30 de enero de 2012 23:21 PM
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Las cojeras de los laboratorios en chile

CHILE : Analizar multirresiduos en frutas, la composición de los suelos o la calidad del agua es clave para la toma de decisiones. Sin embargo, muchas veces los resultados dejan mucho que desear. Y es que no hay parámetros estandarizados que aseguren y controlen un piso mínimo de calidad.

En recientes rondas internacionales para comprobar la calidad de los laboratorios chilenos, sólo dos centros nacionales sacaron nota azul.

La situación preocupa, porque la tarea de los laboratorios analíticos resulta clave para el agro, ya que permite a productores y exportadores tomar decisiones informadas. Ellos, son los encargados de realizar testeos que pueden ir desde los compuestos de un suelo, la calidad de las aguas o la cantidad de residuos químicos de una fruta.

En el caso de los exportadores, por ejemplo, saber qué o cuántos residuos químicos quedaron en productos como la fruta que va al exterior es exigido por los compradores en los destinos. Además con ese dato en mano, las empresas nacionales encauzan hacia dónde pueden embarcar, dependiendo de las exigencias,  tolerancias de cada mercado y los tiempos de viaje.

Pero a pesar de que lo que hacen es fundamental, la calidad con que están realizando su labor está en tela de juicio. Y es que se ha vuelto común que un mismo producto entregado a distintos organismos para ser testeado, obtenga resultados disímiles. Al analizar, por ejemplo, las condiciones de un muestreo de manzanas, puede suceder que en el laboratorio A se detecten residuos de cuatro químicos, y en el B, seis químicos. Eso sin hablar de las concentraciones.

“Hemos tomado una misma muestra en dos laboratorios y nos han salido resultados distintos más allá de un rango agronómicamente aceptable”, sostiene Alejandra Ganter, directora técnica de la empresa Agrosat, que solicita miles de muestras de suelos al año.

Y las imprecisiones van más allá de variaciones entre un laboratorio y otro.

“Nos ha pasado que aparece un ingrediente activo que el productor no ha aplicado. Y ahí juegan muchas variables que no sabemos cómo clarificar, como que la muestra puede haber sido mal tomada, o que se produjo contaminación cruzada”, explica Karin Thomas, encargada de aseguramiento de la calidad de VitalBerry.
 
La causa de que exista un escenario tan diverso es la falta de pautas oficiales nacionales, que aseguren estándares básicos. Así, cada laboratorio aplica su propio protocolo, lo que generaría las diferencias. Es decir falta desarrollar un trabajo estandarizado, de una sola línea.

Configuración de los laboratorios en Chile

Hoy, todo laboratorio analítico nacional debe cumplir con la ISO 17025, que exige el Instituto Nacional de Normalización, y que impone las técnicas analíticas de importancia estratégica. Sin embargo, con quien se certifique marca la diferencia, ya que las pautas de cada certificador son distintas.

Por ejemplo, si un laboratorio está certificado por órganos como el prestigioso DAkkS de Alemania, por dar un ejemplo, su peso es distinto. Para los exportadores que deben analizar su fruta, saber que los estándares de un laboratorio son fiscalizados por un centro reconocido como ese, da tranquilidad porque la rigurosidad en los estándares es equivalente a las exigencias de Alemania y la región europea.

También hay otras herramientas para validarse. Una de ellas es participar en lo que se llama rondas interlaboratorios, donde una entidad internacional mide la calidad de todos los que se inscriben enviándoles muestras para ser analizadas y luego calificando los resultados.

Una de las más reconocidas es la FAPAS de Inglaterra, considerada como el mayor sistema del mundo de testeo de calidad de análisis químico del sector alimentario. En ella participan más de 2.000 organizaciones de 100 países.

En Chile, la Fundación para el Desarrollo Frutícola, FDF, ha promovido que los laboratorios nacionales participen en rondas FAPAS para acreditar su competencia analítica.

“FDF ha coordinado la ejecución de dos rondas FAPAS en matriz manzana (2010) y cerezas (2011). En ella han participado los principales laboratorios. Las muestras se reciben en Reino Unido y son sometidas para determinar un conjunto de analitos. Los resultados se envían a FAPAS la que los procesa e informa los valores obtenidos”, explica Ricardo Adonis, responsable del área de Inocuidad, Calidad y Medio ambiente de la FDF.

Pero a los chilenos no les ha ido del todo bien. Según las últimas rondas, sólo dos laboratorios nacionales obtuvieron nota sobresaliente. En la FDF, prefieren no revelar cuáles; los resultados no son conocidos por la opinión pública ni por los usuarios directos.

Solución: estándares que aseguren calidad

Por todo lo anterior los expertos consideran que es clave que se promuevan leyes, normas y estándares chilenos, que regulados por el Estado, aseguren que la labor de los laboratorios es ciento por ciento confiable y de calidad.

En el país existe un sistema de referencia en las redes de los laboratorios estatales del Minsal, del SAG y de Sernapesca; sin embargo, hasta ahora tienen poco peso.

