16 de enero de 2010 08:18 AM
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ADIOS AL AUTOABASTECIMIENTO TRIGUERO DEL MERCOSUR

La era K pasará a la historia como la que, entre otras bellezas, terminó con el autoabastecimiento triguero del Mercosur. A pesar del esfuerzo de Uruguay que, de la mano de los empresarios argentinos que cruzaron el charco, este año tendrá un saldo exportable similar o mayor al de la Argentina, entre los dos países del Plata no podrán cubrir las necesidades de Brasil.

Hasta ahora, eso no había ocurrido, porque la Argentina siempre tenía los 5 a 7 millones de toneladas que requerían los brasileños. A pesar de los añosos intentos de autosuficiencia, y aún cuando todavía Brasil no tiró la esponja, está claro que el trigo es un cereal de zonas templado-frías, y que la biotecnología todavía no le encontró la vuelta. En las pampas sucede todo lo contrario: se combinan condiciones ambientales prácticamente ideales para obtener altos rindes y buenos standards de calidad.

Con la explosión tecnológica a partir de los noventa, el potencial de rendimiento dio un brinco enorme. La llegada de la generación Baguette puso sobre el tapete que en la Argentina se podrían logran rindes de nivel europeo. En las zonas más privilegiadas, como el sudeste bonaerense, se alcanzaron los míticos cien quintales por hectárea. Y en provincias hasta ahora consideradas marginales para este cereal, como Entre Ríos, este año se alcanzaron niveles de 70 y hasta 80 quintales. Fue un año excepcional, pero para muestra basta un botón: hay una Argentina triguera posible.

Pero en la era K esto es una quimera. El discurso facilista de las retenciones para "garantizar la mesa de los argentinos" fue el puntapié inicial. Una falacia, porque la incidencia del 20 o el 30% de las retenciones en el precio del pan es ínfima. Ni hablar en los elaborados más sofisticados, como el pan de molde, las medialunas de Delicity o las prepizzas.

Para lo único que sirvieron las retenciones fue para complicar la ecuación tecnológica. Significan una ampliación de la brecha entre el dólar con que el chacarero compra los insumos y los medios de vida, y el dólar con que vende la producción. Paga el fertilizante con un dólar de 4 pesos, y vende el trigo con uno de tres. Consecuencia: cayó verticalmene el uso de fertilizantes. Fantástico para la visión "industrialista" del Gobierno, porque ahora exportamos el fertilizante que antes convertíamos en trigo en nuestras tierras. Y todo lo demás. Ahora en Uruguay agregan valor a semillas, sembradoras, fertilizadoras, abonos y agroquímicos argentinos, en manos de chacareros pampeanos que acá no pueden hacerlo.

En la era K, todo lo que iba mal, después empeoraba. Lejos de reconocer el fracaso de la quimera del "desacople" (precios internos escindidos del mercado internacional), siguió experimentando. Cuando la producción se cayó, culpó a la sequía. Inventaron acuerdos incumplibles con molineros y exportadores, manteniendo cerradas o cuotificadas las exportaciones, creando mecanismos contra natura, que terminan en un crecimiento de la brecha entre los precios internacionales y los que reciben los productores.

El experimento no puede terminar en otra cosa que en la caída continua. Un tobogán que duele, porque el trigo venía trepando, como el maíz y la soja. Ahora solo crece la oleaginosa, porque el maíz también sufre el embate de la impericia. La Presidenta se ufanó de una producción de 17 ó 18 millones de toneladas, ignorando que en el 2008 se habían rozado las 25 millones.

La soja es la única especie que escapa a la debacle. Es la que, a pesar de las retenciones, sufrió menos el manoseo del Gobierno y siguió creciendo.

Suficiente como para comprender que a mayor grado de libertad, mayor potencial de crecimiento. Pero son axiomas incompatibles con la tozudez de quienes prefieren insistir en el error. Necedad, impericia. Ya vendrán tiempos mejores.

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