26 de enero de 2012 11:28 AM
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AMBIENTES DE PRODUCCIÓN AGROPECUARIOS : Viejos conceptos, con nuevas tecnologías

URUGUAY : Últimamente –y a raíz de la intensificación de la producción– se empezó a usar el término "ambientes agrícolas".

Por Ing. Agr. Ariel Asuaga, Ing. Agr. MSc. M. Berterretche, Ing. Agr. MSc. Juan H. Molfino e Ing. Agr. Daniel Formoso

¿Qué entendemos por “ambientes”? De un modo simple, podemos decir que se trata de zonas homogéneas en un campo, predio o chacra donde es esperable tener una respuesta vegetal o animal (a través de especies forrajeras) similar dentro de la zona, pero diferente a la de las zonas vecinas.

Entendemos que la idea de los ambientes se extiende a todos los rubros de producción, por lo cual preferimos hablar de “ambientes de producción agropecuaria”.

 

Ahora bien, ¿cómo definir esas zonas? Tal como se construye un edificio, se debe empezar por los cimientos. En el Uruguay existe muy buena información sobre suelos, pero, dada la heterogeneidad geológica y geomorfológica, es necesario verificar la realidad a nivel del padrón o de la chacra y hacer una primera zonificación con observaciones de campo por tipos de suelos.

A través del conocimiento de los suelos y de su caracterización se realizan interpretaciones que permiten determinar sus restricciones, para asignar a cada zona una aptitud de uso desde el punto de vista edáfico.

Un segundo elemento a considerar es el relieve, que se define por elementos topográficos: las curvas de nivel para calcular el largo y el declive de las laderas, la altimetría, así como la orientación y la forma de esas laderas. Utilizando un Sistema de Información Geográfica (SIG) se analiza esa información y es posible generar modelos de elevación del terreno que ayudan a entender el escurrimiento del agua, factor importante en la erosión de los suelos, así como a delimitar áreas con problemas de drenaje.

Hoy en día disponemos de otras fuentes invalorables de información, como por ejemplo los mapas de rendimiento a nivel de chacra y los mapas de índice verde, tanto para evaluar las pasturas en campos ganaderos como los cultivos en diferentes etapas fenológicas.

El uso del SIG permite analizar conjuntamente toda esta información y así evaluar la variabilidad, establecer el estado de los recursos, y determinar ambientes que contribuyen a hacer posible una agricultura y una ganadería más eficientes y sostenibles, a través de la maximización del potencial de cada ambiente y la optimización del uso de los insumos.

A continuación se presentan dos casos en los que se aplicó esta metodología de definición de ambientes.

En zona agrícola

Se trata de un establecimiento de producción agrícola y forrajera en el departamento de Soriano. En este caso, una vez definidos los “ambientes” o zonas de uso y manejo, se procedió a tomar muestras de suelos para hacer recomendaciones de fertilización con mayor precisión y diferentes, según las características de los suelos, la historia agrícola del padrón, su topografía y los rendimientos anteriores (ver mapa en página 34).

Además del muestreo dirigido para fertilidad se tomaron muestras del perfil del suelo –para calcular el agua disponible (dato relevante para cultivos de verano y la instalación de sistemas de riego)– y muestras en chacras y zonas indisturbadas –para poder monitorear la calidad del suelo (información importante para fijar rentas y poder asegurar la sustentabilidad de los sistemas)– (ver los primeros dos mapas, arriba).

Se realizó, además, una caracterización de la productividad sobre la base de información satelital que provee datos de índice verde, a partir de los cuales se calcula la radiación fotosintéticamente activa absorbida (RFAA).

Este dato tiene la ventaja de que puede utilizarse para cualquier uso del suelo y, en los casos en los que se calibra el valor del dato satelital con mediciones realizadas en el campo, permite la estimación de la materia seca producida (ver mapa, arriba, a la derecha).

En zona ganadera

Otro ejemplo de trabajo con la metodología propuesta se realizó en un campo ganadero en el departamento de Durazno. En este caso se procedió a analizar las fotos aéreas, para ajustar los límites de la cartografía CONEAT, y se hizo un relevamiento botánico para describir la vegetación, identificar las comunidades y ubicar sus especies indicadoras.

Luego se obtuvo la información de la productividad de las pasturas en los últimos diez años, mediante el uso del satélite MODIS.

El análisis de las fotos aéreas permitió realizar ajustes significativos de la cartografía CONEAT.

Por su parte, el análisis de la vegetación, además de identificar las especies, cuantificar su frecuencia y definir las comunidades existentes, permitió estudiar la condición actual del campo.

Finalmente, el estudio histórico de la productividad de forraje mediante el satélite MODIS permitió completar la vinculación entre la vegetación, los suelos y la productividad de forraje para definir zonas, orientar el manejo y diseñar los potreros.

Como resultado de este trabajo se ajustó la carga y se efectuaron recomendaciones que apuntan a lograr, mediante el manejo racional, revertir los efectos homogeneizadores del manejo anterior, que no permitían la expresión del potencial de los diferentes ambientes.

En el mapa correspondiente (abajo) se presentan los píxeles de 5,3 há del satélite MODIS con los datos de crecimiento diario promedio anual, agrupados en cuatro clases de productividad.

En síntesis, la amplia disponibilidad de conocimientos en materia de suelos, vegetación y fertilidad permite combinarlos mediante herramientas provistas por los sistemas de información y los sensores remotos, con lo cual se obtienen elementos valiosos para apoyar el uso racional de los recursos.

Hoy en día es posible ganar en precisión, tanto para mejorar los índices productivos como para preservar los recursos naturales que hacen posible la producción.

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