30 de enero de 2012 23:18 PM
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Trigos 2.0: calidad, un paso necesario

CHILE : Estandarizar parámetros productivos y clarificar lo que requieren los molineros, es la clave para el up grade del sector. Para hacerlo, es imperioso usar semillas certificadas y apostar por nuevas variedades.

Al comer una marraqueta crujiente con mantequilla, la mayoría se queda con el rico sabor. Pocos piensan en todo el desarrollo técnico que está detrás de cada mascada. ¿Qué cantidad de fibra tiene el pan? o ¿qué tipo de trigo se está comiendo? son interrogantes sin respuesta no sólo para los consumidores. Incluso los molineros y los agricultores lo desconocen.

Y es que en Chile no hay normas que aseguren una estandarización de la calidad del trigo; algo que urge cambiar, según los expertos.

El negocio hoy se mueve por volumen y no por calidad.

“Los agricultores prefieren producir priorizando el rendimiento, lo que afecta el gluten. Lo hacen porque los molinos todavía no pagan calidad”, sostiene Carlos Fuentes, coordinador de insumos tecnológicos del Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA.

En ese contexto, la estandarización de la calidad, con parámetros medibles como, el  porcentaje de gluten o fibra en los granos que se comercializan, y fiscalizarlo con instrumentos como la esperada ley de muestra y contramuestra, junto con ampliar el uso de variedades que apunten más a calidad, se visualizan como soluciones para un sector que, sin embargo, presenta buenas perspectivas en cuanto a precios.

En plena temporada triguera, vale la pena mirar lo que obstaculiza el despegue del sector.

El cuento del trigo

Hoy los productores siembran lo que les tinca y en general usan semillas que no pagan derechos. Según INIA, en Chile hay 270 mil hectáreas de trigo, pero sólo el 15% usa  semillas certificadas.

Eso genera un problema, porque los molinos no saben qué están recibiendo, por lo cual castigan los precios. De hecho, no hay ninguna normativa que exija a los productores incluir en sus guías o facturas la variedad que están comercializando.

“La industria panadera y molinera necesita trabajar con calidades estandarizadas, y esa es la falla de nuestros productos. La protección varietal no funciona en Chile. Tampoco se ha avanzado en la Upov 91”, acusa Eric von Baer, creador de Semillas Baer.

Ese es un tema que se debería apuntalar. Obligar, por ejemplo, a los productores a indicar en sus documentos la variedad que están usando permitiría asegurar que se trabaje con semillas certificadas, lo que además funcionaría como información a los molinos para saber en detalle las características del trigo que están comprando y ofrecer precios más competitivos a través de las calidades; y no castigar por falta de información, que es la lógica de hoy.

Y es que en Chile, aunque hay referentes consensuados para la determinación de valores de internación -ya que del orden de la mitad del trigo que se consume se trae de afuera, principalmente de Argentina-, no los hay para medir la calidad del trigo nacional.

La ley de muestra y contramuestra se espera represente una solución al conflicto. Con ésta, ante un desentendimiento entre el precio que ofrece el comprador y el que aspira el vendedor, entraría a intervenir un tercero externo; por ejemplo, un laboratorio analítico que verificaría las condiciones del cereal para avanzar en el establecimiento de un precio justo. También ayudaría la ratificación definitiva a la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones, Upov 91, que protege a nivel internacional la creación de variedades.

Y, por falta de políticas claras en la materia, Chile se está viendo afectado en cuanto a precio a productor y prestigio del producto.

En Francia, Alemania y Noruega, la realidad triguera es otra. Hay estandarización y se planta en zonas probadas y con semillas certificadas. Esto, a su vez, permite que las empresas de  semillas cuenten con recursos para seguir, en forma permanente, produciendo variedades cada vez más efectivas.

Así las cosas, la única forma de dar la pelea, y convertirse en un actor que marque la diferencia para aspirar a mejores precios, es avanzar en calidad. Y la clave para eso son las variedades mejoradas.

Lo último en creaciones

Con el inestable escenario que impone el cambio climático, y las mayores exigencias por productos con menos agroquímicos, el uso de variedades remasterizadas, resistentes a la sequía y más tolerantes a las plagas, ofrecen el paso que los productores deben dar, pensando en una industria triguera de futuro.

Cuando se compra un vino tinto o blanco en un supermercado o una tienda especializada, es clave saber qué variedad se va a elegir. Un sauvignon blanc puede ser un excelente vino, pero acompañando un asado pierde su potencial.

Para eso hay empresas que sí vienen empujando el tema de las variedades 2.0, acordes a las nuevas necesidades.

Lo que está haciendo el Inia

Maxwell y conde son las nuevas variedades que lanzó el INIA en diciembre pasado.

“A necesidades de mayor calidad está respondiendo al mejorar los niveles  de gluten, de la proteína total, que sea más tolerante a estrés hídrico y que la planta produzca más granos”, explica Fuentes.

Maxwell es una variedad invernal, con porcentajes de gluten de aproximadamente 29% por grano, bordeando la raya de ser un trigo fuerte, y recomendado desde la VIII Región hasta Temuco. En ensayos, ha alcanzado hasta 170 quintales por hectárea.

Conde es una variedad de trigo invernal precoz, ideal para la zona de la costa, desde la VII a la X Región, donde se siembra más temprano. Su plus: la alta calidad panadera.

Además, a fines del año pasado el instituto lanzó la variedad bicentenario clean field, que promete el menor uso de químicos por tener genes resistentes a plagas.

Lo nuevo de Semillas Baer

Otro impulsor de semillas que se destacan en el país es Eric von Baer, quien lanzó el año pasado las dos primeras variedades clean field: impulso  e ikaro, que ya se están sembrando desde Temuco hasta Curicó. Ambas llegan a tener 35% de gluten húmedo, calificando como fuertes.
También en la empresa vienen trabajando una nueva creación: maxi, una variedad tardía, panadera, con el método de trazabilidad asegurada.

Anasac también apuesta por el trigo

La empresa es el tercer oferente en materia de variedades trigueras para la industria. Destaca la más reciente, olivart, cuyo gluten promedia entre 26 y 28 por ciento, es una variedad panadera tardía, que a agricultores como Daniel Villacura, de la comuna de Pelarco, les ha dado rendimientos de hasta 97 quintales por hectárea.

La empresa también tiene variedades que destacan por la productividad como halcón, swindy o don manuel. Algunas superan los 100qq/ha.
Crear una variedad de trigo toma entre 10 y 12 años, e implica una inversión de entre 300 y 500 mil dólares.

 Problemas de siempre

Los panaderos dicen que el trigo nacional es malo, poco nutritivo, y que si no lo mezclan con importado sería imposible hornear pan de calidad. Los molinos reclaman que los agricultores producen sin saber lo que necesitan. Los productores alegan que esa es la excusa para pagar poco, un desorden que le baja el pelo al sector.

Mejores precios
“Se está diferenciando el trigo de alto contenido de gluten. Se está pagando hasta 15% más por alta calidad”, dice Von Baer.

Posible exportador
“Chile tiene potencialidad para exportar genética, generando alianzas en el extranjero y recibiendo royalties por eso. Hoy la misión es generar valor agregado”, explica Carlos Fuentes.

Las claves técnicas
Según el gluten que concentran, hay trigos fuertes (más de 30%), intermedios (entre 25 y 29%) y débiles (menos de 25%). La zona central y la Región de Los Ríos, son las que más usan semillas certificadas. En la IX Región, el 85% de los productores cultiva con semillas pirateadas.

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