28 de enero de 2012 13:02 PM
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Con cada vez más empresas afectadas por la crisis, la pesca se sumerge en la inactividad

Decenas de empresas pesqueras cerraron sus puertas en los últimos años por falta de rentabilidad. Aseguran que los altos costos hacen que el negocio sea inviable. Se advierte una fuerte caída de la actividad. En 2012 muchos buques aún no realizaron ni un viaje.

Un somero repaso sobre cuál fue el destino que tuvieron algunas de las principales empresas pesqueras argentinas en el transcurso de los últimos cuatro años deja en claro que el sector está viviendo desde entonces uno de los peores ciclos de su historia.

Desde la crisis financiera internacional de 2008 la industria no logró levantar cabeza, deslizándose por una cuesta abajo que muchos ya no podrán remontar.

Atrás quedó el período de bonanza de la primera mitad de la década pasada que ayudó a que el sector remediara las secuelas de antiguas crisis, como la vivida en los ?80 o la de fines de los ?90 vinculada al colapso de la merluza y cuyas consecuencias socioeconómicas fueron sufridas con especial crudeza en Mar del Plata.

Sólo en los últimos dos años numerosas empresas del rubro decidieron ponerle fin a su actividad de manera definitiva, tanto en la Patagonia como en el puerto marplatense, mientras que otras tantas están transitando por la cornisa.

La lista de compañías que cesaron con su producción, fueron objeto de ventas, se deshicieron de activos, realizaron despidos masivos, terminaron bajo el control de sus acreedores, ingresaron en convocatorias o se declararon en quiebra ya es de por sí extensa.

Lo preocupante es que con frecuencia la nómina sigue incorporando algún nuevo nombre.

Todas las cámaras empresariales del sector del país coinciden en denunciar la existencia de una grave crisis que se expresa en que las compañías vienen teniendo desde hace tiempo una rentabilidad muy baja, que en algunos segmentos del negocio resulta nula o negativa.

Para explicar las razones de esto, las cámaras vienen señalando que sumado al difícil contexto internacional, existe una combinación de factores internos que ponen en jaque a la actividad.

Concretamente, la pesca sufre como muy pocos otras industrias los efectos de un aumento de costos que califican de “descontrolado”.

Días atrás, el Consejo de Empresas Pesqueras Argentinas (CEPA) y la Cámara de la Industria Pesquera Argentina (CAIPA) hicieron saber -en coincidencia con la Cámara de Armadores de Buques Pesqueros de Altura- que entre 2003 y enero de 2012 la pesca debió afrontar un incremento del 308% en el precio del combustible, el cual, sólo durante el último año, tuvo una suba del 43%. El dato resulta “determinante” para alterar las cifras dentro de una actividad en la que para poner en funcionamiento un buque se requieren de entre 4 mil y 9 mil litros diarios de gasoil.

Para el sector empresario, esto explica por qué motivo en lo que va de 2012 decenas de embarcaciones todavía no realizaron ni siquiera un viaje y los armadores muestren poco entusiasmo para aprovisionar sus barcos y convocar a las tripulaciones.

Bajas capturas

De hecho las cifras de descargas publicadas hasta ahora por la Secretaría de Pesca de la Nación demuestran que en lo que va del año se registró un preocupante descenso en la actividad. De acuerdo a los datos oficiales, hasta el 17 de enero apenas se desembarcaron en todos los puertos argentinos 4862 toneladas de pescados y mariscos, un número insignificante si se tiene en cuenta que durante todo el mes de enero de 2011, ese misma cifra había sido de 27.437 toneladas. Por estos días el alto costo del gasoil también mantiene amarrada a buena parte de la flota en Mar del Plata, en cuyo puerto que los desembarques durante la primera quincena del llegaron a apenas a 3431 toneladas.

Lo cierto es que, según las cámaras, el combustible no es el único insumo que registró variaciones capaces de trastocar la viabilidad del negocio. Dicen que también hubo subas “extraordinarias” en el costo de otro tipo de materiales como el polietileno o el cartón, así como en los servicios del Estado, que crecieron “entre un 500% y un 600%”.

La pauta de la magnitud de la crisis la marca además el penoso destino de tuvieron diversas compañías en los últimos tiempos. En el sur argentino el panorama ya es desolador. En sólo dos años se vieron obligadas a cerrar sus puertas las plantas de SM&S, Poseidón, Neptuno, Arbumasa, Barilari y Siracusa, mientras que redujeron su actividad Conarpesa, Harengus, Kaleu Kaleu, Alpesca e Iberpesca, Marítima Santa Fe, Camaronera Patagónica, Pesquera Austral, Poseidón y Tramar.

En Mar del Plata la crisis se instaló también hace tiempo, generando inconvenientes de distinta índole en Pescalista, Puerto Minio, Moliendas del Sur, Tres Marías, World Fish o Costa Brava. Probablemente el caso más emblemático hasta el momento sea el de Barilari, una compañía que bajó la persiana a pesar de poseer una de las flotas más grandes con asiento en el puerto local, diversas plantas en tierra y hasta un astillero propio.

En medio de este panorama, el sector empresario viene desde hace tiempo tratando de encontrar una salida solicitando que el Estado instrumente medidas de promoción de exportaciones que aseguren la subsistencia de las compañías que aún siguen en pie.

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