21 de enero de 2012 13:15 PM
Imprimir

Altas temperaturas reducen el rendimiento de los cultivos en Ñuble

CHILE : En el caso del trigo, se ha registrado una baja entre 25% y 30%, mientras que en el raps y la avena, el descenso alcanza el 20%.

Preocupación existe entre los agricultores del secano interior, así como también de la precordillera, debido a la disminución del rendimiento que ya se observa en algunos cultivos, como el trigo y el raps, debido a las altas temperaturas registradas en noviembre y diciembre.

Según explicó el director de la Asociación de Agricultores de Ñuble, Carlos Smith, la baja en el rendimiento que ya se observa con el trigo en el secano interior (desde el valle central hasta la Cordillera de la Costa) sería del 25%  al 30%.

El dirigente manifestó que una realidad similar se vive con el raps y la avena, esta última, un cereal que requiere mucha agua. En ambos cultivos se habla de una reducción del rendimiento de un 20%.

Factores

La principal razón que esgrime el empresario Carlos Smith apunta a las altas temperaturas que se registraron en noviembre y diciembre, particularmente en el último mes de 2011, en que por más de 20 días se registraron temperaturas sobre 30°C. De hecho, ese mes fue el más caluroso de los últimos diez años. “Los trigos se arrebataron, ya que las altas temperaturas, sin lluvia, y el riego que no alcanza a llegar cuando el trigo lo necesita, en el caso de los cultivos de riego y precordillera, ocurre que el trigo se apura, se llena mal, con granos más pequeños, por lo tanto, hace que el peso específico sea más bajo, e incluso, puede afectar la calidad, es posible que no haya podido absorber todo el nitrógeno y, en consecuencia, el porcentaje de gluten también sea menor”.

Para el caso del trigo de invierno, aquel que se sembró entre el 15 de abril y el 15 de junio en el secano interior (suelo arcilloso y permeable), Smith recordó que se registraron intensas lluvias a partir de la segunda quincena de junio hasta el 30 de agosto, lo que produjo saturación de los suelos. Ese anegamiento perjudicó los cultivos, dañó las raíces y atrasó el proceso de florecimiento, y luego sobrevino una fase muy seca a partir de septiembre. El efecto quedó demostrado en la cosecha, que comenzó entre el 15 y 20 de diciembre.

De igual forma, el trigo de primavera, que se sembró entre el 15 de agosto y el 30 de septiembre, tanto en la precordillera como en el valle, sufrió las consecuencias de la escasez de lluvias, de la helada el 12 de diciembre y de las altas temperaturas. Y en condiciones de estrés, la espiga llena menos granos, lo que ya se está viendo en la cosecha, que comenzó el 10 de enero.

Fuente:

Publicidad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *