26 de enero de 2012 11:35 AM
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EL AGRO Y LA ECONOMÍA : Por kilo y por precio

URUGUAY  :   Desde 2003, Uruguay transcurre un proceso de crecimiento sin antecedentes, en el cual el cambio histórico en las condiciones de demanda de los productos del campo ha sido clave. En pocos años, no solo se redujeron sustancialmente los subsidios al agro en los países desarrollados, sino que comenzó un período de crecimiento de […]

URUGUAY  :   Desde 2003, Uruguay transcurre un proceso de crecimiento sin antecedentes, en el cual el cambio histórico en las condiciones de demanda de los productos del campo ha sido clave. En pocos años, no solo se redujeron sustancialmente los subsidios al agro en los países desarrollados, sino que comenzó un período de crecimiento de los grandes mercados emergentes (China, Rusia, India, Brasil), con el consecuente aumento de la demanda global de alimentos. Uruguay se encontró del lado de los ganadores.

También hubo virtudes propias. En los 90 se liberalizaron los mercados agropecuarios, de manera que el sector pudo captar más directamente las señales de precios. Las virtudes de aquel proceso –que lucieron poco en su momento- se visualizaron más claramente en los últimos años.

 Además, se avanzó –no sin tropiezos- en la condición sanitaria de la producción, particularmente en la carne. Posteriormente, con la izquierda en el gobierno, el nuevo sistema tributario –guste o no- resultó coherente y con varios rasgos pro-empresa. Se articuló con un sistema de promoción de la inversión muy potente, que facilitó la recuperación de los niveles de inversión (históricamente bajos).

Así, la economía uruguaya vive un ciclo de crecimiento histórico que aún no ha terminado y en el cual el agro ha tenido un rol clave. Estamos lejos de analizar todo este asunto desde una visión agrocéntrica: la economía del Uruguay tiene varios sectores competitivos y puede desarrollar muchos otros; además, los últimos años han mostrado también que el crecimiento de la propia demanda interna tiene un fuerte impacto positivo en la economía. Sin embargo, no es misterio para nadie que el incremento de la producción del campo hizo un aporte clave.

Este aporte se ha desplegado en dos etapas. Primero, con un aumento impactante en la producción física (2003-2007). Luego, con una producción más bien estable, pero con precios máximos históricos (2008-2011).

Lo primero generó todo un virtuoso encadenamiento de efectos: mayores inversiones en insumos, maquinaria, depósitos, etc.; mayores niveles de actividad e inversión en las agroindustrias; mayor demanda de servicios, directos o indirectos. Los agronegocios (que representan más de 30% del PBI) movilizaron la economía.

A partir de 2007-2008 el avance en la producción física ha sido más limitado, pero –en términos de ingreso efectivo- el agro siguió creciendo, por el fortalecimiento de los precios (segunda etapa). Un claro ejemplo es la carne, sector en el que la producción ha caído, pero cuyos precios de exportación han llegado a niveles sin antecedentes. Los precios juegan a favor y el agro pasa por un muy buen momento.

Este escenario plantea algunas cuestiones, cuando estamos al arranque de un nuevo año. ¿Puede retomarse el crecimiento en los volúmenes de producción? ¿Qué pasa si los precios ceden? ¿Cómo inciden las cuestiones políticas?

OPYPA ha proyectado que el sector registrará un crecimiento razonable (de 3,8%) en 2011, pero casi nulo en 2012, en particular por un retroceso en la agricultura. Sin embargo, consideramos que -a mediano plazo- puede proyectarse que el agro seguirá aumentando su producción física.

Más allá de las circunstancias sectoriales, la demanda global continúa y el agro tiene la flexibilidad para articular sus producciones de la manera más eficiente. Por ejemplo, es esperable que la producción de granos dé un nuevo impulso a la de carnes.

Todo esto en la medida en que se facilite la acumulación de inversiones necesarias para incrementar la producción. Lamentablemente, las señales políticas de los últimos tiempos no generan tranquilidad. El ejemplo más contundente es la reciente aprobación del ICIR (Impuesto a la Concentración de Inmuebles Rurales), un impuesto mal diseñado, que difícilmente cumpla los objetivos que pretende, que ha generado un creciente recelo en el empresariado, que causó una fuerte crisis en la interna gubernativa y que –para colmo- recaudará poco.

Ahora bien: si la demanda global efectivamente se resiente, y caen los precios, Uruguay enfrentará un desafío mayor porque, lamentablemente, estamos en medio de una inercia de costos preocupante: los niveles actuales solo se cubren con los excepcionales precios de los productos.

Si estos ceden, el ajuste de costos no será inmediato: Uruguay tiene una economía con altos niveles de indexación. Sin ir más lejos, las jubilaciones aumentan 14% este año, en forma automática. El margen de maniobra que habría por el régimen cambiario flexible está acotado, porque la inflación está por encima de lo deseable y contribuye a la referida inercia de costos.

La histórica suba de los precios de los productos de exportación trajo un enorme beneficio para la economía uruguaya, pero no pueden darse por garantidos, en particular con los altos niveles de incertidumbre que presenta la economía global.

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