15 de enero de 2010 13:05 PM
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Dicen en el campo…

... que, si algún distraído pensó que, por ser enero, la actividad política en el sector iba a ser menor, la realidad le mostró sobradamente lo contrario. Y no es que se haya avanzado mucho, más vale, que la falta ...

… que, si algún distraído pensó que, por ser enero, la actividad política en el sector iba a ser menor, la realidad le mostró sobradamente lo contrario. Y no es que se haya avanzado mucho, más vale, que la falta general de rumbo determinó que se tomaran una serie de medidas, algunas casi contrapuestas, como el crédito para retención de trigo para pequeños productores, y los nuevos subsidios a la molinería para que también compren un millón de toneladas del cereal, a los mismos pequeños agricultores. Naturalmente, si estas medidas fueran exitosas (lo que es menos que probable), el propio Gobierno estaría provocando una suba significativa en los precios del grano. Lo cierto es que como en una comedia de enredos o, mejor aún, en un espectáculo revisteril (para hacerle honor a la sede del tradicional Teatro Broadway elegido por la Mesa de Enlace para concretar su asamblea triguera), los últimos días fueron demoledores y de agendas más que cambiantes pues, sólo para el trigo, hubo 2 actos de Cristina de Kirchner (el del Banco Nación para anunciar los créditos «blandos» para los productores donde reapareció un «bronceado» Jorge Amaya, titular del SENASA, y se notó el intento de la Casa de Gobierno para oficializar los nuevos subsidios a la molinería. Además, se produjo la mencionada asamblea de productores, luego una marcha a Agricultura, y la entrega de un petitorio a las autoridades de Agricultura. Naturalmente, todo esto que va a tener muy poco impacto efectivo (más allá del beneficio «puntual» para algunos empresarios), se debe a la reticencia oficial a liberar de una vez los mercados para que se pueda operar y los precios encuentren su equilibrio. Mientras tanto, los funcionarios son incapaces de controlar tanto subsidio cruzado y, menos todavía, conseguir resultados concretos.

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* que, la reunión del Brodway dejó un sabor agridulce, además de poner en evidencia que las internas entre las entidades están más al rojo que nunca. De hecho, de los 350 asistentes (aunque los organizadores hablaban de 500), el grueso había sido aportado sólo por la Federación Agraria, mientras que los dos dirigentes que «manejan más tropa», como Alfredo de Angeli con los autoconvocados, y Pedro Apaolaza de CARBAP, aunque estuvieron en la reunión, no movilizaron a sus líneas. También, el tono y el contenido de los carteles y pancartas en la sala, dejó en claro que era un acto «de la Federación», lo que para algunos quedó ratificado al ser Eduardo Buzzi el único orador. Pero, si la alocución del federado fue políticamente correcta, no alcanzó para neutralizar el malhumor que causaron los carteles pidiendo una Junta Nacional de Granos (JNG) o precios mínimos, ambos temas muy urticantes, ya que no hay acuerdo entre las entidades sobre ese particular. De hecho, ni siquiera muchos de los presentes (aún federados) coincidían con esto, y lo dejó bien en claro el ex titular de la JNG, Guillermo Moore de la Serna, cuando aseguró que el endeudamiento que llegó a tener ese organismo a principios de los 90, poco antes de su disolución, se debió a las compras obligadas que debía hacer, justamente para asegurar el mercado interno. (También se podría agregar que se sumaban otros «negocios brillantes», como el de los Pollos de Mazzorín en los 80, importación con la que se trató de controlar el precio de la carne vacuna y que le costó al organismo público millones de dólares, sin obtener resultados, excepto que buena parte de los pollos fueron a parar como relleno del Cinturón Ecológico). «Necesitamos precio, no créditos», se quejaban los agricultores, tras destacar que «recontra sabemos los diagnósticos», tal vez, en alusión a una charla previa sobre mercados que, aunque hubiera sido buena, allí estaba fuera de contexto. Por supuesto, que el principal esfuerzo de los dirigentes, fue controlar que la Asamblea no se les fuera de las manos, ya que los presentes pedían «acciones ya», lo que iba desde «paro rabioso», a sitiar puertos, impedir el tráfico en los portones de molinos y exportadoras, o seguir derramando grano en locales de AFIP, y bancos («si no podemos venderlo, entonces pagamos con trigo», decía un chacarero que cargaba una bolsa del cereal). El enojo no puede llamar la atención cuando, en plena cosecha, directamente el mercado de trigo desapareció. Por eso tampoco extraña que la provincia de Buenos Aires también esté haciendo gestiones para, por lo menos, igualar a Entre Ríos que, mediante De Angeli logró la compra de al menos 250.000 toneladas de trigo a «precio lleno». «Pero Buenos Aires tiene el 60% de los productores trigueros, o sea, casi 12.000», señalaba un ex funcionario bonaerense, mientras otro señalaba que «acá es más fácil encontrar a Julián Domínguez, que a un molinero», en alusión a la ausencia del Ministro de Agricultura, y a la obvia ausencia de industriales.

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* que, mientras tanto, se acalló bastante el tema de las inundaciones, aunque varios distritos bonaerenses están cada vez más comprometidos, y eso que aún no está entrando el grueso del agua del Río V, que complica especialmente a Buenos Aires cuando baja desde el sur de Córdoba y entra desde el noroeste. El asunto es que ante el embate inicial contra los productores (hay 17 denunciados por los supuestos canales clandestinos), se supo que hace más de 2 años que están paradas las obras del Plan Maestro que pretendía normalizar el cauce del Río Salado, de las que apenas se concretaron 2 de los cuatro tramos, y ahí las responsabilidades son conjuntas de Buenos Aires y de la Nación, vía el Ministro Julio De Vido. Lo peor es que el clima, lejos de estabilizarse, cada vez aparece más alterado cumpliendo los principales pronósticos de mucha agua, y bruscas oscilaciones de temperatura, acompañadas de temporales, piedra, y vientos huracanados, todo lo cual está volteando muchos cultivos en distintas zonas. Sin embargo, lo más grave es que si los meteorólogos tienen razón, la peor parte va a comenzar recién en el otoño, justo cuando se produce la parte principal de la cosecha gruesa.

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