16 de enero de 2010 08:36 AM
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El maíz necesita una señal

Pese a la pérdida de superficie, se esperan favorables resultados agrícolas en esta campaña; se requiere la apertura de los mercados externos

La campaña de maíz 09/10 comenzó de la peor forma. La desfinanciación de los productores por la fuerte sequía de la campaña 08/09, la caída de los precios internacionales de las commodities , consecuencia de la crisis internacional, sumadas a las intervenciones de los mercados que afectaron el normal proceso de formación de precios, condujeron a una baja de la intención de siembra hasta niveles alarmantes durante el primer semestre del año pasado. Posteriormente, con la mejora de las perspectivas climáticas y la apertura parcial de las exportaciones comenzaron a vislumbrarse mejores posibilidades para el cultivo. Según datos publicados por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, el área sembrada con maíz alcanzaría los 3,1 millones de hectáreas, de los cuales un 0,7 millón se destinaría a silo y forraje. Y, las abundantes lluvias y el mejor uso de las tecnologías disponibles por parte de los productores permiten vislumbrar rindes récord para la presente campaña. Al mismo tiempo, según las estimaciones, la siembra de sorgo alcanzaría el millón de hectáreas. A esto se sumaría un importante volumen de cebada no apta para maltería. Como resultado, la oferta de granos forrajeros para el consumo interno sería sumamente holgada, abultando aun más el saldo exportable de maíz, que superaría las 10 millones de toneladas. Por otra parte, el consumo internacional de maíz continúa sostenido y su tasa de crecimiento se mantiene por encima del 3% anual, superando a la mayoría de las materias primas. En los últimos dos años el consumo mundial de maíz se incrementó en 35 millones de toneladas, lo que equivale a dos cosechas argentinas. En relación con el consumo interno, por citar sólo dos ejemplos de la cadena del cereal, la producción aviar nucleada en el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA) estima que su consumo de maíz alcanzaría los 4,6 millones de toneladas en 2017, versus los 2,9 millones de 2009. Además, el Plan Estratégico de Lechería (PEL) proyecta un crecimiento del consumo desde los 2,7 millones de toneladas actuales hasta 5 millones en 2017. Capitalizar el presente El escenario es claro, tenemos que aprovechar esta oportunidad de abastecer al mercado interno y al mundo con maíz y sus productos derivados. Así se estimularán mayores inversiones y se generará empleo genuino y federal para nuestro país. Según un estudio realizado por la Bolsa de Cereales de Buenos Aires el valor agregado de la cadena del maíz es de $ 0,64 por cada peso facturado, superando en casi un 20% a los $ 0,55 del promedio de la economía argentina. Estos indicadores nos alientan a seguir apostando a la cadena, al agregado de valor y al desarrollo sostenible. Sin embargo, el área de siembra de maíz cayó un 25% en los últimos dos años y una de las causas principales ha sido que los mercados no pudieron operar normalmente debido a las intervenciones y las señales contradictorias percibidas por toda la cadena en su funcionamiento. A partir de 2007, la cuotificación de las exportaciones impidió el normal funcionamiento de los mercados, limitando la competencia y afectando el proceso de formación de precios. Así, se produjo una sobreoferta artificial de maíz que generó importantes descuentos sobre el precio que recibe el productor, desalentando la producción. Al mismo tiempo, por la falta de continuidad en los mercados de exportación, la Argentina está dejando de ser considerado como un proveedor confiable. Hoy tenemos una gran oportunidad para desarrollar la cadena del maíz y contribuir al crecimiento del país. Pero, para aprovecharla las exportaciones deben liberarse en forma definitiva, tal como se anunció en septiembre del año anterior. Nuestro país tiene la capacidad de producir maíz, cereales forrajeros y sus productos derivados, tales como proteínas animales o productos de las moliendas, en cantidad suficiente como para abastecer al mercado interno y continuar exportando y conquistando mercados. Si tenemos una señal clara sobre la apertura de mercados y un plan de reducción de las retenciones aplicadas tanto al maíz como a sus derivados, podremos aumentar el área sembrada en la campaña 10/11, y traccionar a toda la cadena y, en consecuencia, a la economía del país. Las bases están dadas: contamos con los mejores suelos, los productores más eficientes del mundo, la tecnología más avanzada y un gran impulso industrial y comercial. Es hora de capturar esas oportunidades y de impulsar la producción. Santiago del Solar 
El autor es presidente de la Asociación Maíz y Sorgo Argentino (Maizar)

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