar el suelo, y en todo el proceso entregar un producto vendible (carne, lana, leche)”, explica Górtazar.

Igual que la naturaleza

La idea la sacó del trabajo que realizan ganaderos australianos con Brian Marshall, educador certificado del Savory Institute, quien los había introducido en el manejo holístico. Los resultados le llamaron la atención. Habían logrado revertir los problemas e iban año a año mejorando sus tierras, la carga y el negocio en general. Con apoyo Corfo partió a estudiar con Marshall.

El sistema lo desarrolló el biólogo africano Allan Savory, quien buscaba respuestas para tratar de revertir el deterioro en los terrenos de pastoreo de Zimbabwe, su país natal. Tras largo tiempo de observaciones, concluyó que todo tenía que ver con la intervención humana. Desarrolló la Metodología del Manejo Holístico con el que se orientan las decisiones hacia lo que define como Meta Holística, alineando economía, ambiente y sociedad. Su aporte fue elaborar una forma de trabajar que asegura la productividad, la rentabilidad y la sustentabilidad.

La clave es la forma en como se trabaja el pastoreo.

Lo que se hizo Gortázar en las cuatro estancias chilenas fue aplicar la metodología, según cada condición. Se elaboró la meta holística y se hizo la planificación financiera, de la tierra y del pastoreo.

En el caso del pastoreo se incorporan  los factores que afectan a los animales -predadores, agua, manejos, riesgo invernal- y según eso se elabora, en conjunto con los encargados, el plan de pastoreo.

“Buscamos siempre tener el menor número de rebaños posible, de forma que idealmente en cada momento al menos el 95% del campo esté descansando. Se realizan dos planificaciones al año. En invierno buscamos racionar el alimento disponible para cubrir los requerimientos de los animales y lograr un efecto sobre los campos. La idea es que  siempre sobre pasto. En primavera buscamos producir la mayor cantidad de pasto posible, moviendo los animales con pastoreos cortos, de forma de acumular la mayor cantidad de pasto para el invierno”, señala Gortázar

Y ya se ven resultados. Se empezó a revertir la tendencia negativa en los predios. “Quitando el pie de encima, las plantas se recuperan, las áreas de suelo desnudo se empiezan a cubrir, las plantas se ven más vigorosas y creciendo, la biodiversidad aumenta. Y la disponibilidad de pasto al final de la estación de crecimiento es mayor, lo  cual  permite tener más animales en invierno”, señala.

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