16 de enero de 2010 08:30 AM
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Trigo: La historia reciente de un cultivo perseguido

El mercado de trigo cumple cuatro años de intervención

Hubo un tiempo en que la Argentina fue el granero del mundo. A principios del siglo XX, cuando la soja ni siquiera era una rareza biológica, las estrellas del campo eran los cereales, entre ellos, el trigo. La espiga es sinónimo de pan, y éste, de alimento. Este cultivo es mencionado en los libros sagrados y está presente en la tradición popular. A los niños se les enseña que "con la comida no se juega", refrán que el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, hizo coloquial: "Con la comida no se jode", dijo en el peor momento del conflicto por las retenciones móviles. En la Argentina, el trigo es eje de la disputa entre el Gobierno y el sector agropecuario desde hace años. Este cultivo, típico del sur bonaerense -donde se cosecha alrededor del 60% de la producción-, está en el centro de la política de restricción de exportaciones y control de precios de la administración Kirchner desde 2006. Aquel año, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, fijó el precio del grano y, se supone que por la vía de la presión, obligó a exportadores y molinos a no pagar más de 370 pesos por tonelada, precio que rigió hasta la siguiente campaña. Desde entonces, en el sector de la comercialización de granos se instaló la tasa extraoficial por "riesgo de mercado". Con ese eufemismo se conoce el descuento que exportadores y molinos realizaron todos estos años, cuando el mercado funcionó con intermitencias, y que promedió los 30 dólares. Es decir, sobre los precios pagados a los productores, los compradores hicieron ese descuento a causa de las distorsiones que, a su criterio, se produjeron en el mercado por la intervención oficial. La intervención de Moreno en el mercado de trigo fue mucho más profunda y permanente que la ejecutada por el funcionario en el de maíz o cualquier otro cultivo. Lejos de ese toqueteo quedó la soja, cuya superficie sembrada crece aceleradamente mientras la del trigo cayó abruptamente: la implantación de la campaña 2009/2010 -que alcanzó los 3 millones de hectáreas- fue la más baja desde 1897, cuando se sembraron 2,6 millones de hectáreas. Moreno se reúne frecuentemente con las empresas exportadoras y los molinos, con quienes estos años firmó varios acuerdos de "abastecimiento, precios y exportaciones". Esos pactos, que incluyeron siempre el compromiso de pago de precio lleno al productor, siempre se cumplieron a medias. Después de la devaluación de 2002, y con el boom de los precios de las commodities , la apuesta de los productores al trigo se había revitalizado. De hecho, en las campañas 2006/2007 y 2007/2008 se lograron trillas de 14,6 millones y 16,3 millones de toneladas, respectivamente. Pero en las dos últimas los volúmenes de producción cayeron hasta el punto de que, tal como temen en el Gobierno y entre los demandantes del grano, no alcance para abastecer el consumo doméstico. En todos estos años de intervención, se consolidó un círculo vicioso en el que el problema del trigo gira sin encontrar solución: 1) el Gobierno cierra las exportaciones para asegurar el abastecimiento interno, que según el año el oficialismo estima más cerca de las 6 millones de toneladas, o por encima de los 7 millones de toneladas; 2) los exportadores no compran porque dicen que no pueden venderlo y la molinería lo hace como siempre, a lo largo del año; 3) se desincentiva la siembra y cae la producción; 4) el Gobierno presiona a los demandantes para que paguen más y así entusiasmar a los productores, y ofrece créditos blandos y compensaciones; 5) los productores dejan progresivamente de sembrar trigo y se pasan al cultivo con menor riesgo político: la soja; 6) cae la producción y el Gobierno, ante el riesgo de abastecimiento, refuerza el cerrojo sobre las exportaciones. Al final, el "sistema" estranguló el mercado a tal punto que la oferta se quedó sin demanda. Desde principios de diciembre, prácticamente no se compra ni vende trigo en la Argentina. Precisamente, el nuevo acuerdo anunciado esta semana por el Gobierno busca resolver el problema aplicando la misma receta que lo originó.

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