“El laboratorio oficial necesita consolidar su rol de laboratorio de referencia y fortalecer los niveles de bioseguridad. Por otra parte, se debe fomentar la participación de los laboratorios privados en la agroindustria, de acuerdo a estándares de aseguramiento de calidad reconocidos”, dice Patricia Ávalos, jefa del Departamento de Laboratorios y Estaciones Cuarentenarias Agrícola y Pecuaria del SAG.

La regla establece que los fiscalizadores (Minsal, Sag y Sernapesca) deben velar porque los laboratorios adscritos cumplan con sus estándares. En El SAG insisten que se hacen audiciones “mínimo una vez al año”; pero en la práctica no todos están acreditados o reconocidos por los laboratorios oficiales, lo que genera un universo disímil.

“Hoy no existe un sistema que permita estandarizar los laboratorios. Se supone que están sujetos a fiscalización, pero casi nunca los van a visitar. Lo que generalmente se hace es calibrar con una muestra en blanco (se envía una misma muestra a varios laboratorios para verificar su asertividad analítica)”, explica Ganter.

Pero, aunque falta por avanzar, podría haber una luz al final del túnel.

La Agencia Chilena para la Calidad e Inocuidad Alimentaria, Achipia, publicó en agosto de este año, un análisis del sistema de laboratorios que apoya a las instituciones competentes en inocuidad alimentaria. La idea era verificar en qué estado estaban las condiciones nacionales, y qué están haciendo los países que llevan la delantera.

Entre las conclusiones, el estudio explicita los parámetros requeridos para los laboratorios de referencia, la importancia de fortalecer la capacidad analítica, y de construir una red oficial de laboratorios de inocuidad. Además, pone de relieve la experiencia de países como Francia, Reino Unido, Canadá, España y Nueva Zelandia, donde mucha de la labor está supeditada a un fuerte control público.

“Las redes de laboratorios han demostrado ser una herramienta efectiva, sirviendo de elemento coordinador entre los organismos públicos,de certificación y acreditación, y los usuarios de servicios, cubriendo aspectos técnicos y de gestión. Achipia se ha propuesto establecer una red de laboratorios de análisis para el control oficial de muestras, lo cual permitirá la optimización de recursos, facilitará la toma de decisiones, y fortalecerá el sistema de inocuidad del país. Actualmente, esta red está en etapa de implementación y se encuentran en proceso las modificaciones normativas que son necesarias para que ésta funcione. Se espera que en 2012 se cuente con el marco legal que permita dar inicio al funcionamiento de la red”, explica Inés Montalva, la saliente secretaria ejecutiva de la Achipia.

 El Mea culpa

“Los desafíos son constantes y permanentes. Por un lado, los límites máximos de residuos son cada vez más exigentes. Por otro, se están desarrollando nuevos pesticidas, por lo que los laboratorios nacionales deben tener la capacidad de incorporar estas determinaciones a sus análisis. Ejemplo de ello fueron las determinaciones de etephon y morfolina, requisitos que en 2010 debieron afrontar los exportadores”, explica Juan Luis Castillo, jefe de laboratorio de Andes Control.

“El muestreo constituye el 50% del resultado, el otro 50% corresponde al análisis. Un buen muestreo es primordial y existen protocolos internacionales fácilmente aplicables. Sin duda que aún nos falta en comparación con los estándares europeos”, explica Mónica Vergara, directora de laboratorio de Agriquem.

Otros problemas: demora, imprecisiones y costos

Para el empresario que encarga un análisis, las imprecisiones significan plata y mucha, pero además pueden poner en riesgo sus envíos al exterior. Más aún cuando a esas fallas se les agrega la demora en la entrega de resultados. La industria reclama que no importa con qué laboratorio nacional esté analizando muestras, casi siempre los resultados llegan atrasados. “Los tiempos de respuesta no son tan rápidos como nos gustaría. El resultado de la muestra tiene que estar antes de que la fruta esté embalándose, para ver a qué mercado es posible mandarla. Y a veces no se logra”, explica Karin Thomas.
El enojo crece cuando por cada análisis se debe pagar caro. Mientras en países como Alemania, hacer un muestreo es algo relativamente barato, en Chile los valores suelen ser altos para el bolsillo del agricultor.
Aunque la cifra es variable porque depende del tipo de cultivo y la cantidad de muestreos sugeridos por hectárea, para un testeo corriente de suelo, a cada 20 o 25 hectáreas, un laboratorio puede cobrar de veinte a cuarenta mil pesos por muestra. Así, muchos piensan varias veces antes de definir a cada cuántas hectáreas toman una muestra.

“Existe mucha tecnología asociada a fertilizantes nuevos, innovaciones en la forma que se entrega la información a través de la web, pero siento que la patita que se está quedando atrás es la de los laboratorios, no en el sentido de que todos lo hagan mal, pero no puede ser que te topes con gente que lo haga excelente y otra pésimo. Y es un insumo súper importante para la toma de decisiones. Si ese dato viene malo, los esfuerzos son un sinsentido”, explica Alejandra Ganter.

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